“Los blancos no hemos reparado el daño que hicimos a los negros durante 300 años”
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el futuro DE LA MINORÍA EN SUDÁFRICA

“Los blancos no hemos reparado el daño que hicimos a los negros durante 300 años”

La minoría blanca sudafricana, en declive por la emigración, intenta cimentar el futuro de sus hijos y coexistir con la mayoría negra en un país sin Mandela

placeholder Foto: Niñas sudafricanas caminan descalzas hacia su escuela en un campamento para blancos pobres en Krugersdorp. (Reuters)
Niñas sudafricanas caminan descalzas hacia su escuela en un campamento para blancos pobres en Krugersdorp. (Reuters)

Nelson Mandela pasea, puño en alto, junto a Winnie, la que fue su esposa durante 38 años y de la que se divorció poco después de salir de la cárcel. Autoridades y guardaespaldas acompañan su marcha mientras ellos sonríen, pletóricos, a una multitud que los vitorea entusiasmada. Es la imagen del 11 de febrero de 1990, día en que Mandela fue liberado de la prisión Victor Verster, tras 27 años de confinamiento penitenciario. Se emite en la televisión del bar Mike's de Umtata, el centro urbano más importante del Cabo Oriental.

Los diez días de funerales y el entierro hicieron que la vida del activista contra el apartheid y expresidente sudafricano monopolizase durante semanas los medios de comunicación locales. David, un profesor blanco de artes escénicas, observa serio la escena mientras sostiene una cerveza. A su lado, en silencio, está Andrew, de rasgos malayos –varias comunidades llegaron a Sudáfrica como esclavos en el siglo XVII–, que también mira el televisor. Gary, un estudiante negro de Ingeniería Informática, se acerca hasta donde se encuentran los primeros y pide fuego. David saca un mechero. "Aquí tienes. Salgamos fuera a fumar”, propone. Ambos abandonan el local.

Fue una persona excepcional, que nos enseñó no sólo a doblegar a nuestros enemigos, sino a trabajar con ellos para que ambas partes ganáramos algo, una situación 'win-win'

En la mesa de al lado, tres hombres blancos discuten de política y, como no podía ser de otra manera en la era post-Mandela, su nombre sale a colación en la conversación. Están sentados mientras dos niñas juegan a esconderse detrás de las sillas. Uno de ellos, Ken Cook, cuenta que visitó junto a sus dos hijas Qunu, el lugar donde Madiba fue enterrado a mediados de diciembre. “Lo que yo viví en Qunu te puedo decir que me ha emocionado. Su muerte debe servir para que no olvidemos qué es eso de la reconciliación”, comenta este promotor inmobiliario. Nacido en San Francisco, Cook se casó con una sudafricana y lleva más de diez años en el país.

Creo que mi familia vive aquí segura y confío en que la educación que reciben mis niñas en la escuela les proporcione los valores necesarios para seguir viviendo en democracia”, añade. Fue precisamente la de los niños y la infancia una de las cuestiones sociales a las que más tiempo dedicó Mandela después de cumplir su primer mandato como presidente y alejarse voluntariamente de la primera línea de la política en 1999.

El país más competitivo del continente

A su lado se encuentra Hugo Van der Tallen, experto en transporte por carretera y logística. A sus 62 años rememora cómo de niño acompañó a su padre a otro funeral, el del entonces primer ministro e ingeniero de las políticas de apartheid Hendrik Verwoerd, que fue asesinado en 1966. “Pienso que el sistema es ya lo suficientemente sólido para que la minoría blanca coexista sin grandes problemas con la mayoría negra”, señala. Y en esa solidez, afirma, juega un papel fundamental la economía.

En su opinión, Sudáfrica es el país más competitivo del continente –de hecho, ya ha sido incorporado al grupo de las economías emergentes, los llamados BRICS (Brasil, Rusia, India, China, Sudáfrica)– y ejerce como motor de desarrollo del resto de África. Los dos predecesores del actual presidente de Sudáfrica, Jacob Zuma (el propio Mandela y Thabo Mbeki, ambos del clan Xhosa), lograron una buena gestión de la economía y las finanzas, mientras que los indicadores de Zuma se encuentran muy lejos de lo deseable. Además, explica Hugo, sobre el actual líder pesan todo tipo de sospechas de corrupción, algunas de las cuales están siendo investigadas por la Fiscalía General del Estado.

Marcha afrikáner contra lo que definen como la opresión negra. (Instagram / Mail & Guardian)

Muchos sudafricanos desearían que Zuma no fuera reelegido como candidato del Congreso Nacional Africano, el CNA, en las elecciones que se celebrarán este año. Sin embargo, las encuestas actuales indican que sí será cabeza de lista del partido más importante de Sudáfrica.

El primer refugiado que retornó a Sudáfrica

Otro de los hombres sentados a la mesa es David Greybe, el primer refugiado político del régimen del apartheid al cual se le permitió retornar legalmente al país tras su abolición a principios de los años 90. “Fue una persona excepcional, que nos enseñó no sólo a doblegar a nuestros enemigos, sino a trabajar con ellos para que ambas partes ganáramos algo, una situación win-win”, comenta este veterano periodista que, tras exiliarse en Londres por sus ideas políticas, siguió cubriendo lo que ocurría en Sudáfrica y los países vecinos para varios medios de comunicación europeos.

En el futuro, la clave va a estar en los jóvenes, en los que nacieron después del apartheid, los que ven al otro como un igual, explica David, un blanco profesor de artes escénicas

“Pienso que durante estos 19 años de democracia, los blancos todavía no hemos reparado de forma suficiente el daño que les hicimos a los negros durante los 300 años anteriores”, continúa. Ya de vuelta en su país, Greybe cubrió durante diez años la transición democrática para la South African Press Association (SAPA), lo que le otorgó el privilegio de acompañar al entonces presidente Mandela en sus viajes al extranjero. “Era admirado y respetado allí adonde iba. Conectaba con todo el mundo, desde el más alto dignatario hasta el más humilde campesino”, asegura este periodista.

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