de la frontera al capitolio

Guerreros americanos contra la inmigración

Milicianos armados, rancheros vigilando la frontera con drones y poderosos lobistas de corbata. Denuncian que Estados Unidos está sufriendo una gran invasión.

Foto: Miembros de un grupo denominado Patriots (Patriotas) patrullan cerca de la frontera mexicana en Brownsville, Texas, el 2 de septiembre (Reuters).
Miembros de un grupo denominado "Patriots" (Patriotas) patrullan cerca de la frontera mexicana en Brownsville, Texas, el 2 de septiembre (Reuters).

Corría el año 2002 cuando Glen Spencer decidió combatir la inmigración desde la mismísima trinchera. Se despidió de sus clientes, cerró sus negocios y vendió su casa en California. Después se compró un rancho de 4 hectáreas en el Condado de Cochise (Arizona), a 300 metros de la frontera con México. Aprovechó que el antiguo dueño, un coronel retirado, quería deshacerse del terreno. Según Spencer, estaba asustado después de haberse topado con los narcos.

Desde Cochise, perdido en mitad del desierto con sus siete pastores alemanes, sigue dirigiendo hoy lo que él llama "La Patrulla Americana”, una comunidad de voluntarios que recorren un tramo de la frontera equipados con todo tipo de armas de fuego y juguetes tecnológicos. Además de moverse en vehículos todoterreno con fusiles de asalto, bengalas y trajes militares, utilizan sensores infrarrojos, cámaras especiales e incluso aviones no tripulados. "No tengo tiempo para hablar hoy, me tengo que ir a volar un drone", espetó la segunda vez que El Confidencial intentó entrevistarlo.

Su labor, dijo días después, consiste en vigilar la línea que divide a los dos países y alertar de cualquier movimiento sospechoso a los agentes de inmigración que patrullan el área. Cuando es “necesario”, reconoce, se encargan también de detener a los inmigrantes y a sus “coyotes”. “Washington no hace nada, así que está en manos de nosotros, los patriotas, frenar esta invasión”, dice Spencer.

En realidad, el Gobierno federal sí que hace muchas cosas. Por ejemplo, mantiene a 22.000 patrulleros a tiempo completo, apoyados por tecnología punta y por la mayor infraestructura fronteriza del mundo: cientos de kilómetros de muro y alambre. Sucede que es que es virtualmente imposible blindar una frontera de 3.185 kilómetros que atraviesa montañas y desiertos.

Dos hombres se manifiestan contra la inmigración en una autopista de Murrieta, California (Reuters).
Dos hombres se manifiestan contra la inmigración en una autopista de Murrieta, California (Reuters).

En cualquier caso, Spencer no está solo en su cruzada. Y su comunidad es sólo una de las más veteranas de un fenómeno que se extiende por varios estados y que ha vuelto a resonar este verano: el de las milicias “caza-inmigrantes”, que alcanzaron su auge entre 2005 y 2010.

Una de las agrupaciones más grandes en activo es la de los llamados “Patriotas Armados”, que hoy coordinan a 22 comandos itinerantes, la mayoría en el sur de Texas. Acampan en ranchos situados en la frontera, cerca de los pasos más utilizados por los “coyotes”, para intentar sorprender a quienes intentan entran a pie en EEUU. Cuando ven un grupo, lo iluminan con sus linternas y amenazan con llamar a la Patrulla Fronteriza. Van fuertemente armados, equipados con uniformes, chalecos antibalas y esposas. “Por lo que pueda pasar”, dicen en las escasas entrevistas que han concedido sus miembros.

Los milicianos se meten en líos con frecuencia. Una noche cerrada de 2003, pensando que lo que escuchaba eran pisadas de inmigrantes atravesando su rancho, Spencer disparó una pistola de pequeño calibre que lleva siempre consigo. No mató a nadie, pero una bala impactó en el garaje de su único vecino. Fue condenado por cuatro delitos distintos y tuvo que pagar 2 mil 500 dólares de multa.

Una activista fue condenada a muerte, acusada de asesinar a un inmigrante y a su hija de nueve años

Cinco años después, el FBI detuvo en su rancho a Shawna Forde, una activista que gravitaba en su entorno y que fue posteriormente condenada a muerte. Se la acusó de asesinar a un inmigrante y a su hija de nueve años durante un atraco, un robo planeado para reunir dinero con el que seguir financiando sus milicias. Spencer asegura que no tuvo nada que ver.

A menudo relacionados con grupos de extrema derecha, la mayoría de los milicianos se ven a sí mismos como patriotas, hombres de honor dispuestos a dar la vida por su país. Spencer, por ejemplo, insiste en que México tiene un plan secreto para recuperar lo que perdió a mediados del siglo XIX, cuando firmo el Tratado de Guadalupe-Hidalgo y cedió más de la mitad de su territorio a EEUU.

