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Los 'sabios' de Napolitano, última oportunidad para la gobernabilidad de Italia
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PROPONDRÁN REFORMAS INSTITUCIONALES, ECONÓMICAS Y SOCIALES

Los 'sabios' de Napolitano, última oportunidad para la gobernabilidad de Italia

En medio de la oscuridad, un rayo de luz. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, se sacó este sábado de la chistera una última alternativa

Foto: Los 'sabios' de Napolitano, última oportunidad para la gobernabilidad de Italia
Los 'sabios' de Napolitano, última oportunidad para la gobernabilidad de Italia

En medio de la oscuridad, un rayo de luz. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, se sacó este sábado de la chistera una última alternativa para intentar sacar a Italia de la ingobernabilidad en que dejaron al país las elecciones generales celebradas el 24 y el 25 de febrero. El jefe del Estado demostró por qué es uno de las personalidades públicas más respetadas por unos ciudadanos hastiados de que su clase dirigente ponga una y otra vez a la nación contra las cuerdas.

A un mes y medio de que acaben sus siete años como presidente de la República y mientras los medios aseguraban que estaba valorando su dimisión por la incapacidad de sacar al país del laberinto político en que se encuentra, Napolitano negó su huida y consideró concluida la fase de los políticos y probó con la de los sabios. Encargó a una decena de personalidades que realicen una lista de reformas institucionales, sociales y económicas que puedan ser compartidas luego por los partidos. Pese a la dificultad que implica su tarea, las perspectivas son buenas, pues las formaciones políticas recibieron de buena gana la jugada del presidente de la República.

Si los sabios fracasan, sólo quedará una última opción: repetir las elecciones. Será la constatación de que la democracia italiana tiene un problema muy grave en su base que debe ser subsanado si el país quiere salir del letargo económico y social en que lleva viviendo durante las últimas décadas. Los comicios, para colmo de males, deberían celebrarse con la actual ley electoral, una normativa cargada de aberraciones que han hecho que, tras la cita con las urnas de febrero, la Cámara de los Diputados y el Senado tengan colores políticos diferentes. El mando de la Cámara Baja lo tiene la coalición de izquierdas liderada por Pierluigi Bersani. En la Alta domina el color gris, pues ningún partido tiene la mayoría.

El nudo gordiano que supone la ley electoral hace que su reforma sea el primer punto sobre el que los 10 sabios deberán lograr un acuerdo con los partidos políticos. Si no consiguen cambiar esta normativa, en particular el reparto de los premios a la lista o la coalición más votada, que se entregan de forma distinta en las dos cámaras del Parlamento, su trabajo puede quedarse en nada. Su cambio es imprescindible para evitar que la próxima vez que los ciudadanos acudan a las urnas no quede un escenario como el actual, en el que la ingobernabilidad es la protagonista. La primera piedra de la reconstrucción de la estabilidad está precisamente en el cambio de esa normativa.

El último fracaso de la política italiana

La intervención de este sábado de Napolitano supone la segunda derrota de la política italiana en dieciséis meses después de la de noviembre de 2011, cuando el presidente de la República propició la caída del Ejecutivo liderado por Silvio Berlusconi y el nacimiento del Gobierno técnico de Mario Monti. El jefe del Estado se ve ahora obligado a pedir a 10 personalidades que intenten sacar al país de la parálisis después de que los políticos no hayan sido capaces de ello. El gran derrotado de la anterior fase de consultas es Bersani, a quien el jefe del Estado encargó que sondease a las otras agrupaciones políticas para lograr una alianza que le permitiese sacar adelante la votación de investidura de su Gobierno.

El líder izquierdista, que hubiera sido el primer ministro, no lo logró porque el Movimiento 5 Estrellas, las listas ciudadanas lideradas por el cómico Beppe Grillo, se negaron a darle su apoyo. Sí que contaba Bersani con el sostén de Silvio Berlusconi y de su Pueblo de la Libertad (PDL), pero no quiso formar el llamado pacto de unidad nacional entre la izquierda y la derecha. La alianza con Berlusconi probablemente le hubiera costado a Bersani el liderazgo del Partido Democrático (PD), pues sus militantes no aceptaban la unión con el eterno enemigo. “Aliarte con Berlusconi es como irte de paseo con una víbora en el bolsillo”, comentaba estos días el hermano del secretario general del PD.

Los 10 sabios elegidos por Napolitano se encuadran en dos grupos, el primero dedicado a proponer reformas institucionales y el segundo, de tipo económico y social. Los “institucionales” son: Mario Mauro, senador de la coalición centrista de Monti; Luciano Volante, miembro del PD; Gaetano Quagliariello, senador del PDL; y Valerio Onida, ex presidente del Tribunal Constitucional. El segundo grupo está formado por: Enzo Moavero Milanesi, ministro para Asuntos Europeos en el Gobierno de Monti; Enrico Giovannini, presidente del Istat, la oficina estatal de estadística; Giovanni Pitruzzella, presidente del ente garante de la competencia; Salvatore Rossi, miembro del directorio del Banco de Italia; el diputado de la Liga Norte Giancarlo Giorgetti; y el senador del PD Filippo Bubbico

En medio de la oscuridad, un rayo de luz. El presidente de la República, Giorgio Napolitano, se sacó este sábado de la chistera una última alternativa para intentar sacar a Italia de la ingobernabilidad en que dejaron al país las elecciones generales celebradas el 24 y el 25 de febrero. El jefe del Estado demostró por qué es uno de las personalidades públicas más respetadas por unos ciudadanos hastiados de que su clase dirigente ponga una y otra vez a la nación contra las cuerdas.