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¿Cuanto más largo, mejor? El dilema de diseño del campo de golf de Augusta
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¿Cuanto más largo, mejor? El dilema de diseño del campo de golf de Augusta

La potencia ha adquirido una importancia cada vez mayor en el golf moderno. El Masters sigue poniendo hoyos cada vez más largos para compensar, pero esta solución está llegando a sus límites

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Fred Ridley, el presidente del estoico Augusta National Golf Club, lanzó el año pasado un mensaje más contundente de lo habitual acerca de la capacidad de su club para combatir uno de sus mayores retos: el creciente poder de los golfistas modernos.

Los diseñadores de campos de golf se han visto inmersos en una batalla cada vez más intensa con los jugadores, que ahora recurren a la potencia pura para superar todos los obstáculos que les ponen por delante. El Masters, el único 'major' que se celebra en el mismo campo todos los años, ha intentado seguirles el ritmo modificando constantemente sus famosos campos y alargando el Augusta National.

Pero estar constantemente talando árboles, desplazando los 'tees' de salida hacia atrás y contratando equipos de construcción podría no ser una solución sostenible. Ese fue el mensaje que quiso transmitir Ridley. La tensión sobre este tema en el Masters se acerca a un punto crítico.

"Esperamos que no llegue el día en que el Masters, o cualquier otra competición de golf, tenga que jugarse a 8.000 yardas para cumplir ese objetivo", manifestó Ridley. "Estamos ante una encrucijada de gran importancia".

Foto: Tiger Woods en una práctica este martes (Reuters)

El Masters de 2022 no llegará a las 8.000 yardas, pero estará más cerca que nunca: la distancia prevista de 7.510 yardas marca el recorrido más largo de la historia del 'major'.

Se hace eco de la evolución del juego a lo largo de las dos últimas décadas, definido por un aspecto predominante: la preponderancia de la potencia. Y eso está planteando cuestiones más profundas sobre la dirección del deporte y de este emblemático torneo.

Respaldados por el tipo de big data que ha inundado el deporte en los últimos años, los mejores jugadores de golf del planeta han interiorizado cada vez más que la forma más inteligente de enfrentarse a los campos más difíciles es golpear la bola lo más fuerte posible y vivir con las consecuencias cuando no cae en la calle. No todo el mundo es fan de la estética. Sin embargo, cada vez es más frecuente que los mejores profesionales afronten así los torneos más difíciles.

Desde hace años, los organismos directivos del golf han estudiado el problema. En 2017, Mike Davis, el entonces director de la Asociación de Golf de Estados Unidos (USGA), describió el "horrible" impacto de la distancia en este deporte. Desde entonces, la USGA y la R&A, con sede en el Reino Unido, han publicado una serie de informes que analizan los cambios anuales en el juego. Y esos cambios son aplastantes.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

En menos de 20 años, de 2003 a 2021, la distancia media de los drives ha subido de 285,9 a 296,2 yardas en los hoyos medidos, según el último Informe Anual sobre la Distancia de los Drives. Este crecimiento es particularmente evidente entre los jugadores con drives más largos. Hace diecinueve años, solo el 26,6% de los drives del PGA Tour alcanzaban al menos 300 yardas. En 2021, ese porcentaje fue del 43,5%. Cada vez es más habitual que los golfistas manden la pelota a una distancia de tres campos de fútbol.

"Cualquier aumento significativo de las distancias de golpeo al más alto nivel no es deseable", reza el informe.

La cuestión a largo plazo es si debería haber ajustes en las especificaciones de las pelotas de golf para controlar este auge. Mientras tanto, lo que en su día se denominó "Tiger-proofing" (poner a prueba de Tiger) —cuando los campos crecían en longitud para tener en cuenta la prodigiosa potencia de un Tiger Woods más joven— es la estrategia elegida por muchos clubes para intentar lidiar con toda una generación de jugadores de golf cuyos miembros tienden a mandar la pelota más lejos que Woods. Eso es precisamente a lo que se enfrenta el Masters.

Otros campos y torneos emblemáticos tienen potentes defensas naturales para obstaculizar a los competidores. El viento en el Open Británico puede enviar bolas bien golpeadas lejos del campo. Los anfitriones del U.S. Open cultivan un 'rough' tan largo y denso que las pelotas de golf pueden ser difíciles de encontrar.