"(Los inmigrantes) tienen intenciones hostiles y cuando explote (el conflicto), nadie podrá decir que no lo advertimos, cuando la sangre empiece a brotar en la frontera y en Los Ángeles... aquí de lo que estamos hablando es de la reconquista", dice. Se refiere a una vieja reivindicación patriótica hoy casi olvidada en México ."Los sueños de conquistar Aztlán duermen profundos en el corazón de la psique mexicana.... Esto explica por qué algunos están dispuestos a arriesgar la vida cruzando la frontera. Creen que lo que hacen es noble, que están desafiando al gringo para recuperar lo que pertenece a México", razona.

Una persona se encarama a la valla en la frontera entre EEUU y México en Ciudad Juárez (Reuters).
Una persona se encarama a la valla en la frontera entre EEUU y México en Ciudad Juárez (Reuters).

Spencer y el resto de milicianos llevan al extremo paranoico una preocupación que comparten muchos millones de estadounidenses. La llegada este verano de decenas de miles de niños centroamericanos, introducidos por siniestras redes de tráfico a través de la frontera, ha vuelto a calentar el debate migratorio en Estados Unidos. En el país hay más de 11 millones de personas viviendo y trabajando sin papeles, un problema que el presidente Barack Obama prometió resolver y que está cada vez más enquistado.

Dado que la mayoría republicana en el Congreso ha bloqueado cualquier reforma legislativa, la Casa Blanca plantea una serie de medidas ejecutivas (llamadas “de alivio”) que podrían dar un estatus legal temporal a millones de ellos. Mientras tanto, los sondeos muestran que los estadounidenses identifican ya la inmigración ilegal como una de las tres urgencias del país, al mismo nivel que la economía y la calidad de la clase política.

Las ideas anti-inmigración se han extendido en la sociedad (...) Ahí tienes a Michael Savage, la estrella radiofónica

Moldeadas y adaptadas al paladar de un público más amplio, las ideas de los grupos anti-inmigrantes han penetrado en los últimos años en el discurso de grandes medios de comunicación y de decenas de políticos conservadores. "En cierto modo, sus ideas se ha convertido en mainstream (...) Ahí tienes a Michael Savage, la estrella radiofónica, con 8 millones de oyentes, contando leyendas sobre los niños centroamericanos, hablando de las enfermedades infecciosas que traen y de los hoteles de lujo donde los aloja Obama con el dinero de los americanos", dice Mark Potok, analista de Southern Poverty Law Center (SPLC), organización que elabora informes sobre grupos extremistas y actualiza un "mapa americano del odio".

Pero la lucha importante, la que marcará el futuro, no se libra en la frontera, sino en los despachos enmoquetados de la capital. Y ahí es donde el movimiento ha conseguido silenciosos avances haciendo mucho menos ruido que sus archirrivales, los activistas hispanos.

El perfil más importante es seguramente el del octogenario oftalmólogo John Tanton, a quien el diario The New York Times bautizó en 2011 como “el cruzado anti-inmigración”. Respaldado por otros muchos compañeros de viaje, ha dado forma a grupos de presión que, como cualquier otro lobby, influencian al poder político a través organizaciones millonarias que, en este caso, funcionan con donaciones de particulares y grupos nacionalistas.

Miembros de los 'Patriots' patrullan la frontera entre México y EEUU en Brownsville, Texas (Reuters).
Miembros de los 'Patriots' patrullan la frontera entre México y EEUU en Brownsville, Texas (Reuters).

El activismo de Tanton arrancó hace más de medio siglo, cuando se enroló en movimientos ecologistas, plantando árboles, limpiando acuíferos y protegiendo la naturaleza. Si la población de Estados Unidos sigue creciendo, pensó, será imposible preservar la naturaleza. Y sobre ese razonamiento fue construyendo su discurso, picoteando de teorías como el llamado “paradigma de crecimiento cero”, que plantea frenar la evolución demográfica para evitar que la "plaga humana" devore el planeta.

En 1979, Tanton fundó la Federación para la Reforma Migratoria Americana (FAIR), un potente think tank que promueve acabar con la inmigración ilegal (expulsando a 11 millones de personas) y reducir al mínimo la legal. Su cuartel general es una espaciosa oficina de vidrieras situada a diez minutos andando del Capitolio y frente a las oficinas centrales de la Agencia de Inmigración y Aduanas. Toda una declaración de intenciones.

Desde allí, sus analistas redactan documentos, organizan conferencias y elaboran informes que nutren, después, el argumentario de legisladores y funcionarios afines a sus ideas. Presentan un discurso moderado y aseado, tratando de encajar dentro de los márgenes de lo políticamente correcto para tener más prédica en los medios de comunicación y en el Congreso.

Uno de sus portavoces, John Martin, aseguró a este diario que la preocupación de FAIR no tiene nada que ver con el racismo, ni con el rechazo cultural a las comunidades extranjeras. “Simplemente creemos que Estados Unidos no puede recibir más población porque no tiene recursos. Es un tema económico, no cultural”, dijo, enfatizando que no hay agua ni comida suficiente para seguir absorbiendo inmigrantes. "Además, los inmigrantes generan un costo económico enorme a los contribuyentes americanos. Y eso no es justo”.

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