Vídeo: el resonante concierto de nuestros anfibios sumergidos en el barro
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Sábados de campo

Vídeo: el resonante concierto de nuestros anfibios sumergidos en el barro

Estos reptiles, capaces de mantener a raya a plagas de lo más molestas para nosotros (como los mosquitos), también son capaces de interpretar auténticos espectáculos sonoros

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Rana común europea.

La palabra 'croar' lo dice todo. La voz rota de los anfibios se debe a un truco, un recurso acústico que explotan con gran éxito. En nuestras latitudes la mayoría de las especies utilizan unos resonadores de voz, uno o dos sacos de piel en la garganta, los sacos gulares, que vibran al llenarse de aire y generan ese sonido peculiar, similar al que se produce al frotar la membrana tensa de una pandereta o de un globo. La eficiencia del método no se puede discutir; no hay más que comprobar el estruendo de un coro de ranas cantando al unísono.

Croa, con voz rota, una rana común. Croan dos o tres ranitas de San Antón, que parecen competir por quién tiene la voz más cascada, y sus llamadas sincopadas acaban formando un coro palpitante. Ronronean, más que croan, los sapos corredores. Uno solo emite un sonido distorsionado. Pero la suma de muchos a la vez pule las aristas y forma un murmullo dulce y continuo.

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Pero esta capacidad de hinchar los sacos en la garganta sin emitir el aire al exterior ofrece una segunda aplicación práctica, muy importante para animales que viven a flor de agua: cantar sumergidos. De debajo de la superficie emergen los ronquidos atenuados, aunque perfectamente audibles, de los sapos de espuelas.

Tenemos, en fin, un ejemplo de cómo sería la voz natural de los anfibios si no recurrieran a su resonador. Apartados del agua, en zonas más secas y semienterrados en la arena, se escuchan los pulsos breves, sin modulaciones, de los sapos parteros cantando, como quien dice, en acústico, sin amplificación: la voz más simple del concierto del barro.

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