La nueva normalidad y la ruina de los autobuses
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La nueva normalidad y la ruina de los autobuses

El mundo del dinero encierra claves de poder y de intereses que explican el sentido de muchas operaciones, movimientos y desenlaces. Ibex Insider ofrece pistas para entender a sus protagonistas

Foto: Imagen: EC.
Imagen: EC.

Hay muchos y para usos variados: urbano, largo radio, rutas escolares, turístico... Más de 3.000 compañías de transporte prestan servicios públicos y privados en nuestro país. El sector del autobús es otra de las víctimas de esta crisis sanitaria, pero las secuelas amenazan con demorar a 2022 la vuelta a la normalidad del negocio. Y si nadie lo remedia, una parte importante (muy atomizada y de carácter familiar) se quedará por el camino.

Este mes de mayo, el ministro de Transportes, José Luis Ábalos, ha confirmado hasta en tres ocasiones su voluntad de articular un fondo de contingencia para ayudar al sector del transporte público a paliar su situación crítica. Sin embargo, ni ha hablado de fechas ni tampoco del importe de ese plan, aunque ha dejado ver que podrían ser cerca de 500 millones, muy lejos de las pérdidas estimadas por la patronal Confebus, de hasta 2.000.

Hasta que ese dinero llegue al sector, las urgencias aprietan. El negocio se desplomó casi hasta cero en las primeras semanas de crisis, para remontar a un insuficiente 30% actual, según estimaciones de ATUC (Asociación de Transporte Urbano y Metropolitano). Por el camino, muchos han tenido que mantener los servicios, incurrir en costes extraordinarios para aumentar medidas de seguridad y operar con limitaciones de capacidad.

Nada hará posible alcanzar la cifra de 4.000 millones de desplazamientos realizados en 2019

No hace falta inventar nada distinto a lo hecho en países como Francia o Reino Unido. Al menos, desde que se hizo obligatorio el uso de mascarillas, medida reclamada con anterioridad por el propio sector, se ha recuperado cierta sensación de seguridad por parte de los clientes. Aun así, nada hará posible alcanzar la cifra de 4.000 millones de desplazamientos realizados en 2019, ni siquiera para el año que viene. Demasiados cambios a la vez.

A la mayoría de ERTE, en el corto plazo se suman las tensiones financieras provocadas por los costes fijos de las flotas (contratos de 'leasing'), imposibles de aplazar salvo flexibilidad de los fabricantes (Scania, Man, Iveco...). Otra cosa es el medio plazo, donde la demanda de servicios de transporte puede verse alterada por nuevos hábitos, como el teletrabajo, o la coyuntura económica (desempleo), además de la transición ecológica en marcha.

Foto: Un autobús de ALSA en Madrid (EFE)

Este último punto podría ser una baza a favor del transporte colectivo como el autobús, además de las soluciones de movilidad compartida, pero las manifestaciones hechas en favor del uso del coche han sorprendido al sector. Ha sido como la puntilla inesperada, a pesar de la experiencia tan positiva vivida durante el tiempo de confinamiento, sin apenas vehículos en las ciudades, que ha permitido reformular el uso de los espacios urbanos.

Hasta que Ábalos o Ribera consigan dar forma al fondo de ayuda, serán las comunidades autónomas quienes puedan habilitar las primeras ayudas finalistas al sector, sobre todo si se tiene en cuenta que salvo grandes urbes como Madrid, Barcelona, Sevilla o Valencia, el grueso del transporte urbano (y en los anillos metropolitanos) lo prestan compañías privadas bajo concesión. El universo del autobús necesita mucho más que un plan Renove.

Transporte Autobús José Luis Ábalos