DESATA UN DEBATE MONUMENTAL EN EL PAÍS

El acoso sexual del socio de Merkel a una periodista sacude Alemania

¿Puede un político de 67 años de edad en un bar de un hotel, cerca de la medianoche, decirle a una joven periodista que informa regularmente

Foto: El acoso sexual del socio de Merkel a una periodista sacude Alemania
El acoso sexual del socio de Merkel a una periodista sacude Alemania

¿Puede un político de 67 años de edad en un bar de un hotel, cerca de la medianoche, decirle a una joven periodista que informa regularmente acerca de su partido, mirándole al escote, que podría llenar perfectamente el corpiño de un Dirndl (traje regional típico alemán que marca de una manera especial el busto femenino)? ¿Puede acercarse, al despedirse, y besarla de una manera inapropiada a pesar de que la joven ya le ha recordado que está a su lado sólo porque está trabajando como periodista y no por placer?

¿Debería ese político disculparse después de haber desatado en su país un debate monumental sobre el sexismo en general y sobre los chistes subidos de tono, las insinuaciones y, en general, el acoso sexual de los hombres -más o menos poderosos- a mujeres que ven como sus subordinadas o más débiles que ellos?

El político de la anécdota se llama Rainer Brüderle, cabeza de lista electoral del Partido Liberal alemán (FPD), socio de coalición de Merkel, y ha optado por no disculparse y por esperar, tal vez, a que pase la tormenta. Ayer convocó a la prensa para saludarles por el año nuevo. Entre los invitados estaba la periodista de la revista Stern cuyos senos parecían interesar tanto a Brüderle hace un año (que es cuando se produjeron los hechos, aunque ella no lo dio a conocer hasta la semana pasada en un reportaje).

El veterano político ignoró las diversas preguntas que le formularon sobre el tema, señalando únicamente que “el debate actual sobre el sexismo tiene relevancia social y pertenece al sistema democrático”. Varios compañeros de su formación han afirmado que determinados órganos de prensa quieren hacer aún más sangre de un partido, el Liberal, que lucha por su supervivencia y que ha apostado por Brüderle para intentar mantenerse en el Parlamento que se elegirá el 22 de septiembre.

¿Usan los encantos para ascender?

Entre tanto, en las redes sociales alemanas no se habla de otra cosa. Muchas mujeres hablan de sus experiencias propias; hay hombres que también cuentan cómo las féminas han utilizado sus encantos para conseguir ventajas, laborales o de otro tipo; otros relativizan el asunto diciendo que la aproximación entre un hombre y una mujer es algo tan personal que los límites entre lo que es correcto o no dependen de la sensibilidad de cada uno.

La revista Stern, que es quien ha iniciado esta dialética mediática, vuelve esta semana de nuevo a la carga, denunciando en su portada El sexismo diario. Su director, Andreas Petzold, considera que es posible que una periodista profundice en un tema manteniendo, sin embargo, una distancia personal con el entrevistado. “Muchos políticos -señala Petzold- consiguen a la vez ser abiertos y respetuosos con las mujeres periodistas. Por eso resulta intelectualmente pobre que un político de la cúpula del FDP diga que nunca más se sentará en el coche oficial al lado de una periodista”. “Se trata -concluye Petzold- simplemente de respeto”.

La línea roja entre el trato cordial, la camaradería y la confianza entre periodistas y políticos siempre es difícil de diseñar. Una filtración o una confidencia que esconde una noticia es muy a menudo la consecuencia de horas previas de contacto en pasillos, despachos y, por qué no, barras de un bar o mesas de un restaurante. En el caso de las mujeres periodistas alemanas, si uno lee los comentarios en redes sociales o las revelaciones de Stern, los derrapes masculinos no son excepcionales.

Pero, como dice Miriam Hollstein, del diario Die Welt, hay cosas para la que los hombres no están preparados: “Imagínese usted que una mujer política destacada y de una cierta edad se queda mirando los genitales de un joven periodista y le dice ‘Usted llenaría muy bien cualquier Lederhose (pantalones de cuero típicos de los trajes regionales)…’ ¿Cómo reaccionaría el periodista?”. 

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