La teoría del jamón o mala pinta tiene el muerto de Isolux
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La teoría del jamón o mala pinta tiene el muerto de Isolux

La venta de las joyas de la abuela -negocios que tienen valor porque generan flujo de caja recurrente- suele ser el principio del fin de algunas compañías en apuros

placeholder Foto: Oficinas de la empresa Isolux Corsán en Madrid. (EFE)
Oficinas de la empresa Isolux Corsán en Madrid. (EFE)

Hoy no les voy a robar mucho tiempo.

Les voy a hablar de la teoría del jamón, que resulta de aplicación a casi todas las industrias del universo empresarial.

¿En qué consiste?

En esa venta de activos con plusvalías que también pueden, o no, generar caja recurrente para tratar de salvar los resultados puntuales de una compañía o, en un supuesto extremo, obtener la tesorería suficiente para seguir funcionando. O, mejor dicho, trampeando hasta la llegada de lo inevitable.

El prototipo del primer supuesto sería lo que ha sucedido con las carteras de deuda soberana de la banca en los últimos ejercicios. Gracias a la acción del BCE en el verano de 2012 pudieron financiarse casi gratis para invertir en bonos del tesoro, un activo libre de riesgo a efectos de capital por más que la rentabilidad asociada al mismo en años como 2012 o 2013 no fuera indicación, ni mucho menos, de tal inmunidad.

En un momento en que el margen de intereses daba lo justo, la generación de comisiones era insuficiente, los dividendos de participadas se cuestionaban y la morosidad había que seguir dotándola, liquidar de manera ordenada esas posiciones permitió a algunas de nuestras entidades financieras conseguir vía 'Resultado de Operaciones Financieras' o ROF lo que el negocio ordinario les negaba.

Y todos tan contentos.

Plas, plas, plas.

Vamos a ver cómo se manejan ahora que o bien han tocado hueso, o bien la sensibilidad de su cartera ante rendimientos tan bajos de los títulos públicos les genera una enorme volatilidad en sus cifras.

Nos vamos a divertir.

En el segundo de los casos, propio de firmas en una posición desesperada, lo que sucede es que se venden las joyas de la abuela que tienen valor - normalmente, porque generan un flujo de fondos recurrente- mientras que las baratijas o los negocios sujetos a ciclo o cuya viabilidad es incierta se quedab y ocupan, de este modo, un mayor espacio en el porfolio de actividades de la sociedad.

Un ejemplo palmario de este proceso lo vivimos con FCC.

Aparte del saneamiento de Inversiones Ruinosas Falcones, S.A. que tuvo que llevar a cabo Juan Béjar, el hasta hace poco primer ejecutivo se centró en materializar el valor existente liquidando las concesiones o el patrimonio inmobiliario, generadores de rentas periódicas, lo que ha dejado al grupo sujeto a la volátil evolución de la construcción, de exiguo margen, o el cemento, donde sobra capacidad.

Mal asunto para Slim.

Ahora, el protagonista de un proceso similar está siendo la Isolux de Luis Delso, en el punto de mira desde que Abengoa anunciara su preconcurso. Su deuda indica una situación cercana al 'default' y, por si hiciera falta alguna prueba más de la precariedad de su situación, más allá de los retrasos en el pago a proveedores, se ha visto obligada, ante la falta de compradores de activos como T-Solar o las redes de transmisión de Brasil, a poner en el mercado su cartera de plazas de aparcamientos, según parece, de lo poco que da dinero año a año. Menguante, pero dinero al fin y a la postre. Venta del jamón...

Lo curioso es que, al final, la excusa es siempre la misma. Presión de unos acreedores financieros a quienes no se les escapa que esto es pan para hoy y hambre para mañana pero que, como ocurriera con la empresa de ingeniería sevillana, prefieren procrastinar antes que enfrentarse a la cruda realidad. Apurar ellos la carne veteada, por poca que sea, y dejar el tocino a la espera de un milagro de imposible devenir. Y el que venga, que arree.

Así les va. Más dura será la caída, la verdad.

El presente da señales de lo que depara el futuro.

Gran verdad.

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