La leyenda cuenta que los primeros españoles en pasar fresquito en sus puestos de trabajo fueron los políticos de la Segunda República con un sistema de refrigeración un tanto rudimentario de climatizadores con barras de hielo.

Pero no les duraría mucho el privilegio. Con la democratización del aire acondicionado casero a partir de los años 50, los cines y centros comerciales dejaron de vaciarse en verano, las empresas vieron mejorar el rendimiento de sus trabajadores y la tasa de natalidad aumentó en los meses donde históricamente había vivido sus peores momentos.

Pero nada de esto habría ocurrido si no fuera por la gigantesca máquina de aire acondicionado que inventó Willis Carrier en 1902

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