Trocear Facebook no va a ser tan fácil: Zuckerberg se prepara para la batalla
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Trocear Facebook no va a ser tan fácil: Zuckerberg se prepara para la batalla

La red social con más usuarios de todo el mundo se prepara para enfrentarse a un intento de fragmentación, el que quizás es su punto más débil

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Trocear Facebook no va a ser tan fácil: Zuckerberg se prepara para la batalla

Los abogados de Facebook están claramente preocupados por la posibilidad de una fragmentación de la compañía. Tienen motivos para estarlo.

A modo de preparación para una ofensiva gubernamental anticipada, el equipo legal de la red social ha redactado un documento interno exponiendo su estrategia de defensa. El documento apareció antes de un informe publicado el martes por el subcomité de competencia del Congreso de EEUU que detallaba los hallazgos de su investigación sobre Facebook y sus colegas tecnológicos Amazon, Apple y Alphabet. El informe solicitó al Congreso obligar a los gigantes tecnológicos a separar sus plataformas ‘online’ de otras líneas de negocio.

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Facebook es de lejos la más pequeña de esas empresas, tanto en ingresos anuales como en valor de mercado. Pero podría ser la que se enfrente al mayor riesgo de ser fragmentada. En primer lugar, el papel de Facebook en la difusión de desinformación y otros contenidos perjudiciales lo ha convertido en objetivo para ambos sectores del pasillo político. Por otra parte, su negocio se compone principalmente de tres aplicaciones muy diferentes; su ‘app’ central Facebook, Instagram y WhatsApp. Las dos últimas fueron adquiridas por la compañía en 2012 y 2014, respectivamente. Desde entonces, se han vuelto clave para su porvenir, especialmente desde que el crecimiento del uso de la ‘app’ de Facebook se ha ralentizado en EEUU y Europa, donde se generan cerca de tres cuartas partes de los ingresos publicitarios de la compañía.

Por eso, Facebook ha hecho grandes esfuerzos por incluir las dos aplicaciones en sus operaciones. Eso se hizo especialmente evidente en 2018, cuando los fundadores de las dos aplicaciones adquiridas abandonaron la empresa, aparentemente por su pérdida de autonomía. El documento interno presentado por 'The Wall Street Journal' también señalaba lo bien que han sido integradas las aplicaciones desde el punto de vista técnico, lo que plantea que un desmantelamiento de las operaciones resultaría en costes extra y perjudicaría la seguridad y la experiencia de usuario. Naturalmente, los documentos describen un escenario de fragmentación como ‘una causa perdida total’ —la señal más segura hasta ahora de que la empresa reuniría todos sus recursos legales para combatir tal medida—.

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Pero para la base de usuarios de Facebook, las aplicaciones proporcionan experiencias muy diferentes. Eso se ha vuelto especialmente evidente cuando Instagram y su conocida función de ‘stories’ estilo Snapchat se ha vuelto popular entre los usuarios más jóvenes, desanimados con la aplicación central, Facebook. Y para el público general, las tres siguen siendo distintas: una encuesta del Pew Research del año pasado descubrió que menos de un tercio de los adultos estadounidenses era consciente de que Instagram y WhatsApp pertenecen a Facebook.

Perder Instagram sería especialmente doloroso. La aplicación se ha convertido en un contribuidor considerable para el negocio publicitario de su matriz. Facebook no separa el rendimiento financiero de sus aplicaciones, pero estimaciones de analistas recogidas por Visible Alpha señalan que Instagram ha generado cerca de 20.000 millones de dólares en ingresos este año —un cuarto de los ingresos publicitarios totales previstos por la compañía—. Los mismos analistas dicen que Instagram crecerá hasta representar cerca de un tercio del negocio publicitario de Facebook en los próximos dos años.

Facebook podría argumentar —con razón— que ha tenido un papel importante en la transformación de Instagram en el gigante que es. Pero ahora parece que la aplicación para compartir fotografías podría apañárselas perfectamente por sí misma, con una base de usuarios que todavía ignora en gran medida su propiedad corporativa. A los legisladores que buscan una victoria contra las ‘big tech’ puede que les guste esa imagen.

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