hay quien recorre más de 200 kilómetros

En busca de alcohol, tabaco, gasolina... y chorizo y jamón: los franceses invaden Irún

La frontera de Behobia está colonizada por galos que aprovechan las vacaciones o el regreso a su hogar tras el periodo estival para cargar el coche por la sustancial rebaja de precios

Foto: Numerosos franceses aguardan a comprar tabaco en un estanco de la frontera de Irún. (J. M. A.)
Numerosos franceses aguardan a comprar tabaco en un estanco de la frontera de Irún. (J. M. A.)

Encontrar estos días un coche con matrícula española en los aparcamientos de la zona comercial de Behobia, en el paso fronterizo de Irún, es poco menos que una misión imposible. “¿Cómo funcionar máquina [de aparcamiento]?”, pregunta en un peregrino castellano un 'peregrino' francés acompañado por su familia. Aquí todo es un peregrinaje. Si los españoles acuden a Lourdes, los franceses hacen camino a la frontera. Son dos recorridos marcados por la devoción. La (sustancial) salvedad es que a unos les mueve la fe y a otros el dinero.

Alain sabe perfectamente cómo sacar el 'ticket' de aparcamiento. Es cuestión de experiencia. No alcanza los 30 años y este joven es todo un devoto desde hace tiempo. Es más, ni se acuerda de cuantas peregrinaciones lleva desde Burdeos a Behobia para comprar tabaco. La considerable rebaja del precio -unos tres euros más barato por cajetilla (en algunas marcas la reducción puede llegar al 50%)- compensa el gasto que suponen más de 200 kilómetros de distancia y los correspondientes peajes. Compensa porque sus inseparables compañeras de viaje, de nombre ambas Trolley, sufren a la hora de cerrar la cremallera. Gauloises, Philip Morris y Marlboro se amontonan en su interior.

La considerable rebaja del precio del tabaco, unos tres euros más barato por cajetilla, compensa los más de 200 kilómetros de distancia y los peajes

Responde con una elocuente sonrisa cuando se le interpela por un posible renegocio por su parte. Tampoco borra la sonrisa de su rostro ante la posibilidad de que un control de la Gendarmería le deje sin ‘negocio’. “Mala suerte”, viene a decir. En ese caso, tendría que realizar el viaje de regreso a casa con cuatro cartones –el máximo permitido- como únicos compañeros de viaje. O volver al estanco y arriesgarse de nuevo. Quien sabe. "Muchos franceses vienen aquí para hacer acopio y luego revender. Es una especie de minicontrabando", sostiene un vecino de Irún que "sabe de qué habla". De todos modos, la principal motivación es el consumo privado.

En Behobia, agosto es para ‘hacer el agosto’. Los establecimientos de la frontera constituyen una parada casi obligatoria para miles de franceses que regresan de las vacaciones para adquirir, en esencia, tabaco y alcohol. También esta zona es punto de destino de muchos ciudadanos galos de ciudades próximas a la frontera en que reservan uno de sus días de asueto para realizar esta escapada junto a la familia y llenar el maletero. “Nosotros vamos a PortAventura y ellos vienen aquí”, bromea otro vecino.

Ciudadanos franceses adquieren productos en uno de los establecimientos fronterizos de Behobia, donde destaca el alcohol y el jamón. (J. M. A.)
Ciudadanos franceses adquieren productos en uno de los establecimientos fronterizos de Behobia, donde destaca el alcohol y el jamón. (J. M. A.)

Los locales fronterizos tienen que hacerle un monumento a Emmanuel Macron. La cruzada del presidente francés contra el alcohol y el tabaco -el Gobierno galo comenzó en marzo su incremento paulatino del precio de los cigarrillos con vistas a alcanzar los diez euros por cajetilla para finales de 2020 para combatir el tabaquismo- ha multiplicado el peregrinaje y ha incrementado más si cabe el negocio. También deberían contribuir a la causa las gasolineras, que han visto cómo el incremento de impuestos al diésel ha permitido reeditar esas imágenes no tan lejanas en el tiempo de coches y coches franceses en sus surtidores y que habían desaparecido al equipararse los precios a ambos lados de la frontera.

El negocio va en aumento, pero muchos establecimientos intentan rebajar los números. “Si quitas el verano y las épocas festivas las ventas han caído mucho”, afirma el encargado de una tienda de bebidas. Es el sentir general en unos establecimientos donde, por norma general, las preguntas no son bien recibidas. Hay pocas ganas de hablar y las pocas palabras se encaminan más bien por el terreno de la queja. Se lamentan de que los transportistas ya no compran aquí al proliferar otros negocios similares en zonas próximas, se protesta por el hecho de que a muchos franceses ya "no les compensa" venir aquí… “Antes venían hasta de Toulouse [a más de tres horas de distancia]”, expone la responsable de un establecimiento para dar cuenta de tiempos pasados. Y cita otro ejemplo para añorar periodos anteriores: Hay quien antes compraba cajas enteras de cartones de tabaco. “Que no se quejen que yo trabajo aquí y durante todo el año hay un movimiento continuo”, replica un vecino de Irún, que admite que va "cargado" de botellas y cartones de tabaco por encargo cuando acude a Burdeos y otras zonas de Francia por motivos profesionales.

