"CUANDO ENTRO EN EL MAR ME SIENTO LIBRE"

Surfeando la Franja de Gaza

El bloqueo y la guerra asfixian la vida de aquellos que viven en Gaza. Desde hace años, un grupo de jóvenes palestinos escapa de su desdicha practicando surf

Lo llaman “la prisión al aire libre más grande del mundo”. El bloqueo, la guerra y las repetidas agresiones asfixian la vida de aquellos que viven en la Franja de Gaza. Sin embargo, desde hace años, un grupo de jóvenes palestinos escapa de su desdicha practicando surf. “Cuando entro en el mar siento que soy libre”, dice Moody Alryashi, el capitán de este pequeño club de surferos de Gaza. Varios días a la semana, Moody y sus amigos acuden hasta el puerto o a la playa de Sheikh Ajleen, donde disfrutan con sus tablas del deslumbrante mar de la Franja.

Este pequeño club fue fundado en el año 2008 por Matthew Olsen, un americano que decidió enseñar a hacer surf a un grupo de chavales palestinos. “Todavía estamos trabajando para convertirlo en un verdadero Club, para que pueda formar parte de organizaciones internacionales. Desafortunadamente, mientras Hamás esté en el gobierno es muy difícil, aunque no imposible”, cuenta Olsen. También el férreo bloqueo israelí frena los progresos de los surferos de Gaza, para quienes conseguir tablas o neoprenos con los que practicar es algo casi utópico. “Esta tabla estuvo retenida durante cinco años en el paso de Eretz (frontera con Israel), porque los israelíes consideraron que era material peligroso”, explica Moody. El número de surferos, más de 20, está condicionado por el número de tablas que entran.

A las ocho de la mañana, Moody y Sameh llegan hasta la playa. Las olas son muy pequeñas, pero hoy es un día especial, Moody enseña a Sameh a coger olas por primera vez. A los pocos minutos, se escuchan unos disparos desde el mar. La marina israelí lanza varios tiros contra los pescadores, para que no traspasen el límite de millas establecido para su pesca. “El sonido de los disparos nos asusta, así que cuando atacan salimos rápidamente del agua”, dice Moody, quien reconoce que, además del bloqueo, la guerra del pasado verano interrumpió sus entrenamientos. “Durante la guerra echamos mucho de menos el mar. Las olas eran perfectas. Así que en cuanto se firmó el alto el fuego vinimos corriendo a la playa para volver a surfear”, cuenta.

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