en las mejores universidades de eeuu

Ansiedad, depresión, estrés y suicidios: la otra cara de las universidades de élite

La presión por estar a la altura y por el endeudamiento económico destroza vidas. Estudiar en las mejores universidades de EEUU puede convertirse en pesadilla

Foto: Graduados de la Universidad de California escuchan un discurso del presidente Barack Obama en Anaheim (Reuters).
Graduados de la Universidad de California escuchan un discurso del presidente Barack Obama en Anaheim (Reuters).

La Universidad de Columbia, en Nueva York, está organizada en torno a la estatua del alma mater: una mujer de bronce con los brazos abiertos igual que el Papa bendiciendo a las masas. En verano destella al sol y en invierno se cubre de nieve, pero siempre, a sus pies, diseminados por las escaleras, decenas de alumnos padecen en silencio un problema invisible: el estrés.

Las personas en edad universitaria son el grupo de población más estresado de EEUU. El 37,4% de los alumnos que buscan ayuda psicológica tienen problemas severos, sobre todo ansiedad y depresión, más del doble que en el año 2000 y la proporción más alta en 25 años. Por eso, siete de cada diez universidades estadounidenses aplican programas para reducir el estrés.

“La mayoría de los problemas psicológicos se desarrollan entre los 18 y los 25 años”, explica Lauren Redding, portavoz de Active Minds, una asociación dedicada a prevenir problemas psicológicos en 400 campus universitarios. “Entrenamos a los estudiantes para que sepan responder cuando un amigo les revela un problema, y recomendarle a quién acudir”.

“Algunos grupos presentan índices más altos de trastornos, como por ejemplo las minorías y la comunidad LGBT (gais, lesbianas y transexuales)”, continúa Redding. “Las universidades de la Ivy League tiene más casos de problemas relacionados con la salud mental. Es por la alta competitividad. Muchos estudiantes sienten presión para dar el 100% continuamente”.

Estudiantes de segundo curso de la Escuela de Negocios de UCLA, en un vídeo para nuevos alumnos (Reuters).
Estudiantes de segundo curso de la Escuela de Negocios de UCLA, en un vídeo para nuevos alumnos (Reuters).

La liga universitaria más prestigiosa del mundo

Sara Murado, gallego-americana de 33 años, se licenció hace seis en el máster de Arquitectura de Yale, una de las ocho universidades que conforman la Ivy League. Sara describe una vida totalmente centrada en los proyectos, como el edificio donde trabajaba: un cilindro sin ventanas cuyas plantas circulares rodean la zona de las presentaciones. Así, los estudiantes, obligados a rendir contrarreloj, nunca pierden de vista la tarima donde su trabajo será juzgado.

“En Estados Unidos, al menos en arquitectura, está el sistema del studio: un área donde los estudiantes trabajan en común; eso te ayuda a compartir ideas y vale como apoyo psicológico. Todo el mundo está a lo mismo, trabajando, a veces sin dormir, formando un batallón”, dice. “Es como si el resto de tu vida bajase el volumen”.

Sara dice estar muy satisfecha con su promoción: 60 alumnos que hoy en día forman una sólida red de amistad y contactos. La palabra “Yale” les abre puertas como un conjuro, y eso, reconocen quienes estudian en la Ivy League, puede generar recelo. Como siguiendo un código, sus graduados nunca revelan el nombre de la universidad a la primera. Sólo dicen la ciudad. “Es imposible decir que estudias en Harvard sin parecer gilipollas”, explica un estudiante de diseño de... Boston.

Según un estudio de Wealth X y UBS, 16 de las 20 universidades del mundo que más milmillonarios generan están en Estados Unidos. Las cinco primeras pertenecen a la Ivy League. De los diez últimos presidentes del país, seis han estudiado en Yale o Harvard. Hace 30 años que Estados Unidos no elige a un presidente que no haya ido a una de esas dos universidades. Es más: los nueve miembros del actual Tribunal Supremo, el máximo órgano judicial, se han licenciado también en Harvard o en Yale.

“Es un sistema enfocado a crear líderes para luego tener en plantilla”, continúa Sara. “Y eso genera mucho estrés. Es como jugar en el Real Madrid: mola, pero tienes que dar la talla”.

Una mujer lee un libro tumbada en el césped del campus de la Universidad de Columbia (Reuters).
Una mujer lee un libro tumbada en el césped del campus de la Universidad de Columbia (Reuters).

Precio de la matrícula

El prestigio se paga. Un año de matrícula en una universidad privada media vale 30.000 dólares; en las Ivy League rebasa los 42.000. Active Minds considera el aspecto financiero una de las cargas que más contribuyen a la ansiedad de los alumnos.

“Hay dos tipos de estrés”, dice Zack, estudiante del máster de cine en Columbia. “Lo más estresante es la intensidad y la carga de trabajo, la presión constante. Luego, la idea de que tienes todos estos gastos de matrícula para pagar como en 45 años... Es terrorífico”.

Desde 1978, el precio de la comida en Estados Unidos ha subido un 244%; los gastos médicos, un 601%. La matrícula de la universidad se ha encarecido un 1.120%, cuatro veces más que el IPC. Siete de cada diez alumnos contraen deudas para estudiar, una media de 33.000 dólares por cabeza. Casi un tercio de esas deudas, cebadas por los intereses, han sido prorrogadas o incumplidas.

Suicidio

La “epidemia de estrés”, en palabras de la asociación College Degree Search, alcanza su consecuencia más dramática en el suicidio.

Cada año, 1.100 estudiantes de media se quitan la vida en los campus universitarios de Estados Unidos: 7,5 de cada 100.000, aproximadamente el doble que entre las personas de la misma edad no matriculadas. El suicidio es la segunda causa de muerte entre los estudiantes, sólo por detrás de los accidentes de tráfico y los causados por drogas y alcohol.

Es un terreno resbaladizo y muchas veces silenciado para proteger el prestigio universitario y evitar el temido “efecto Werther”: el suicidio, si es percibido de forma romántica y simplista, puede ser contagioso. El nombre proviene de la novela de W. Goethe donde un joven enamorado se quita la vida por despecho en una hermosa recreación que generó imitadores por toda Europa.

La directora de educación de la Fundación Americana para la Prevención del Suicido, Doreen Marshall, dice que “el 90% de las personas que se quitan la vida tienen un trastorno mental potencialmente tratable que ha pasado desapercibido. La mayoría de los estudiantes que mueren por suicidio no buscan asesoramiento en la universidad, pese que tienen ayuda disponible”.

Junto a su respuesta por email que envió a este periodista venía una nota adjunta: “Recomendaciones (a los medios) para informar sobre el suicidio”.

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