"HA CAMBIADO TODO, PERO EL ESTRÉS EL ES MISMO"

Desmontando al 'Lobo de Wall Street': ¿Y los adictos a la cocaína y la prostitución?

¿Dónde están los 'golden boys', violentamente adictos a la prostitución y a la cocaína? Quizás sólo estén atrapados en la imaginación de un director de cine

Foto: Un trader trabaja con tres teléfonos en el mercado de gas y crudo en la Bolsa de Materias Primas de Nueva York. (Reuters)
Un trader trabaja con tres teléfonos en el mercado de gas y crudo en la Bolsa de Materias Primas de Nueva York. (Reuters)

La Bolsa de Nueva York ha encogido. O eso, o es que la humanidad se ha hecho más grande y fuerte; ha construido aviones, rascacielos, misiles nucleares. Ha llegado a la Luna y vive en ciudades que parecen hormigueros. Pero el NY Stock Exchange sigue siendo un escueto vestíbulo del siglo XIX, donde los trabajadores entran saludando al guardia con el almuerzo bajo el brazo.

¿Dónde están los golden boys, violentamente adictos a la prostitución y a la cocaína? ¿Y los Gordon Gekko de tirantes, medidor de tensión, puro y cabellera engominada? Quizás estén escondidos en castillos de números y hormigón, o simplemente atrapados en la imaginación de un director de cine.

‘Ha cambiado todo: los estándares, las leyes, los perfiles. Pero el estrés es el mismo: viene de manejar enormes cantidades de dinero’“La Bolsa de Nueva York es más bien un plató de televisión; a veces hay más periodistas que traders”, explica José Gonzales, veterano broker y miembro de FG Asset Management. “Ahora las estrellas de Wall Street no son los brokers, sino matemáticos rusos que diseñan un complicado programa informático para ir sumando y maximizar beneficios”.

El Lobo de Wall Street, de Martin Scorsese, resucitó la mítica figura del bróker y su sola mención a oídos financieros invita al debate. A Gonzales le parece un entretenimiento magnífico y exagerado, aunque no exento de realidad. “Antes, esa intensidad era una manera de desfogar el estrés. Ahora es un ambiente mucho más tecnológico, más sedado. Ha cambiado todo: los estándares, las leyes, los perfiles. Pero el estrés es el mismo: viene de manejar enormes cantidades de dinero”.

El trader Michael Pistillo grita precios justo después de la apertura del mercado en Wall Street. (Reuters)
El trader Michael Pistillo grita precios justo después de la apertura del mercado en Wall Street. (Reuters)

Más dinero, más éxito, más compromiso… más adicciones  

El doctor Paul Hokemeyer, especialista neoyorquino en adicciones y terapia familiar, trabaja con empleados del sector financiero. “El ambiente de Wall Street está definido por el más. Más dinero, más éxito, más compromiso”, dice a El Confidencial. “Es imposible aguantar estas exigencias a largo plazo y la gente que trabaja allí siente que no hace lo suficiente. Esto les hace actuar de forma destructiva. Usan alcohol, drogas, comida, sexo y compras compulsivas para llenar el vacío”.

‘Es imposible aguantar estas exigencias a largo plazo. Esto les hace actuar de forma destructiva. Usan drogas, sexo y compras compulsivas para llenar el vacío’El Lobo de Wall Street hace un retrato bastante acertado del personaje principal como un narcisista que nunca podía tener suficiente dinero, amor, sexo, drogas o alcohol”. El doctor Hokemeyer afirma que los problemas reflejados en la película, aunque no tan visibles en los lugares públicos y de trabajo, siguen vigentes, con una diferencia: “Hoy hay más adicciones disponibles”.

El perfil suele ser el de un joven recién salido de un máster, moldeable y con hambre de éxito. “Los traders son soldados”, continúa José Gonzales. “Un soldado no piensa, actúa. Por eso los eligen jóvenes, porque un joven no es consciente de la muerte (…) Algunos jóvenes no valen, y hay que decírselo: esto no es para ti, te va a matar. Nadie puede controlar al mercado”.

El trader Joseph Mastrolia 'celebra' el fin de año en la bolsa de Nueva York. (Reuters)
El trader Joseph Mastrolia 'celebra' el fin de año en la bolsa de Nueva York. (Reuters)

Los ‘cachorros’

Un estudiante de 27 años come un kebab con arroz en la mesa de un Starbucks. Ha venido en avión a Nueva York desde su estado natal para asistir a una “entrevista informativa”, uno de los muchos pasos que dará para conseguir un trabajo en Wall Street. Dentro de dos semanas volverá a venir, para una entrevista formal, y quizás dentro de tres.

