La buena noticia es que tenemos un nuevo hospital. La mala noticia es todo lo demás
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MADRID INAUGURA SU HOSPITAL DE PANDEMIAS

La buena noticia es que tenemos un nuevo hospital. La mala noticia es todo lo demás

Levantar un hospital de pandemias a las afueras de Madrid parecía una buena idea. Acelerar su inauguración y abrirlo sin terminar, pese a tener una de las menores incidencias, es más discutible

Foto: El Hospital Isabel Zendal, fotografiado a principios de noviembre. (EFE)
El Hospital Isabel Zendal, fotografiado a principios de noviembre. (EFE)

Hay un ángulo desde el cual el Hospital Enfermera Isabel Zendal parece perfectamente terminado, en perfecto estado de revista y listo para empezar a recibir pacientes. Pero en cuanto uno acerca o aleja demasiado el ‘zoom’, empieza a revelarse el trampantojo.

De cerca, quedan en evidencia los vinilos que aún recubren las ventanas, las cintas rojas y blancas prohibiendo el paso a áreas aún por pavimentar, cables de riego surgiendo de montones de tierra que un día serán jardineras o macizos de grama. Bajo las letras con el nombre del nuevo centro sanitario, en una esquina del edificio administrativo, varias personas —no pacientes, sino aspirantes a empleados— esperan a ser atendidas en los mostradores, pero unas cuantas ventanas más allá, el edificio se vislumbra todavía hueco.

Al alejar el plano, aparecen las casetas de obra y las docenas de albañiles con chalecos fosforescentes y cascos blancos que rodean el naciente hospital. Hay vallas, barro y polvo por doquier. El hospital cuenta con tres edificios de consultas, pero solo se abrirán el número dos y parte del edificio administrativo. En total, 240 camas y 16 plazas de UCI, una cuarta parte del plan original.

Vista de las obras de construcción del hospital de pandemias y emergencias Isabel Zendal, en Valdebebas, Madrid. (EFE)
Vista de las obras de construcción del hospital de pandemias y emergencias Isabel Zendal, en Valdebebas, Madrid. (EFE)

Alrededor del Isabel Zendal, como en toda el área de Valdebebas, el paisaje está formado por grúas y carteles que anuncian edificios en construcción. A unos 50 metros del complejo está el Food & Bol, único establecimiento en varias manzanas que ofrece a los empleados en la construcción del hospital un café, un desayuno contundente o un chupito.

"Ayer domingo sí que nos cundió, porque el viernes y el sábado estuvo todo el día lloviendo, estuvimos hasta las siete y media", comenta uno de los trabajadores a un compañero, que le replica: "Aprovecha, que a mediados de esta semana se pone a llover otra vez".

Se sientan con sus cafés a una mesa al sol. "Yo ya he corrido todo lo que tenía que correr", sentencia el primero. Ambos siguen departiendo sobre otros aspectos de la obra que se han quedado a medio camino y tendrán que ser completados después de la inauguración.

Para ellos, trabajar el último domingo no fue algo excepcional, sino lo habitual durante los últimos meses.

Concretamente, fue el 10 de mayo cuando Isabel Díaz Ayuso anunció, durante una entrevista, que la Comunidad de Madrid planeaba la construcción de un nuevo hospital de emergencias. La oposición se quedó ojiplática al leerlo, pero hasta el día 28 no tuvieron conocimiento directo de estos planes, cuando la presidenta lo anunció durante un pleno de la Asamblea de Madrid. Desde la Consejería de Sanidad, dicen que la idea nació "del éxito de Ifema". "Se previó pensando, sobre todo, en la entrada del invierno, cuando hay más presión hospitalaria por patologías propias de esta época".

Es ventajista decir hoy en día que Madrid no necesitaba este hospital, pero es pertinente preguntarse por qué se han acelerado las obras

Resulta ventajista decir hoy en día, con la Comunidad de Madrid registrando una de las incidencias más bajas de España (236 nuevos casos por cada 100.000 habitantes en las últimas dos semanas, según Sanidad), que un nuevo hospital no era necesario. Pero cuando se anunciaron los primeros planes, aún estaban en el retrovisor el horror de la primera ola y la redención del hospital para enfermos leves de Ifema, cuya construcción exprés a finales de marzo permitió insuflar oxígeno al resto de centros sanitarios de la comunidad, saturados de pacientes con covid-19 y obligados a priorizar las camas UCI.

