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Madrid Metal, la última muestra de amor a la cultura heavy madrileña
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HASTA EL 3 DE ABRIL

Madrid Metal, la última muestra de amor a la cultura heavy madrileña

La exposición, que recrea parte del pasado musical en los barrios, se adentra en la estética e imágenes del heavy metal a partir de 16 ilustradores y una veintena de voces

Foto: Cartel oficial de la expo (Madrid)
Cartel oficial de la expo (Madrid)

En los ochenta hubo mucha más imaginación que medios. Es una de la primeras conclusiones que uno saca al pasear por Madrid Metal, la exposición que puede visitarse actualmente en CentroCentro. De aquella época surgió y se instaló en el imaginario popular el heavy, un género que conseguiría hacerse el amo y señor en las barriadas madrileñas. La muestra, que podrá verse hasta el 3 de abril, recoge las vivencias de quienes estuvieron disfrutando de todo aquello en primer plano. Y, aún más relevante, actualiza su discurso, invitando a ilustradores y dibujantes contemporáneos a que traigan al presente muchos de los temas, personajes y lugares de aquella década dorada.

Entre las figuras de primer nivel de la ilustración se encuentran Felipe Almendros, Cinta Arribas, Genie Espinosa, Berto Fojo, Lorenzo Montatore, Roberta Vazquez o Joaquín Secall. Imágenes que ponen color y forma a los relatos de una veintena de cronistas de esos años, los del metal. Es de interés el acomodo que se ha hecho a fans y personajes de la noche, no solo ha periodistas, músicos o promotores, que suele ser lo habitual en este tipo de eventos. De esta forma, el resultado es verdaderamente diverso, rico y cercano.

Los barrios como epicentro de la vida social

“Nos interesaba mostrar que fue un movimiento que surgió en paralelo a la cultura oficial. Y que además tuvo lugar en los barrios, que eran lugares complicados en esos años”, resalta Tevi de la Torre, Coordinadora de Exposiciones del centro adscrito al Ayuntamiento de Madrid.

Vicálvaro, Hortaleza, Aluche, Tetuán o Vallecas forman parte de este recorrido, donde los bancos del parque, las litronas, los porros, la heroína y los radiocasetes conviven con los pantalones ajustados, los cardados, las mallas y las zapatillas J’Hayber. Los relatos no pecan de nostálgicos, sino que se adentran en una realidad social y cultural que formaba parte del día a día de miles de jóvenes. “Los fines de semana se producía desde los barrios una verdadera peregrinación hacia las salas y discotecas de moda, nos íbamos de marcha”, escribe Jesús Jiménez, dueño de Discos Satélite y que se define como rockero indomable.

Esos movimientos de gente son los que hacen que la sala Canciller, el Canci, la tienda de discos Discoplay, los puestos de El Rastro o el cine Covadonga, el Covacha sean los protagonistas de innumerables historias. Vividas y muy poco representadas en la literatura o las películas de la época, tampoco en años posteriores. “No puedo explicar mi adolescencia sin ese cutre, destartalado y viejo cine de la calle López de Hoyos, el Covacha, entre Prosperidad y Alfonso XIII, donde al comienzo de los ochenta pase fines de semana enteros viendo una y otra vez películas como Tommy, de los Who”, cuenta Mariano Muniesa, periodista especializado en heavy metal y subdirector de Kerrang! Esas experiencias son las que nos recuerdan como este cine no solo se acercó a lo suburbial y musical, donde se proyectó Los últimos golpes del Torete o Deprisa Deprisa, sino que también tuvieron lugar conciertos como los de Cráneo, ganadores del Trofeo Rock Villa de Madrid. “Al Covacha se iba como a un concierto; la peña se llevaba litros, kalitmotxos y por supuesto mucho de fumar”, sigue contando Muniesa.

La estética heavy

“Las mallas, botas de flecos, mi chaleco vaquero con el parche de Iron Maiden, Killers, la primera camiseta que me compré de los WASP, que acabó amarilla y agujereada de tanto usarla”, describe Alfonsa Garcia, irreductible seguidora del metal. Como ella, decenas de miles de jóvenes acudían a conciertos y salas con sus vestimentas. Otra de las imágenes que mejor describe esos inicios de los ochenta es la entrada al Canci los viernes y sábados por la tarde: “Repleta de melenudos con pantalones Lois o Lee de pitillo, chupas de cuero o vaqueras con algún que otro parche de Maiden, AC/DC o Judas Priest y zapatillas con la lengüeta hacia fuera marca J’Hayber, Paredes, Adidas o Yumas”, recuerda Antonio Pardo, colaborador de la revista Heavy Rock y presentador de varios programas en Radio Vallekas. Aunque, como bien recuerda Oscar Díaz, el uniforme estándar del heavy canónico y pelado de dinero era humilde: “Elásticos, camiseta negra y chupa vaquera

Madrid Metal acoge y da sentido a un movimiento, multitudinario, que, como otros, rockers, punks, hippies, mods, definió estéticamente a la juventud madrileña. Junto a esta parte, muy visible en la exposición, también hay hueco para otras “modas”, hoy ya desaparecidas: Grabación de cintas, quedadas en parques, viajes al Rastro, partidas en los billares, noches escuchando La emisión pirata, fines de semana en los bajos de Aurrera

Son años también de giras y de conciertos únicos. Con lo mejor que dio el metal nacional, donde no puede faltar Obús y Barón Rojo, y con la visita de algunas de las formaciones internacionales más ilustres al pabellón de deportes Del Real Madrid: Iron Maiden, Judas Pries o, Def Leppard entre los más significativos.

Miguel B. Nuñez, experto en el metal

“Hoy vemos esta época ya como quien revisita un clásico de los años cincuenta. Las series como Stranger Things han ayudado a que veamos este tiempo y lo que en él sucedió, como un momento que ya merece ser recordado”, comenta Miguel B. Núñez, el otro comisario de la muestra, autor de varias novelas gráficas en las que el género también forma parte de la acción, Heavy 1986 y Heavy: Los chicos están mal.

Han sido estos dos comics los que le han abierto la puerta y la posibilidad de seguir ampliando su visión de las tribus urbanas. Núñez se acercaba a una subcultura como la del heavy porque la conocía de primera mano. Se adentraba, además, en la España de aquellos años, donde Franco, aunque muerto, todavía estaba muy presente en muchos lugares.

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“Yo me movía entre Canillas, Hortaleza, Moratalaz y El Carmen así que el resultado en el cómic supongo que es una mezcla de todos. En mi barrio, Canillas, no había mucho que hacer si tenías 16 años. La mejor opción era quedar con tus colegas en un parque y afortunadamente casi todos estos barrios tenían parques, quizá incluso más que los barrios del centro, y ahí que te ibas a tomarte una litrona y charlar”, contaba hace unos años sobre su experiencia como adolescente llevada a Heavy 1986.

Ahora, con esta exposición tenemos la posibilidad de conocer el punto de vista de jóvenes cercanos a él que también vivieron a su manera la grandeza del metal y la vida en los barrios obreros del extrarradio. “La exposición ilustra la reivindicación de la autenticidad y la conciencia de futuro incierto de esos jóvenes. Porque no olvidemos que ellos fueron, en realidad, la primera generación en España que llevaría una vida distinta a la de sus padres”, explican Tevi y Miguel. Una historia que, a pesar de que esta exposición pone su granito de arena, sigue sin tener la presencia que debería en la vida de los madrileños.

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