Foto: Zona de entrenamiento del mejor campo de golf español. (Club Valderrama)

El Augusta National también cuenta con defensas: sus famosos greens complicados, colinas onduladas y ángulos difíciles que obligan a los jugadores a alterar constantemente la trayectoria de sus golpes. Pero cuando los golfistas golpean la bola más lejos, eso puede desequilibrar el cálculo riesgo-recompensa al que se enfrentan en este campo en particular.

La creciente destreza de los profesionales del golf hace que los hoyos sean más cortos. La solución es hacer los hoyos más largos. Eso es lo que el Augusta National ha vuelto a hacer de cara a este 'major'.

El hoyo 11, apodado "White Dogwood", y el comienzo del famoso Amen Corner, es uno de los hoyos que ha sido revisado para adaptarse a esta realidad moderna. Con un par de 4, hace un año tenía 505 yardas. Ahora es de 520 yardas. Sin embargo, añadir 15 yardas a un hoyo no solo lo hace 15 yardas más largo.

La idea es que cualquier cambio y distancia añadida debe alterar —y desafiar— qué golpes son razonables y factibles para los mejores jugadores. Esos ajustes, cuando se hacen bien, pueden amplificar la amenaza de los peligros que ya existen.

El hoyo número 15 es el otro que se ha alargado de manera notable. Ahora cuenta con 20 yardas más, quedando en 550 yardas en total

Según declaró Roy McIlroy el pasado martes, el hoyo número 11 "es prácticamente un hoyo nuevo".

McIlroy señaló que el golpe de salida en el 11 es en realidad menos desalentador porque se ha eliminado un grupo de árboles en el lado derecho del hoyo. Esto podría hacer que el golpe de salida sea más atractivo, pero sigue habiendo un puñado de árboles, ubicados justo en el lugar donde un profesional podría aterrizar su golpe de salida, que están listos para causar estragos.

La longitud añadida del hoyo hará particularmente difíciles los segundos golpes de los jugadores. Tendrán que lidiar con una distancia 15 metros mayor hasta un green en el que es notoriamente difícil acertar —este hoyo ya está clasificado históricamente como el segundo más difícil del campo—. El agua a la izquierda del green también ha cobrado mayor importancia, haciendo que el ángulo de cualquier golpe de aproximación sea más peligroso de lo que ya era.

"La penalización por fallar el segundo golpe es mayor que antes", afirmó McIlroy.

El hoyo número 15 es el otro que se ha alargado de manera notable. Ahora cuenta con 20 yardas más, quedando en 550 yardas en total. El "Firethorn" es considerado el segundo hoyo más fácil del Masters. Con un par de 5, a menudo es posible terminarlo en dos golpes, dando a los jugadores una oportunidad de obtener un eagle y de hacer un esfuerzo tardío por terminar una ronda.

La nueva ubicación de la caja de salida aumenta las posibilidades de obtener este resultado. Cualquiera que quiera llegar al green en dos golpes se verá obligado a subir por el lado derecho para evitar un grupo de árboles que pueden interponerse en el camino. Y esos 20 metros extra no serán especialmente divertidos para aquellos cuya bola caiga en el agua que queda justo delante del green.

El hecho de que el rico y famoso Augusta National Golf Club tenga que retocar sus terrenos de juego de vez en cuando puede parecer un problema para pijos. No obstante, los campos de todo el mundo se enfrentan a este mismo problema a medida que crecen en longitud para adaptarse a las tendencias modernas. Los campos más largos dan lugar a rondas de golf más largas para los jugadores que acuden los fines de semana. Su mantenimiento es más costoso, tanto en términos económicos como de recursos medioambientales. Eso significa que son más caros para todos sus usuarios.

Quizá no sea una coincidencia que las reflexiones existenciales de Ridley sobre el efecto de la distancia en el golf y en el torneo que supervisa se produjeran después de que Dustin Johnson batiera el récord del Masters en 2020, cuando ganó con una puntuación de 20 bajo par. Ese año también obtuvo el promedio de puntuación más bajo registrado.

Aun así, esa edición del torneo fue inusual en muchos sentidos: se jugó en noviembre después de que se retrasara por el inicio de la pandemia. Cuando Hideki Matsuyama ganó hace un año, su puntuación final de 10 bajo par fue más normal.

El impacto de estos cambios sobre la dificultad del Augusta National no estará claro hasta que los jugadores salgan al campo el jueves. Seguirá siendo el Masters. Solo que será más largo que nunca.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'

Fred Ridley, el presidente del estoico Augusta National Golf Club, lanzó el año pasado un mensaje más contundente de lo habitual acerca de la capacidad de su club para combatir uno de sus mayores retos: el creciente poder de los golfistas modernos.

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