El idioma francés se impone en los carteles, que llegan a los ojos del vecino galo con letras grandes: "Behobia se hunde si le quitas el alcohol y tabaco"

El idioma francés se impone al español en los carteles, que en letras grandes dejan constancia del ahorro comparativo en las marcas de alcohol y tabaco para llegar a los ojos del ciudadano galo. “Behobia se hunde si le quitas el alcohol y el tabaco”, dice el dueño de un establecimiento de “todo un poco”. Pero lo que ocurre en Behobia no difiere a lo que ocurre en la entrada de Francia a Irún por el puente de Santiago o en los pasos fronterizos navarros, caso de Ibardin o Dantxarinea. En este último punto, la presencia de franceses es continua. Es el centro comercial por excelencia de la frontera. De un tiempo a esta parte se ha incrementado la apertura de ventas de grandes dimensiones encaminadas al mercado galo con todo tipo de servicios, incluida la restauración. Los datos son claros. Más de cuatro millones de vehículos galos cruzan al año por este paso fronterizo. “En los días festivos no cabe un alfiler”, admite el propietario de una tienda, que reconoce que no paran de trabajar durante buena parte del año. No se anda con medias tintas. La evidencia es la evidencia. Que haya cuatro gasolineras practicamente pegadas también dice mucho.

El Ricard y el whisky, en especial Sir Edwards, siguen siendo las bebidas alcohólicas más demandadas. También la sangría sigue teniendo un gran mercado. Pero en los últimos meses se está produciendo un significativo aumento de las ventas de rones de diferentes sabores frutales. “Les encantan estas cosas”, dice el dueño de una tienda de bebidas. Tan habitual es ver a los franceses cargando cajas de alcohol en el maletero de sus coches como que en Guipúzcoa llueva un 23 de agosto. Da igual sol intenso (día 22) que sirimiri continuo (día 23). La presencia de franceses es masiva. Y no solo en la frontera, porque el reclamo del alcohol también llega a los establecimientos de Irún. En una vinoteca situada en pleno centro de la ciudad se admite que los franceses suponen la mitad de su clientela. No es de extrañar por ello que el recibimiento nada más cruzar el umbral de la puerta sea en francés. “Por lo general tienen muy claro lo que quieren”, se resalta desde este local, donde el periodo veraniego es “un no parar”.

Franceses miran perfumes y productos de higiene de un local en Behobia. (J. M. A.)
Franceses miran perfumes y productos de higiene de un local en Behobia. (J. M. A.)

Alcohol y tabaco constituyen la demanda histórica en los pasos fronterizos vascos y navarros, pero el abanico de productos que reclama el ciudadano francés va ampliándose. Geles y todo tipo de productos de higiene, así como perfumes, son cada vez más solicitados. También las conservas, los encurtidos e incluso el turrón, del que son "fanáticos". También cruzan la frontera atraídos por ropa y zapatos. Muy atrás quedan esos tiempos cuando los vascos pasaban el límite a comprar Levis por las sustanciales diferencias del precio de estos pantalones en territorio francés. Ahora, según se coincide en señalar, está habiendo “un 'boom' por los embutidos” españoles, en especial el jamón y el chorizo ibérico. Es cierto que estos alimentos siempre han sido muy apreciados por los franceses que acuden a Irún, pero el interés por estos productos "se ha disparado" en la actualidad. "Los productos ibéricos están en ascenso", se resalta.

Muy atrás quedan esos tiempos cuando los vascos pasaban la muga a comprar Levis por las grandes diferencias de precio en territorio francés

Esta mayor gama de productos demandados está provocando una ampliación y diversificación del comercio en torno a los pasos fronterizos. Luis conoce muy bien estas zonas en su labor de repartidor. Está viviendo en primera persona su transformación y lo tiene claro. “La gran diferencia entre los franceses y los españoles es el dinero que tienen”, reitera una y otra vez durante la conversación. En el país vecino el salario mínimo está establecido en 1.480 euros frente a los 858 de España, según los datos correspondientes a enero de este año. “Es cierto que en Iparralde el nivel de vida no es tan elevado, pero los franceses tienen más alegría a la hora de gastar”, señala Luis.

En todo caso, la pela es la pela. De hecho, no hace mucho tiempo los supermercados españoles atraían a vecinos franceses porque el coste de los alimentos era menor a este lado de la frontera. Pero esto es ya historia en términos generales. Una comparativa del precio de la cesta de la compra básica entre dos hipermercados de Carrefour situados en Oiartzun y San Juan de Luz –separados por 25 kilómetros- apenas depara diferencias significativas. Juan, un español que vive en Hendaia, ya no cruza la frontera para hacer la compra. Ya no le compensa. “No es mucho más barato que aquí y no merece la pena coger el coche y movilizarte por unos pocos euros en el mejor de los casos”, expone.

Las diferencias a un lado y otro de la muga no llegan a la cesta de la compra: la comparativa entre el precio de productos básicos apenas es reseñable

El tránsito se suele dar al revés, de España a Francia, en el caso de los lácteos por su menor precio. “Yo tengo tres hijos y me compensa ir a Francia a comprar leche, yogures y queso. Si tienes críos te ahorras mucho”, expone desde Irún Miguel. El pan francés es otro elemento que goza de su reconocimiento. Aunque en este caso la diferencia no está en el precio, prácticamente idéntico, sino en la calidad. "Me parece mucho más rico", detalla. Por ello, acepta sin dudar el maridaje que se le propone: Pan francés y jamón español. "Aunque más jamón que pan", aclara entre risas.

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