El tropiezo bursátil de AstraZeneca y los riesgos del 'juego' de las vacunas
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Escasa visibilidad sobre su impacto

El tropiezo bursátil de AstraZeneca y los riesgos del 'juego' de las vacunas

Los inversores se enfrentan a numerosas incertidumbres a la hora de poner números a los resultados que puedan obtener los fabricantes de vacunas contra el coronavirus

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En la carrera por la vacuna contra el coronavirus, AstraZeneca parte en desventaja. La farmacéutica británica ha comunicado este lunes que la vacuna que prepara en colaboración con Oxford ha arrojado unos resultados de eficacia del 70,4%, unas cifras que podrían entenderse como un éxito. Pero si alguien esperó que el anuncio podría resultar un estímulo para las acciones de AstraZeneca, habrá sufrido una notable decepción: las acciones de la compañía sufrieron este lunes un revés del 3,4%, su mayor caída en seis meses.

El tropiezo de AstraZeneca sobre el parqué pone a las claras los peligros a que se enfrentan aquellos inversores que decidan poner su dinero en juego en batalla entre farmacéuticas por obtener el remedio triunfante en la lucha contra la pandemia. Conseguir una vacuna efectiva y aprobada por las autoridades puede verse como un enorme paso adelante en este sentido, pero a partir de ahí son muchas las cuestiones a resolver para hacerla rentable.

Para AstraZeneca, es obvio que —al margen de algunas incertidumbres aún sin resolver sobre cuestiones de seguridad o las dudas que suscitan algunos aspectos de su prueba— la menor eficacia de sus inyectables representa una merma significativa a sus posibilidades de negocio. En circunstancias de igualdad, su menor precio y una logística aparentemente más sencilla podrían significar un punto de partida alentador para la vacuna de la farmacéutica británica. Pero con una brecha de éxito tan grande frente a los resultados presentados ya por Pfizer-BioNTech o Moderna, es lógico preguntarse qué gobiernos decidirán fiar a aquella la resolución de una crisis tan severa como la del coronavirus.

Con una brecha de eficacia elevada frente a Pfizer o Moderna, cabe cuestionarse cuántos gobiernos apostarán por AstraZeneca

No es de extrañar que, en paralelo a los recortes de AstraZeneca, este lunes sus competidores, Pfizer y Moderna, sí acogieran sus noticias con ganancias en torno al 1,5% y el 5%, respectivamente. Quitarse a un rival de en medio o al menos ver reducirse sus opciones— representa también una ventaja para unas compañías que no dependen hoy solo del éxito de sus soluciones, sino que también están pendientes de la posible aprobación de vacunas de otros colaboradores para calibrar el éxito comercial de las suyas. Sin embargo, con más de 160 vacunas actualmente en fase de investigación, las amenazas de competencia no pueden considerarse, ni mucho menos, conjuradas.

Es innegable que ante una enfermedad extendida a escala global, como es el coronavirus, existe un mercado suficientemente amplio para que varias vacunas rivales convivan y arrojen a sus fabricantes rendimientos suficientes para hacer rentables las investigaciones asociadas. Pero ponerle cifras al potencial de negocio representa un ejercicio tan incierto, que los riesgos de pasarse por exceso o por defecto son enormes.

Así se explica que entre los analistas que cubren Moderna —una compañía que acumula ganancias bursátiles superiores al 400% en el año y cuyo negocio a corto plazo depende casi en exclusiva de la vacuna contra el covid-19— convivan los que auguran un recorrido adicional para sus acciones de hasta el 66% con los que sitúan su precio objetivo más de un 40% por debajo de los niveles actuales.

Mientras las acciones de Rovi suben más de un 40% desde julio, las expectativas de ingresos han sumado solo un 3,3% en el mismo periodo

Y esta falta de visibilidad también se puede contemplar en el mercado español, en el caso de Laboratorios Rovi, que cuenta con un acuerdo con Moderna para el llenado y envasado de su vacuna fuera de Estados Unidos y Japón. Desde el anuncio del acuerdo, el pasado julio, el grupo que dirige Juan López-Belmonte ha visto dispararse el valor de sus acciones más de un 40%, pulverizando máximos históricos, hasta alcanzar niveles de capitalización por encima de los 2.000 millones. Mientras, sus estimaciones de ingresos para 2021 apenas se han elevado un 3,3% en este periodo, con la mayor parte de las firmas de análisis esperando a tener más claridad sobre el posible impacto de la vacuna de Moderna antes de incluirla en sus pronósticos.

Con todo, en el abanico de precios objetivos en torno a Rovi, es posible toparse con las valoraciones de 44,5 euros que le otorgan en JB Capital (un 19% por encima de sus niveles actuales) o los 28,1 euros en que sitúan la suya en Edison Investment (casi un 25% por debajo). Y no es de extrañar tal disparidad si se sigue el ejercicio que recientemente hacían los analistas de Banco Sabadell, en el que describían el distinto impacto que tendría en la valoración de Rovi la vacuna de Moderna en función del volumen de ventas de la misma y las ganancias que pudiera reportar a la farmacéutica española. Entre el escenario más optimista y el más pesimista, la diferencia superaba el 57%.

La lucha de la industria farmacéutica contra el coronavirus tiene aún muchas incógnitas que despejar, y determinar cuáles serán las vacunas triunfadoras no es, ni mucho menos, la más sencilla. Para Pfizer y Moderna, la ventaja obtenida hasta ahora puede verse como un factor crucial, pero no decisivo, del mismo modo que el tropiezo de este lunes de AstraZeneca no debe descartarla como una de las posibles beneficiadas de esta carrera si logra despejar los recelos que pueden haber sembrado los resultados de sus pruebas. Poner cifras a tales desarrollos resulta aún hoy un ejercicio demasiado arriesgado, que puede dar muy buenos resultados, pero que también expone a sonoros tropiezos.

En la carrera por la vacuna contra el coronavirus, AstraZeneca parte en desventaja. La farmacéutica británica ha comunicado este lunes que la vacuna que prepara en colaboración con Oxford ha arrojado unos resultados de eficacia del 70,4%, unas cifras que podrían entenderse como un éxito. Pero si alguien esperó que el anuncio podría resultar un estímulo para las acciones de AstraZeneca, habrá sufrido una notable decepción: las acciones de la compañía sufrieron este lunes un revés del 3,4%, su mayor caída en seis meses.

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