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La gran caída que tanta gente espera pero no acaba de llegar

¿Pero si no llega esa caída brusca? ¿Si los mercados siguen subiendo poco a poco? ¿Qué hacer? Todo un dilema, incluso un "dilema moral", como explicaba Javier Rillo

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"Los mercados están caros", decía este miércoles Nick Clay, gestor de renta variable global de Newton, una de las boutiques de BNY Mellon, en un evento ante clientes en Barcelona. "Me gustan las compañías que tengo en cartera, pero a estos precios no puedo comprar más", añadía. No es habitual esta sinceridad en un gestor de renta variable, pero cada vez se escucha en más gestores. 

Entre ellos, también Beltrán de la Lastra, de Bestinver, que explicaba esta semana que habían aumentado la liquidez de la cartera hasta el 17%, ante la dificultad de comprar compañías a buenos precios y a la espera de una posible volatilidad que traiga oportunidades. 

O también Iván Martín, de Magallanes Value Investors: "El momento actual es tan complejo que el inversor está dispuesto a comprar negocios caros", explicaba en su última carta trimestral a inversores. En ella, les explicaba que mantiene la liquidez en el 10% "dispuesto a ser invertido en caso de que aparezcan buenas ideas de inversión", pero que mientras tanto, prefiere "pagar por tener liquidez antes que malinvertir en activos sobrevalorados". 

No son tres casos excepcionales. Según la última encuesta de Bank of America Merrill Lynch, la liquidez en las carteras de los gestores se ha disparado a niveles sólo vistos en situaciones de crisis de mercado. Y, normalmente, después de producirse episodios de pánico. Lo verdaderamente extraño es que esto suceda no para poner el dinero a recaudo tras un susto... Sino por si acaso. 

Y no sólo los gestores profesionales están con la mosca detrás de la oreja, sino los propios inversores particulares. Tal como destacaba el usuario Advisor en Finect, la red social de finanzas, la encuesta de la AAII, que mide el sentimiento de los minoristas en EEUU, muestra que el pesimismo se encuentra en una zona muy elevada, algo que sólo suele producirse tras grandes caídas en mercado y no al revés. Hasta ahora, lo normal era que en momentos de máximos en las cotizaciones, los particulares se declarasen en estado de euforia.

¿Entonces? ¿Puede darse una gran caída cuando muchos gestores se han ido a liquidez y los particulares están tan pesimistas? Según la teoría de la opinión contraria, habría que ponerlo en duda. En un principio, si tanta gente espera que la bolsa caiga, mucha gente habrá vendido ya parte de sus acciones, por lo que no habría tanta presión vendedora como para provocar un desastre total. 

Lo más normal en estos casos sería que sucediera algo parecido a lo que vimos con el Brexit, cuando también las bolsas estaban en un momento alcista pero la liquidez estaba disparada en las carteras. Entonces, llegó la caída, inicialmente muy pronunciada, pero en los días siguientes entró rápidamente en mercado parte de esa liquidez que había estado esperando en las cunetas. 

¿Pero si no llega esa caída brusca? ¿Si los mercados siguen subiendo poco a poco? ¿Qué hacer? Todo un dilema, incluso un "dilema moral", como explicaba Javier Rillo, gestor del fondo Ibercaja Alpha, en la carta que envió hace poco a sus clientes. "La experiencia vital me lleva a mantener la prudencia. La supervivencia como profesional reconozco que apunta en sentido opuesto. Sin embargo, el hecho de que más de la mitad de la deuda emitida en Europa cotice a tipos negativos no debería ser justificación para pagar múltiplos de valoración por encima de medias históricas". 

Un mundo complejo, cada vez más.

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