En el sector financiero todo el mundo se conoce”, dice. “Normalmente se inicia el proceso de selección en la universidad, a través de gente que viene a dar charlas y te da su contacto. Cuando vengo a Nueva York, normalmente me entrevista alguien que se ha licenciado en mi facultad”. Contacto a contacto, encuentro a encuentro, el proceso se alarga meses.

El joven estudia empresariales “en una de las diez mejores universidades del país” y quiere trabajar en la banca de inversión. ¿Es ser bróker una opción atractiva entre sus compañeros? “No. Lo más popular ahora es crear tu propia empresa, como ha hecho Mark Zuckerberg”, añade sonriendo.

Un trader, durante una jornada de trabajo en la bolsa de Nueva York. (Reuters)
Un trader, durante una jornada de trabajo en la bolsa de Nueva York. (Reuters)
El bróker, en peligro de extinción

La historia financiera es épica; el salto del fax al email, de las terminales Bloomberg al algoritmo, la irrupción de la tecnología y la caída de tótems como Lehman Brothers siguen revolucionando el sector. Entre 2008 y 2012, el ámbito financiero despidió a medio millón de trabajadores en EEUU. Según el Financial Times, plataformas tecnológicas como Ingage eliminan los intermediarios entre los inversores y las grandes compañías, haciendo innecesaria la figura del bróker.

‘Los traders son soldados. Un soldado no piensa, actúa. Por eso los eligen jóvenes. Algunos no valen, y hay que decírselo: esto no es para ti, te va a matar. Nadie puede controlar al mercado’En un diner de Long Island, frente a una ensalada toscana y un vaso de vino blanco, encontramos a la antítesis de El Lobo de Wall Street. “Soy conservadora, casi aburrida”, declara Stefanie Kamerman. Stefanie dirige thestockwhisperer.com, una web donde enseña a operar en Bolsa leyendo los números. “Todo está ahí, en los números. Comerciar es cuestión de matemáticas”.

Stefanie defiende el método “técnico”: en lugar de pensar en los efectos que ciertas noticias puedan o no tener en Bolsa, ella sigue los valores para identificar patrones. Asegura sacar beneficios en siete de cada diez operaciones. A la pregunta de por qué no es multimillonaria, responde que “no es inteligente depender sólo de una fuente de ingresos (…). Intento hacer dinero de forma lenta y sostenida. Cuando el corazón se acelera, tienes que parar”.

Su negocio es un ejemplo más de la multiplicación salvaje de los portales de inversión, de la enseñanza y el comercio online, y tiene algo de prometeico: arrebatar el fuego a los dioses (banca de inversión) para entregárselo a los ciudadanos.

Traders trabajan en el parqué neoyorquino en una imagen de archivo de noviembre de 2009. (Reuters)
Traders trabajan en el parqué neoyorquino en una imagen de archivo de noviembre de 2009. (Reuters)

El Muro

Originalmente, Wall Street (calle del Muro) era una empalizada que separaba a los colonos europeos de los nativos americanos. Hoy sigue siendo un muro inaccesible. Para averiguar cuánto cobra un bróker, la agencia Reuters recurrió a las tarjetas de visita. Descubrió que, a diferencia de otros sectores, los brokers reciben su estatus en función del dinero que hacen, no de su antigüedad. Así, el managing director de un gran banco ganaría entre 1,2 y 1,7 millones de dólares al año.

El centro financiero del universo mide 930 metros cuadrados. Cada compañía tiene un puesto donde sus brokers compran y venden mirando los datos de las infinitas pantallas. Cada puesto está controlado por un subastador a sueldo de la Bolsa. Los subastadores son chamanes; interpretan la marea de cifras y responden a las preguntas de los brokers.

El bróker recibe órdenes de sus clientes a través de una tablet gruesa y reforzada llamada e-borker o handheld. Bajo la bandera de los Estados Unidos, mueven una media de 160.000 millones de dólares diarios. La Bolsa de Nueva York concentra 16.613 billones en dinero virtual, algo así como el PIB de la Unión Europea.

“Ser broker debe de ser muy estresante”, dice Jamor. “Al menos los jóvenes son amables; cuanto más viejos son más maleducados se vuelven”. Jamor trabaja en Wall Street. Reparte panfletos de una cadena de masajes de siete de la mañana a siete de la tarde y conoce de vista a muchísimos brokers. “A veces tardan semanas en darse cuenta de que regalamos un masaje de prueba”.
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