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En España, los políticos callan mientras los jueces actúan
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En España, los políticos callan mientras los jueces actúan

imidez o miedo. Puede que ambos se confundan a la hora de dedicar un momento al Dalai Lama. Sólo pensar en cómo una simple reunión afectaría

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En España, los políticos callan mientras los jueces actúan

imidez o miedo. Puede que ambos se confundan a la hora de dedicar un momento al Dalai Lama. Sólo pensar en cómo una simple reunión afectaría a las relaciones con China sirve para helar la sangre de los dirigentes de medio mundo. Ni siquiera el flamante Premio Nobel de la Paz Barack Obama ha conseguido superar las advertencias que le han llegado desde el gigante oriental, por lo que ha evitado reunirse con Tenzin Gyatso hasta no reunirse con China primero.

“China se opone firmemente a la implicación del Dalai Lama en las actividades separatistas contra China en cualquier país y bajo cualquier nombre o identidad. China también se opone al uso de asuntos del Tíbet por cualquier fuerza exterior para interferir en sus asuntos internos”,  recordó recientemente Jiang Yu, portavoz del Ministerio de Exteriores chino.

En España, no iba a ser menos, y cuando se abre la boca para decir Dalai Lama, la respuesta suele levantar los silencios y bajar las miradas. Algo que resulta cuanto menos irónico, ya que la Audiencia Nacional sigue investigando por su parte la querella interpuesta por la casa del Tíbet en España contra el ex presidente chino Jiang Zemin y otros seis responsables comunistas. El Ejecutivo, por su parte, evita la reunión.

El máximo escalafón alcanzado ha sido el encuentro con líderes autonómicos. De esta manera tanto Jordi Pujol como Juan José Ibarretxe mostraron su cercanía con el Lama. Así, mientras el president optó por recibirle, el entonces lehendakari hizo un acercamiento a través de una entrevista con el director de la Casa del Tíbet en Barcelona. Ibarretxe aprovechó su encuentro para defender su propia tesis, comparando China con España y solicitando que no se “temiese” a los pueblos pequeños.

A nivel gubernamental, el Ejecutivo sólo ha lamentado oficialmente los episodios violentos en Tíbet, abogando por una solución dialogada “que preserve la cultura y región tibetana en el seno de la República Popular China.

Este periódico se ha puesto en contacto con el Ministerio de Asuntos Exteriores, el PSOE, el Partido Popular y con Izquierda Unida para conocer sus opinones sobre el tema, pero no ha obtenido respuesta por parte de ninguno de ellos.

El poder judicial sí habla del Dalai Lama

A pesar de que los políticos se muestren tibios con esta cuestión, la Audiencia Nacional sí que ha pasado a la acción. En enero de 2006, la institución judicial se declaró competente para juzgar crímenes por genocidio en Tíbet, ante la imposibilidad de que fuera investigado por tribunales chinos o por el Tribunal Penal Internacional.

La querella presentada pide que se investigue a ocho responsables, tanto militares como políticos, a los que se acusa de 203 muertes, 5.972 desaparecidos y 1.000 heridos graves tras los disturbios de marzo de 2008 en Tíbet.

La respuesta de China, evidentemente no ha sido de colaboración. De esta manera, el gobierno chino opina que “dicha falsa querella viola los principios básicos de jurisdicción e inmunidad de Estado que el derecho internacional establece”, al tiempo que solicitaba que se cesase de investigar el caso.

Relaciones congeladas con China

¿Pero cómo no temer la reacción china? Advertencias como las lanzadas por El Diario del Pueblo, órgano del Partido Comunista Chino, sirvieron para evitar que uno de los hombres más poderosos de la Tierra, Barack Obama se  reúna con el Dalai Lama. “El inteligente presidente estadounidense ha aprendido a evitar caer en trampas en las que alguno de sus aliados se ha visto estancado”, señalaba el periódico en referencia a los encuentros de Nicolas Sarkozy y de Angela Merkel con el Lama.

Sin duda, la visita en noviembre a China ha pesado en la decisión de Barack Obama de no recibir al líder tibetano. Algo más que una decepción para muchos, ya que es algo que en su momento no hicieron sus inmediatos antecesores en el cargo, Bill Clinton y George Bush; tanto el padre como el hijo.

En Francia y Alemania las reuniones con el Dalai Lama dejaron un rastro de hielo en las relaciones con China. En septiembre de 2007, la canciller alemana Angela Merkel tuvo un encuentro con el líder espiritual tibetano. El trato de jefe de Estado que recibió el Lama provocó el enfado chino, y enfrió las relaciones diplomáticas durante varios meses.

Por su parte, el presidente francés Nicolas Sarkozy también sintió la furia china tras una reunión con el Lama en Gdansk en diciembre de 2008. Por aquel entonces el jefe de Estado galo aseguró que en su condición tenía “total libertad” para elegir con quien reunirse. El país oriental consideró este encuentro “una acción errónea que constituye una grave interferencia” en los asuntos internos chinos. Sin embargo, no era la primera vez que Sarkozy levantaba las protestas chinas, ya que ese mismo año, antes de los Juegos Olímpicos de Pekín, el presidente francés ya mostró sus dudas sobre acudir a la ceremonia de apertura a modo de boicot por la causa tibetana.

Lea los otros artículos del especial:

- ¿Quién le pone el cascabel a China?

- ¿Por qué se empecina China en ocupar Tíbet?

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