En cambio, sí es pertinente preguntarse por qué las autoridades han decidido no solo mantener la hoja de ruta, sino acelerar las obras todo lo posible para inaugurarlo justo ahora, cuando la región apenas registra un nuevo paciente UCI cada dos días y cuando no hay personal sanitario suficiente para los otros 31 hospitales de la Comunidad de Madrid. Las 16 nuevas plazas son bien recibidas, pero no alteran mucho la capacidad de una región que, por lo demás, ya figuraba como una de las CCAA con más camas de cuidados intensivos por habitante.

"Nosotros tuvimos que colarnos para poner en conocimiento de la Inspección de Trabajo los hechos que estaban ocurriendo allí, que son muy graves", dice Pedro Garijo, secretario general de la rama de construcción de CCOO. "Los trabajadores trabajaban 12 o 14 horas al día, no tenían ni el tiempo de descanso entre jornada y jornada, no había coordinación entre los vehículos y los trabajadores dentro de la obra, no había coordinación entre las distintas empresas...".

El sindicato cuenta dos víctimas mortales en los trabajos de construcción del hospital, un hombre de 44 años que el 1 de octubre cayó desde una altura de siete metros en una zona carente de red de seguridad y otro de 46 que "se encontraba mal, lo mandaron para casa y le dio un infarto", dice Garijo, quien atribuye este desenlace "al estrés y agotamiento que hubo en la obra".

"Tuvimos que colarnos en la obra para poner en conocimiento de la Inspección de Trabajo los graves hechos que estaban ocurriendo allí"

La excepcionalidad de la construcción del Hospital Isabel Zendal, catalogado como 'obra especial', impidió que los sindicatos pudieran enviar allí a sus observadores para comprobar que las condiciones laborales dentro de la obra eran las adecuadas. Garijo apunta que incluso en la edificación del nuevo Bernabéu, pese a ser de carácter privado, los sindicatos están presentes. Pero para escrutar el levantamiento del último hospital público, han tenido que colarse o tirar de trabajadores afiliados que estaban dentro.

La visión de los sanitarios

Paradójicamente, han sido los propios sanitarios quienes más han protestado en las últimas semanas por la inminente inauguración de un hospital que, sobre el plano, es el más moderno y mejor equipado de Madrid. No tanto por su construcción en sí, sino porque no se ha acompañado de nuevas contrataciones para abastecerlo de personal. De hecho, la oposición unánime de todos los sindicatos ha forzado una situación surrealista. Según los propios cálculos de la Dirección de Recursos Humanos de la Consejería de Sanidad, para inaugurar las primeras 240 camas, hacía falta derivar a 669 profesionales. Pero el 25 de noviembre se cerró el proceso de adscripción y solo se habían presentado 111 voluntarios. Es decir, faltan más de 550 plazas por cubrir.

La Consejería de Sanidad asegura que el resto de las necesidades del hospital se irá cubriendo de manera progresiva, completando "las plantillas requeridas para los tres turnos de trabajo con profesionales de todas las categorías necesarias, procedentes de las renovaciones de contratos de la Comunidad de Madrid". Hablan de renovar unos 11.324 contratos de refuerzo. Es decir, de enviar al Zendal a una parte de aquellos a los que se reclutaron como refuerzo para la pandemia y de los que ya formaban parte del Sermas. Y con un complemento salarial para convencerlos, si resulta necesario.

Foto: Vista de las obras de construcción del Hospital Isabel Zendal en Valdebebas. (EFE)

"Cuando se abre un hospital nuevo, siempre se contrata a una plantilla específica, pero aquí no han contratado absolutamente a nadie, al menos para las tareas sanitarias. Nos dijeron que harían traslados forzosos, que mandarían a quienes ellos considerasen oportuno. Y al final tuvieron que dar marcha atrás", se queja Marisol Castro, de la Federación de Sanidad de CCOO. "Al hacer esto, al sacar gente de hospitales que están bajo mínimos, no solo no alivias presión, sino que agravas la situación e intensificas el problema. Ahora mismo, tenemos a 1.500 compañeros de baja por el covid o sus secuelas. Esto, en una plantilla que arrastra 10 años de recortes y sin cubrir la tasa de reposición".

Fuera del mundo estrictamente sindical, las críticas se suavizan, pero no desaparecen. Florentino Pérez Raya, presidente del Consejo General de Enfermería, dice que "habría sido muy útil contar con estas instalaciones en marzo y abril", e incluso le parece bien que se "haga previsión de las necesidades que surjan en el futuro", pero cree que sacar personal de los hospitales en este momento para llevarlos al Zendal es "desvestir un santo para vestir otro".

