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Un año del Zendal: el día a día de trabajadores y pacientes
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Un año del Zendal: el día a día de trabajadores y pacientes

El complejo hospitalario se construyó con el objetivo de apoyar al resto de centros madrileños y consiguió aliviar la presión asistencial que sufrían

Foto: Una sanitaria prepara una dosis de una vacuna contra el covid en el hospital Enfermera Isabel Zendal de Madrid. (EFE/Chema Moya)
Una sanitaria prepara una dosis de una vacuna contra el covid en el hospital Enfermera Isabel Zendal de Madrid. (EFE/Chema Moya)

El Zendal cumple un año y, como regalo, se ha reducido el número de ingresos gracias a la vacunación aunque los sanitarios no bajan la guardia.

Hace tan solo unos días se cumplió el primer aniversario de la inauguración del hospital Enfermera Isabel Zendal, quizá uno de los puntos más polémicos (y eso es mucho decir) relacionado con la Comunidad de Madrid desde que estalló esta maldita pandemia que aún está vigente y que amenaza, en pleno de repunte de contagios y de la incidencia acumulada, con amagarnos de nuevo las cenas de empresa y la Navidad en familia con una variante, la sudafricana, denominada Ómicron. La construcción en tiempo récord de un hospital de pandemias fue motivo de críticas desde la oposición madrileña por una obra que casi duplicó el coste presupuestado cuando se ideó en lugar de destinar ese dinero en reforzar la sanidad pública. Incluso, tras observarse cortes de luz, desde la Comunidad de Madrid se alertó de que estaban siendo saboteados.

Foto: 14 de diciembre, día previsto para la venta de viajes del Imserso. (EFE/Morell)

El complejo hospitalario se construyó con el objetivo de apoyar al resto de centros madrileños, completamente desbordados por la primera ola de coronavirus, y según reconocieron más adelante consiguió aliviar la presión asistencial que sufrían. Por el Zendal han pasado casi 8.500 pacientes que tuvieron que ser ingresados de los cuales 383 precisaron la estancia en la UCI. En la actualidad, el hospital de pandemias –que solo atiende a enfermos contagiados por coronavirus- da cabida a 110 personas entre los pabellones uno y dos mientras que el tercero está dedicado exclusivamente a la labor de vacunación. Solo en este centro se han inoculado cerca de dos millones de sueros.

“Es un hospital que todavía está funcionando con muchísima actividad. Todos los días pasan cientos de personas a vacunarse”, asegura Ángel, auxiliar de enfermería en el Zendal desde el día de su inauguración. Él comenzó a trabajar en las zonas de hospitalizaciones pero cuando las peores olas pasaron fue trasladado al departamento de vacunación. “Yo soy interino y me vine voluntario. Trabajar en un hospital de pandemias es una experiencia que recomendaría a todo el mundo”, afirma. Aparte de la excelente labor sanitaria que ha realizado todo el personal sanitario, Ángel se queda con el lado humano. “Tanto mis compañeros como yo hemos formado una familia entre nosotros y también con los pacientes. Hemos sido la compañía que no han tenido durante mucho tiempo”, recuerda.

placeholder Hospital Isabel Zendal de Madrid, punto estratégico de vacunación. (EFE/Víctor Lerena)
Hospital Isabel Zendal de Madrid, punto estratégico de vacunación. (EFE/Víctor Lerena)

“Solo tengo buenas palabras para el Zendal. Me ayudaron mucho allí, desde el jefe de medicina hasta los auxiliares de enfermería”, recuerda Gabriel, un paciente que estuvo ingresado con neumonía bilateral en enero de este año. “Nunca nos faltó una cara alegre, solo puedo darles las gracias porque me salvaron la vida. Yo estaba en un pabellón con otras ocho personas y podíamos hablar entre nosotros, eso ayuda a sobrellevar la situación aunque estés grave. Hice amistad con gente y guardo el teléfono de algunos de mis compañeros. Mi experiencia fue muy buena dentro de la gravedad de estar allí ingresado”, apunta Gabriel, que concluye. “Tengo amigos y conocidos que han estado en otros hospitales, solos en la habitación y se han quedado tocados psicológicamente por haber pasado tantas horas de sufrimiento solos”.

Cuida y cuidarse

Lola Aguilera es la psicóloga clínica que se ha encargado de cuidar la salud mental de todos los pacientes del Zendal. “El simple hecho de verme cada mañana atendiendo a unos y a otros les dotaba de una atención preferente. Sentían que les escuchaba y eso, cuando se está en una situación tan vulnerable, es muy necesario. De hecho, si ellos se sienten mejor consigo mismos, mejor mentalmente, atendidos y escuchados es muy probable que el tratamiento médico evolucione favorablemente”. Lola recuerda también el imprescindible trabajo que realizó con la familia de los enfermos. “Fue muy gratificante poder ayudar y arropar a los familiares cuando había que darles malas noticias y apoyarles para sobrellevar esa situación”. Aguilera recalca que “también tuve que atender a compañeros sanitarios porque para cuidar, primero hay que sentirse cuidado”.

En un hospital de pandemias florecen los casos más variopintos. “Una cosa que he aprendido es el síndrome post UCI. Cuando alguien ha estado durante un tiempo sedado y se va recuperando, al ser extubado sufren delirios, eso lo he visto en casi todos los pacientes a los que he atendido”, relata Lola. “Hay que intentar abordarlo lo antes posible porque si se alarga puede permanecer incluso cuando el paciente está a punto de recibir ya el alta. Para ellos se ha creado ahora la unidad de rehabilitación funcional porque presentan muchas dificultades físicas debido a la sedación y la inmovilidad. Aquí el papel de la psicología clínica es más importante que nunca porque aparece el estrés postraumático cuando toman conciencia de las pérdidas funcionales que han tenido y esto provoca depresiones”, subraya la doctora Aguilera.

“Somos la Unidad de Intermedios más grande de España", explica Landete

Pedro Landete es el jefe de la UCRI (Unidad de Cuidados Intermedios Respiratorios) del Zendal Llegó como voluntario para liderar el proyecto y, como todos los inicios, reconoce que no fue fácil. “Comenzamos con cuatro camas, luego pasamos a treinta y dos y fuimos abriendo más conforme iba subiendo la incidencia. Fue complicado hasta que aumentamos la plantilla de neumólogos y anestesistas”, apunta. “Nos encargamos de asistir de forma precoz a los pacientes que necesitan oxígeno en grandes cantidades para evitar que acaben en la UCI porque cuando intuban al enfermo crece también el riesgo de infección”. Landete estima que en la UCRI han impedido hasta un 75 % de casos de ingresos en UCI. “Somos la Unidad de Intermedios más grande de España y, hasta donde sabemos, de Europa. Por aquí han pasado más de 1.500 pacientes”, afirma con orgullo.

Fuentes hospitalarias reconocen a El Confidencial que todos los días reciben agradecimientos de los pacientes y que, durante este tiempo, les han hecho llegar donaciones, tanto de personas anónimas como de empresas, en forma de libros, juegos y conciertos a cargo de la agrupación ‘Médicos por la salud’ para agradecerles su labor. Una labor que, aunque afortunadamente hayan disminuido de forma clara los casos de ingresos, UCI y fallecimientos, aún hoy en día se continúa llevando a cabo en el hospital Enfermera Isabel Zendal cuya función es acoger a enfermos para poder permitir al resto de centros avanzar en la lista de operaciones que tanto tiempo estuvo detenida con consecuencias fatales para muchos pacientes que nunca contrajeron el coronavirus.

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