Así ha ayudado la carrera contra el cáncer a crear la vacuna del covid de Pfizer y BioNTech
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Así ha ayudado la carrera contra el cáncer a crear la vacuna del covid de Pfizer y BioNTech

Es una de las vacunas más rápidas de la historia, pero lleva confeccionándose 30 años por dos científicos de origen turco en una ciudad de la Alemania rural

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La historia de la primera vacuna del covid-19 autorizada en Occidente empezó hace 30 años en la Alemania rural, cuando dos jóvenes médicos, hijos de inmigrantes turcos y enamorados, se comprometieron a crear un nuevo tratamiento para el cáncer.

La alemana BioNTech y su socia estadounidense Pfizer han tardado 10 meses en desarrollar la vacuna que ha conseguido la autorización para uso de emergencia en Reino Unido este miércoles —batiendo el récord anterior de una vacuna en Occidente por más de tres años—.

Pero para los fundadores de BioNTech, Ugur Sahin y Özlem Türeci, el matrimonio detrás del exitoso proyecto, ha sido el resultado de tres décadas de esfuerzo, que empezaron mucho antes de que apareciera la pandemia del coronavirus el invierno pasado.

Cuando golpeó la pandemia, el Dr. Sahin llevaba años estudiando el ARN mensajero (ARNm), material genético que puede introducirse en el cuerpo para ayudarlo a inmunizarse frente a virus y otras amenazas. En enero, días antes de que la enfermedad se diagnosticara por primera vez en Europa, utilizó sus conocimientos para desarrollar una versión de la vacuna en su ordenador de casa.

Foto: Dosis de la vacuna de Pfizer. (Reuters)

“El éxito de Ugur y Özlem reside en una combinación increíble de dos personas que se complementan el uno al otro”, dice Rolf Zinkernagel, premio Nobel suizo que una vez contrató al Dr. Sahin en su laboratorio de Zúrich. “Él es un científico innovador y ella es una clínica increíble, con mucha idea de dirigir un negocio”.

El Dr. Sahin nació en Alejandreta, en la costa mediterránea de Turquía, en 1965. Se mudó a Alemania cuatro años después, cuando su padre fue contratado para trabajar en una fábrica de Ford cerca de Colonia, como parte de una política para reconstruir la Alemania de posguerra con mano de obra extranjera.

El padre de la Dra. Türeci, cirujano, llegó a Alemania en las mismas fechas para trabajar en un hospital católico en el municipio de Lastrup, donde creció inspirada por las monjas que atendían a los pacientes de su padre. Tras haber considerado convertirse en monja, siguió los pasos paternos.

Sahin y Türeci dicen que su frustración como jóvenes médicos por la falta de oportunidades a la que se enfrentaban los pacientes de cáncer a los que ya no les funcionaba la quimioterapia había sido el motor principal de su trabajo con el ARNm. Cuando se conocieron en el Hospital Universitario de Homburg en los años noventa, “nos dimos cuenta de que con las terapias habituales llegaríamos rápidamente a un punto en el que no tendríamos nada que ofrecer a los pacientes”, dice la Dra. Türeci. “Fue un ejercicio educativo”.

La pareja escribió sus tesis doctorales sobre terapias experimentales. Christoph Huber, el entonces director del Departamento de Hematología y Oncología de la Universidad Johannes Gutenberg, en Mainz, y ahora director no ejecutivo de BioNTech, les convenció de que entraran en su facultad. Allí empezaron a investigar sobre nuevos tratamientos basados en programar el propio sistema inmunológico del cuerpo para combatir el cáncer como una enfermedad infecciosa.

En 2001, la pareja inauguró su primera empresa, Ganymed Pharmaceuticals, para desarrollar un tratamiento de anticuerpos. La Dra. Türeci era directora general y el Dr. Sahin estaba al mando de la investigación. “El estímulo era construir un puente de la ciencia a la supervivencia: en nuestra investigación, encontramos soluciones que no podríamos traer a las camas de hospital de nuestros pacientes”, declara la Dra. Türeci.

Un día en 2002, ambos se fueron del laboratorio al medio día y se dirigieron al Registro Civil, donde se casaron antes de volver a ponerse sus batas de laboratorio y volver al trabajo. Los primeros patrocinadores de la pareja y los más importantes fueron Andreas y Thomas Strüngmann, gemelos e inversores multimillonarios que han invertido más de 200 millones de euros en las empresas del matrimonio desde 2001.

“Ugur es el visionario que nos muestra el futuro, y Özlem nos dice cómo llegar a él”, afirma Helmut Jeggle, presidente del consejo de administración de BioNTech y gerente de la oficina familiar Strüngmann. Los hermanos, dice, “estaban contentos de conceder a los dos científicos una amplia flexibilidad estratégica”.

Foto: EC.