Pérez Raya subraya que ahora mismo hay camas disponibles, por lo que "no parece lógico abrir más instalaciones, ya que esto lo único que provoca es disminuir los profesionales asistenciales de otros centros que en estos momentos son imprescindibles". Al final, insiste, "la población madrileña, al margen de la situación de la pandemia de coronavirus, no necesita ahora mismo más instalaciones sanitarias, con el enorme gasto que conlleva abrir y mantener un nuevo hospital".

Foto: La presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso. (EFE)

El presidente del Colegio de Médicos de Madrid, Manuel Martínez-Sellés, dice que es "una buena idea" tener un nuevo hospital público en Madrid. "El uso que se le vaya a dar es otra cosa, creo que es pronto para opinar, veremos cómo se estructura y se organiza". Cree que encontrar el personal sanitario capacitado para trabajar en el Zendal dependerá de las condiciones que se ofrezcan. "Si son buenas, seguro que encuentran profesionales. De hecho, tenemos médicos que se siguen yendo al extranjero porque en los países de nuestro entorno les ofrecen mejores condiciones". La mayoría de los médicos consultados insisten en este extremo: el problema no es que falten profesionales para contratar, sino que las condiciones que se ofrecen no son competitivas.

Las mismas críticas se repiten entre los médicos y enfermeras consultados. "Mi opinión es parecida a la que vas a recibir de muchos médicos. Una opinión como poco escéptica. Un hospital es una cosa muy difícil y muy cara de poner en marcha, que no funciona de un día para otro. El uso que se le va a dar es dudoso, porque Madrid tiene ya suficientes hospitales. Puestos a gastar, la mayoría de los médicos creemos que ese dinero se podría usar de una manera más eficaz si reforzamos lo que ya existe", resume un oncólogo que prefiere permanecer en el anonimato.

Otros doctores subrayan la distancia que media entre el Hospital Isabel Zendal y soluciones de urgencia como Ifema o el famoso hospital de Wuhan. Las 1.000 camas habilitadas en solo 10 días en la ciudad china fueron un hospital de campaña con paredes: construcciones en módulos prefabricados que se montan y se desmontan, que son comunes en el gigante asiático y que no tienen mucho que ver con la obra faraónica de Valdebebas.

Foto: El sacerdote-médico Juan Jolín acude al hospital de campaña de Ifema (EFE)

¿Alternativas?

La velocidad de ejecución ha pillado toda la oposición por sorpresa. Antes de que pudieran elevar sus protestas o sugerir alternativas, Ayuso anunció en junio que el emplazamiento del futuro hospital, de 40.000 metros cuadrados, estaría en Valdebebas. A finales de septiembre, fueron adjudicados casi todos los contratos, tramitados de emergencia y sin publicidad.

"No hubo conversación", se queja José Manuel Freire, portavoz del Sanidad del PSOE en la Asamblea. "Esta instalación se anunció dos días después de la dimisión de la directora general de Salud Pública por decir que Madrid no podía pasar a fase 1". Para el político socialista, "estamos ante un 'show' absolutamente trumpiano, el Gobierno de Madrid está en un delirio que no tiene ninguna justificación sanitaria ni técnica: llamar a eso hospital es una aberración". Freire utiliza la palabra 'lazareto', en referencia a esos edificios aislados que hace siglos servían para recluir a enfermos con lepra o tuberculosis.

La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)
La presidenta madrileña, Isabel Díaz Ayuso, en el pleno de la Asamblea de Madrid. (EFE)

Desde la comunidad, defienden que "el objetivo de este hospital es liberar de pacientes covid-19 al resto de hospitales madrileños para que recuperen su actividad habitual". "Este hospital no es solo de pandemias, sino una infraestructura de soporte a la red hospitalaria del Servicio Madrileño de Salud que pueda surgir ante cualquier emergencia, crisis sanitaria o necesidad asistencial".

Lo cierto es que, en estos momentos, la capacidad del nuevo hospital no supone una gran diferencia para la sanidad madrileña, que alberga actualmente a 1.474 pacientes en planta y 343 en la UCI. Y desde la oposición, argumentan que esas 1.000 camas con las que inicialmente iba a contar el Isabel Zendal podrían haberse conseguido de una forma más coste-eficiente, bien construyendo hospitales de campaña en los aparcamientos de un hospital o aprovechando espacios inutilizados en hospitales como el del Norte en San Sebastián de los Reyes, Vallecas o el Infanta Cristina.

Contratas polémicas

"Si haces una planificación, sacar 1.000 camas a lo largo de los 32 hospitales no es difícil", dice Mónica García, médica y diputada de Más Madrid. "Los sanitarios no queremos ir a trabajar ahí, sabemos que es un plató de televisión, que los pacientes van a estar mal: si yo fuese un paciente, no querría que me llevaran allí".

