Ferrovial, con la cruz a cuestas: pierde la mitad de su valor en bolsa en siete meses por la carga de su deuda de 30.000 millones

Aguantar el chaparrón. Ferrovial sufre uno de los momentos empresariales más complicados en su corta historia bursátil. Salió a cotizar en 1999, no precisamente con buen

Aguantar el chaparrón. Ferrovial sufre uno de los momentos empresariales más complicados en su corta historia bursátil. Salió a cotizar en 1999, no precisamente con buen pie en su primer año en los mercados. Pero se rehizo. Quizá como espera que suceda ahora. La refinanciación de su deuda -esto es, una mejora de las condiciones de crédito con los bancos- sigue siendo un quebradero de cabeza para la compañía que preside Rafael del Pino.

La suspensión sine die de la emisión de bonos sobre BAA, anunciada el 31 de enero de 2007, pesa como una losa sobre la compañía. Ferrovial actúa en consorcio con un fondo de Singapur y una caja canadiense a través del vehículo estructurado ADIL. Ferrovial pretendía realizar la mayor emisión de bonos de la historia en Europa, por valor de, al menos, 12.000 millones de euros, conseguir la triple AAA -rating reservado a los emisores de más alta calidad- y plantear a los bancos una abaratamiento notable de sus líneas de crédito. La compañía lidera el ránking del sector, que debe 100.000 millones de euros, más que eléctricas y Telefónica juntas.

La emisión de obligaciones sobre activos regulados por el Estado conlleva, como es el caso, una asimilación de las calificaciones o rátings a la deuda pública. Parece que sólo fue un sueño, que se ha tornado en pesadilla. La crisis subprime, ampliada a todos los ámbitos del crédito, provocó lo contrario. Primero, el cierre de las puertas de los mercados. Segundo, el endurecimiento de las condiciones financieras y, por tanto, el pago de más intereses. Ha bajado la marea y Ferrovial ni siquiera puede taparse. La venta de activos por valor de 4.000 millones de euros realizada desde la compra de BAA (Budapest, Australia y Habitat) no ha mitigado una presión que se hace insostenible. La acción ha caído a mínimos desde mayo de 2005.

Deuda (30.000 millones), capitalización (6.000 millones)

Como reconocía el consejero delegado (CEO), Joaquín Ayuso, en una reciente entrevista con el diario británico Financial Times, la actual estructura de los créditos es cara. "Obviamente, cuanto antes consigamos la refinanciación, será lo mejor". Por el bien de Ferrovial así debe ser. El ejecutivo de la compañía reconoció que los planes de refinanciación han quedado congelados y que esperará hasta marzo para reactivarlos. La condición indispensable es que otra renegociación: la de las tarifas de los aeropuertos de Gatwick y Heathrow en Londres. Son las consecuencias de la crisis. "No tienen ni idea de lo mal que lo están pasando los chicos ahí fuera", que diría el histriónico Jim Cramer. Pero es así. En Ferrovial lo están pasando mal.

Algunos modelos de negocio parecen haber pasado a mejor vida, como el project finance, que parece ideado por los inventores de los SIV o las propias subprime. Esta técnica consiste en obtener financiación para un proyecto utilizando sus ingresos futuros y el valor futuro del activo, cargando las deudas contra la sociedad filial y evitando que recaigan sobre la matriz. El propio proyecto actúa como garantía en caso de impago, como en el caso de una hipoteca. De esta manera es como Ferrovial ha ido acumulando una deuda financiera neta (la deuda menos la caja y las inversiones a corto plazo) de 30.000 millones de euros (la suma del conjunto de sus sociedades filiales y la matriz), es decir, cinco veces (un 400%) el valor actual en bolsa de la constructora, de a

Finanzas personales
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