LA DESCOMPOSICIÓN DEL PARTIDO DE GARAIKOETXEA

La caída de EA: de ser fuerte en Ajuria Enea a ser engullido por Bildu entre luchas internas

La formación proclama este lunes secretaria general a Eva Blanco sin primarias tras la polémica expulsión del candidato del sector crítico, que exige mayor peso y autonomía en la coalición

Foto: Carlos Garaikoetxea (izquierda) y Maiorga Ramírez. (EFE)
Carlos Garaikoetxea (izquierda) y Maiorga Ramírez. (EFE)

El 'exlendakari' Carlos Garaikoetxea asegura hoy estar "casi arrepentido" de haber avalado el Estatuto de Gernika —era el presidente del Consejo General Vasco (el órgano preautonómico del País Vasco) durante la negociación del texto normativo— a la vista de su falta de ejecución, con más de una treintena de competencias pendientes de ser transferidas, cuando se cumplen ahora 40 años de su ratificación en referéndum el 25 de octubre de 1979. Quién sabe si el que fuera primer presidente vasco tras la promulgación del Estatuto lamenta igualmente haber fundado Eusko Alkartasuna (EA) en 1986 como escisión del PNV a la vista de la actual fotografía del partido, diluido dentro de la coalición EH Bildu y en plena descomposición interna por la fuerte división existente.

La grave crisis que padece EA se refleja en el proceso interno para elegir a su líder tras la sorpresiva dimisión de Pello Urizar, que a finales de junio puso fin a una década al frente del partido en una decisión a día de hoy no exenta todavía de interrogantes. Oficialmente, Eva Blanco será proclamada automáticamente este lunes secretaria general sin pasar por las primarias después de que su rival, Maiorga Ramírez, quien cuenta con el apoyo mayoritario interno, haya sido expulsado de la carrera por el liderazgo del partido tras la decisión de la Comisión de Organización Electoral (COE) de invalidar su candidatura por irregularidades en los avales presentados en la organización territorial de Iparralde.

Ramírez cuenta con el apoyo de Garaikoetxea en la demanda de una identidad propia y un mayor peso y autonomía en EH Bildu, donde ahora EA está diluida

Pero el nombramiento de facto de la aspirante de la corriente oficial no va a poner fin a la batalla interna que existe por el control de EA, toda vez que el abanderado del sector crítico ha recurrido la anulación de su candidatura ante la Comisión de Garantías del partido. Por su parte, la parlamentaria vasca ha respondido exigiendo la inhabilitación de dos de los cinco miembros de este organismo por ser leales a Ramírez, a quien acusa de controlar este comité, que le ha sido favorable en las decisiones que ha venido adoptando en los últimos meses por tres votos contra dos. Esta disputa dentro de las primarias internas, en la que es la primera vez que EA se decanta por dar la palabra a sus afiliados como fórmula para elegir de forma directa a su líder, está repleta, además, de graves acusaciones públicas entre una y otra corriente que se han acrecentado esta semana, y que han implicado al propio Garaikoetxea, que desde su marcha del partido en 1999, siempre ha optado por mantener un perfil bajo ante los diferentes choques internos.

El motivo de enfrentamiento es, en esencia, el papel a desempeñar dentro de EH Bildu, la coalición 'abertzale' que surgió en 2011 con EA como uno de los partidos impulsores. La formación socialdemócrata independentista apostó por esta unión de fuerzas soberanistas ante su declive electoral, evidenciado en las elecciones vascas de dos años antes que le habían empujado a salir de Ajuria Enea, donde había convivido desde 1995 bajo diferentes gobiernos en coalición —con el PNV en solitario o en compañía también del PSE o de Izquierda Unida—, con carteras de mucho peso, como Educación o Justicia. Atrás habían quedado esos iniciales tiempos en los que la formación de Garaikoetxea llegó a rebatir el liderazgo electoral al partido del que se disgregó.

La parlamentaria de EH Bildu y próxima secretaria general de EA, Eva Blanco. (EA)
La parlamentaria de EH Bildu y próxima secretaria general de EA, Eva Blanco. (EA)

Ramírez cuenta con el apoyo explícito de Garaikoetxea en la reivindicación de una identidad propia y una mayor autonomía y visibilidad dentro de EH Bildu, donde ahora mismo EA está fagocitada por Sortu, la marca ortodoxa de la 'izquierda abertzale', que ejerce un férreo control de la coalición. El parlamentario navarro advierte de que el partido "corre el riesgo de desaparecer" si no adquiere mayores cotas de soberanía dentro de la coalición y acusa a Blanco de "pretender acallar con medidas represivas y amenazas a todo aquel que no comparta la línea estratégica de diluir EA en EH Bildu", por lo que anuncia que "agotará todas las vías" para "conseguir devolver la palabra a la afiliación".