En 2008, Sahin y Türeci fundaron BioNTech para expandir su investigación de tratamientos de anticuerpos a ARNm. Desde que vendieron Ganymed por 1.400 millones de dólares en 2016 y reinvirtieron las ganancias en su nuevo proyecto, se han centrado únicamente en BioNTech.

Todos los directores ejecutivos de BioNTech son científicos, incluidos el financiero y el de ventas. El CEO mantiene su cátedra en la universidad local, donde prepara a estudiantes de doctorado, a veces con la vista puesta en la contratación. Cuando habla de su trabajo, el Dr. Sahin, que lleva un amuleto turco llamado 'nazar' alrededor del cuello, a menudo va a la pizarra para escribir fórmulas.

El equipo de BioNTech, mitad mujeres, incluye a científicos de 60 nacionalidades distintas, incluidas autoridades en el campo del ARNm como Katalin Kariko, profesora de Bioquímica en la Escuela de Medicina de la Universidad de Pensilvania. “La mayoría de CEO de las biotecnológicas son hombres de ventas, pero Ugur es un científico que me convenció porque saben hacer ciencia”, explica la profesora Kariko, que es húngara. “No hay ensayos de nuestros productos, nadie los ha fabricado antes”.

El 25 de enero, sábado, Sahin leyó en un diario sobre una oscura enfermedad en China. Se puso a trabajar y diseñó 10 posibles vacunas

El 25 de enero, sábado, tras leer un estudio que dice le convenció de que la oscura enfermedad de China pronto envolvería el mundo, el Dr. Sahin se puso a trabajar en su ordenador. Diseñó el modelo de 10 posibles vacunas para el coronavirus, uno de las cuales se convertiría en BNT162b2, la vacuna autorizada en Reino Unido este miércoles.

Más tarde, ese mismo día, le comunicó a Jeggle que BioNTech reenfocaría su trabajo en la lucha contra un virus que todavía no tenía nombre y que todavía no había sido diagnosticado en Europa. “Estaba, como poco, sorprendido”, dice Jeggle, que lleva trabajando con Sahin desde 2001. “No disponíamos de mucho capital libre, y estábamos atados a nuestra investigación contra el cáncer”. Sahin mencionó la gripe de Hong Kong en 1968-1969, que se llevó a cuatro millones de personas. Dos horas más tarde, Jeggle accedió.

El lunes siguiente, el Dr. Sahin reorganizó a su personal en turnos de siete días, pidió a los trabajadores clave que cancelasen sus vacaciones y dejaran de utilizar el transporte público. Lightspeed Project, como bautizó al proyecto, desarrollaría una vacuna en meses en vez de años, y así ha sido.

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En febrero, Sahin observaba el efecto de la vacuna en un microscopio. Se hizo un selfi con dos trabajadores que estaban allí. “Creo que este es el nacimiento de nuestra vacuna candidata”, escribió.

BioNTech había estado trabajando con Pfizer para desarrollar una vacuna para la gripe basada en la tecnología de ARNm. Así que cuando Sahin necesitó un socio para organizar ensayos clínicos en varios continentes, fabricar el producto globalmente y ayudar a distribuirlo en EEUU y Europa, supo a quién acudir. En marzo, ambas empresas firmaron un acuerdo de colaboración, y en abril, empezaron los primeros ensayos en humanos.

Después, BioNTech compró una empresa estadounidense y una gran fábrica farmacéutica en Alemania para aumentar la producción a expensas de la autorización —un enfoque muy arriesgado si la vacuna fracasaba—. Morgan Stanley calculó que la vacuna reportaría a Pfizer y BioNTech más de 13.000 millones de dólares en beneficios.

placeholder Laboratorios de BioNTech en Mainz, Alemania. (Reuters)
Laboratorios de BioNTech en Mainz, Alemania. (Reuters)

El Dr. Sahin declara que cualquier ganancia será reinvertida. Su objetivo principal no ha cambiado: traer al mercado tratamientos para el cáncer basados en ARNm y otros innovadores, 11 de los cuales ya están en ensayos clínicos.

Muchos científicos se mantienen escépticos ante la idea de que esto es viable. Thomas C. Roberts, científico sénior con posdoctorado especializado en ARNm de la Universidad de Oxford, dice que los resultados fueron emocionantes, pero que la aplicación del ARNm fuera de la vacuna se enfrentaría a desafíos importantes.

Desde Maiz, Sahin discrepa, alegando que la autorización de la vacuna validará su tecnología y “marcará el inicio de un tipo de medicina totalmente nuevo”.

La historia de la primera vacuna del covid-19 autorizada en Occidente empezó hace 30 años en la Alemania rural, cuando dos jóvenes médicos, hijos de inmigrantes turcos y enamorados, se comprometieron a crear un nuevo tratamiento para el cáncer.

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