Insiste. "No tengo dudas: la motivación no es sanitaria, es propagandística y de coladero de contratos que van a dar a dedo". Hace unos días, se conoció que un contrato de 800.000 euros para la vigilancia del hospital fue a parar a Ariete Seguridad, una empresa propiedad de Silvia Cruz, exconcejala del Partido Popular en Alcorcón.

El portal de transparencia de la comunidad no mostró resultados del resto de contratos hasta hace muy poco. En total, hay publicados algo más de 54 millones de euros —lo que coincide con el presupuesto inicial—, aunque la Consejería de Sanidad reconoció a principios de noviembre que el montante total del hospital supera ya los 100 millones, dado que la superficie construida ha pasado de los 56.000 a los 80.000 metros cuadrados, aunque no está claro que toda esa superficie vaya a acabar siendo hospital.

En la entrevista concedida a 'El Mundo' donde anunció por primera vez el proyecto, Díaz Ayuso dijo que "no es un hospital de emergencias, porque es de mejor calidad y permanente", y adoptó el eufemismo 'hospital de pandemias'. La realidad se impuso y hoy su título oficial es Hospital de Emergencias Isabel Zendal.

Vista de las obras de construcción del Isabel Zendal, el pasado 3 de noviembre. (EFE)
Vista de las obras de construcción del Isabel Zendal, el pasado 3 de noviembre. (EFE)

En cuanto al carácter permanente del centro, está por ver que los otros dos pabellones acaben siendo edificados con el propósito original. En las últimas fechas, la presidenta madrileña ha sugerido diferentes escenarios para parte de los terrenos, por ejemplo, almacén de distribución de vacunas, laboratorio central de la salud pública, 'hospital de hospitales' para el resto de regiones de España, centro de coordinación del Summa o parte del nuevo Instituto de Medicina Legal, la morgue que antaño iba para Palacio de Justicia y hoy busca 'sinergias' —según la expresión del consejero Enrique López— con el recién inaugurado centro sanitario.

Según la Consejería de Sanidad, estas ampliaciones explican en parte los sobrecostes. Por ejemplo, en la ampliación de la altura del Centro Logístico Sanitario "para su robotización posterior", ya que "12 metros de altura es el estándar de robotización en el sector y permitiría aumentar el área de almacenamiento por encima de los 8.000 metros cuadrados".

¿De quién fue la idea?

Una de las preguntas que nadie ha sido capaz de responder aún es a quién debemos la idea de construir un nuevo hospital en Madrid. La oposición apunta sin disimulo a una sola persona: el asesor de la presidenta, Miguel Ángel Rodríguez.

Miguel Ángel Rodríguez. (EFE)
Miguel Ángel Rodríguez. (EFE)

Desde la Comunidad de Madrid, dan sin embargo una explicación algo más difusa, insistiendo en que la génesis del proyecto "surge a raíz del éxito del Hospital de Ifema, que atendió a más de 4.000 personas, estuvieron asistidos por un total de 1.000 sanitarios y hubo un 99,6% de altas, sin apenas contagios entre los profesionales".

A veces, las inauguraciones no suponen una apertura de puertas inmediata, pero en este caso fuentes de la CAM explican a este periódico que el ingreso de los primeros pacientes se producirá a lo largo de los próximos días. Los sindicatos andan molestos, porque aún no han visto cosas como los planes de prevención de riesgos laborales, las medidas de evacuación o de emergencia en caso de incendio.

Foto: Manifestación de la marea blanca en defensa de la sanidad pública. (EFE)

"Si lo tienen hecho, lo han escondido", indica Marisol Castro. "La ley dice que los sindicatos tenemos que tener acceso a esos planes con anticipo, es preceptivo: las evaluaciones de riesgo son de obligado cumplimiento, y más en un hospital de enfermedades infecciosas".

Lo cierto es que, pese a todas las inconsistencias del proyecto, la opacidad, el presunto despilfarro o la imposibilidad de echar a rodar el hospital con los medios humanos y materiales prometidos, la presidenta de Madrid ha vuelto a lograr su foto y su golpe de efecto. Tras ser criticada durante meses con o sin argumentos para ello, hoy es capaz de apuntar a la curva descendente de Madrid, sacar pecho con estrategias que han resultado acertadas, como los test de antígenos o la exitosa 'vuelta al cole', y desmontar cualquier ataque sin dificultad: "Me critican por estar construyendo un nuevo hospital público".

Mientras, sus críticos sospechan que acelerar las obras de este hospital para inaugurarlo este 1 de diciembre solo buscaba coincidir en el tiempo con el pico de otra segunda ola, la de la popularidad de Ayuso.

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