Lo dice porque, sobre el papel, goza del respaldo mayoritario del partido. De hecho, contaba con más de 400 avales de cara a las primarias frente a los escasos 60 apoyos que sumaba Blanco, apenas diez más de lo que establece el reglamento de EA para poder ser candidato —hubo un tercer aspirante, Juan Luis Cristóbal, pero fue excluido por "no presentar avales ni la documentación exigida"—. Pero el respaldo mayoritario interno ha quedado en agua de borrajas a efectos prácticos por lo sucedido en la captura de avales en Iparralde, donde los afiliados no llegan a la treintena. El reglamento establece que los aspirantes deben reunir al menos cinco firmas en cada una de las cinco organizaciones territoriales —las tres provincias vascas, Navarra y el País Vasco francés— y la COE solo validó dos de los siete avales presentados por Ramírez por diferentes irregularidades como ausencia de identificación válida, firmas de terceras personas, duplicidad de apoyos a ambos candidatos o respaldos fuera de plazo.

El candidato del sector crítico, expulsado de las primarias por irregularidades en los avales en Iparralde, contaba con más de 400 apoyos

Ramírez ha calificado de "esperpénticos" y de "excusas burocráticas sesgadas" los argumentos esgrimidos por la Comisión de Organización Electoral para anular las firmas e, incluso, ha acusado a la comisión electoral de favorecer a la candidata oficial al entregarle el censo de los militantes de EA en el País Vasco francés "mediante un sobre en el tablón de anuncios de un bar apenas cuatro horas antes de finalizar el plazo" de entrega de los apoyos requeridos. Las diferencias también alcanzan a la validez o no de este requisito mínimo territorial, ya que el candidato del sector crítico defiende que la Comisión de Garantías ha determinado que no se requiere un mínimo de avales por organización, pero la corriente oficial replica que la Asamblea Nacional, donde sí ostenta la mayoría, decidió mantener este criterio.

Estas desavenencias técnicas, fundamentales para dirimir el control del partido, no hacen sino reproducir el permanente choque de trenes interno por las relevantes diferencias políticas de fondo que existen. Porque la discusión sobre la supeditación a la antigua Batasuna dentro de EH Bildu no es de ahora. Ramírez ya salió escaldado del último congreso de EA, celebrado en 2017, donde su planteamiento de reclamar una mayor presencia y peso dentro de la coalición, y que contaba con el aval de Garaikoetxea y otros fundadores del partido, no se impuso al pragmatismo que abanderaba Pello Urizar, la persona que empujó al partido a la fusión 'abertzale' en 2011 para responder a la grave crisis electoral en la que estaba sumida el partido tras el declive de 2009, y que logró retener el poder por apenas 14 votos.

Por aquel entonces, los críticos ya denunciaron la falta de "democracia interna" la "ausencia de transparencia" y la falta de participación en "debates sustanciales" en el seno de EH Bildu, que estaba afrontando un proceso de redefinición que derivó en la disolución de una de sus patas, Aralar, el partido surgido del sector crítico de la 'izquierda abertzale' que fundó Patxi Zabaleta en 2001, para que sus militantes se integraran en la coalición.

Las dos corrientes antagónicas de EA están lideradas por los dos cargos del partido con mayor presencia institucional actual: Tanto Blanco como Ramírez son miembros de la Mesa de los Parlamentos vasco y navarro, respectivamente. Ahora, entre recursos, denuncias y acusaciones, la formación que surgió en 1986 como escisión del PNV y que llegó a poner en serios aprietos a nivel electoral a la formación abanderada por José Antonio Ardanza —en sus primeras elecciones vascas obtuvo solo cuatro diputados menos que la formación 'jeltzale'— intenta hacer frente a su progresiva descomposición con la proclamación automática este lunes de la candidata del sector oficialista como secretaria general. "¿Qué credibilidad va a tener ante la afiliación y el resto de partidos?", denuncia Ramírez, que cuenta con el respaldo de los líderes del partido en Guipúzcoa, Navarra y Álava, ante la falta de apoyo interno de Blanco. "La militancia no se merece una secretaria general que entre por la puerta de atrás", remarca. Por lo pronto, la puerta principal está abierta a una nueva tempestad que amenaza con hundir un barco a la deriva.

País Vasco

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