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El cazador, cazado: así cercó la genética al asesino pelirrojo de Elisa Abruñedo tras diez años
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EL ADN MITOCONDRIAL FUE CLAVE

El cazador, cazado: así cercó la genética al asesino pelirrojo de Elisa Abruñedo tras diez años

Prisión sin fianza para el autor confeso de la violación y muerte de Elisa Abruñedo en 2013. El perfil genético fue clave para dar con el autor del crimen. Se investiga su relación con otros delitos sin esclarecer

Foto: Roger Serafin R.V., asesino confeso de Elisa Abruñedo. (Cedida)
Roger Serafin R.V., asesino confeso de Elisa Abruñedo. (Cedida)

El genoma mitocondrial es decisivo y prácticamente irrefutable para la identificación de un criminal. Durante una década, el equipo de Delitos contra las Personas de la Guardia Civil de A Coruña ―el mismo que resolvió los crímenes de Asunta Basterra y Diana Quer― fue tirando de un finísimo hilo de restos biológicos hallados en el cuerpo de la víctima para ir subiendo lentamente los peldaños de los alelos de la cadena genómica ―por el cromosoma Y― para completar el perfil y encajar el puzzle de indicios y pruebas. Así hasta cerrar el círculo rojo que señaló al culpable confeso de la violación y muerte de Elisa Abruñedo en 2013.

Foto: El hijo de Elisa Abruñedo y otros vecinos en una concentración en Cabanas (A Coruña) en 2015. (EFE/Cabalar)

Su pelo rojo fue la clave. Un forense dio con la tecla en el análisis de los restos biológicos: saliva y semen, confirman a El Confidencial fuentes de la investigación, y les dio a los investigadores la pista más sólida: el gen MC1R (determinante en la genética de una persona pelirroja), la que finalmente condujo a la detención de este cazador de 49 años, que durante diez logró escurrir el bulto de un crimen que estaba en el punto de mira del Instituto Armado pendiente de resolver.

Aferrados a esta pista, la unidad fue cruzando datos, realizando cribados genéticos voluntarios y aleatorios a muchas familias de la zona con estas características: piel clara y pelo fuego. Los investigadores bucearon en los libros parroquiales de la Diócesis Mondoñedo-Ferrol para hilvanar sagas familiares ascendiendo por la vía paterna y fueron descartando sospechosos mientras el laboratorio iba afinando el perfil genético hasta dar con él: el hombre cuyo ADN coincidía plenamente con los restos hallados en el cadáver. El laborioso buceo en los archivos parroquiales dio sus frutos lentos. "Cuánto más arriba coges el ADN, más fácil es descartar gente", exponen fuentes del caso. Las primeras muestras que tomó sobre el terreno el pequeño equipo judicial de Ferrol tras el hallazgo del cadáver de Elisa ―el 2 de septiembre del 2013― fueron decisivas “porque no estaban contaminadas” y permitieron ir completando el mapa de cromosomas.

placeholder La Guardia Civil escolta al asesino confeso de Elisa. (Europa Press)
La Guardia Civil escolta al asesino confeso de Elisa. (Europa Press)

Una firma genética única e intransferible que, tarde o temprano, señalaría al culpable y que supuso muchas, muchísimas horas de laboratorio, miles de folios y trabajo de campo puerta a puerta recabando testimonios. No fue el sospechoso el que se prestó voluntariamente al cribado ni tampoco un familiar próximo el que acercó la resolución del caso a la recta final sino un operativo el que obtuvo la prueba de ADN más concluyente. Detrás, toda una década de trabajo silencioso del equipo que conforman una docena de agentes de la unidad coruñesa con el apoyo de la UCO (Unidad Central Operativa) de Madrid. Lograron completar un perfil genético que era 100% coincidente y el puzzle de pistas encajó al milímetro en torno al hombre pelirrojo.

Roger Serafin R.V, de 49 años, fue detenido el martes vestido con la ropa de faena en su puesto de trabajo en el astillero de Ferrol. Era operario de una empresa auxiliar de montaje y los agentes lo arrestaron a media mañana ante el pasmo de sus compañeros, que lo tenían por un hombre gris, callado, aficionado a la caza y al huerto sin antecedentes ni altercados. Registraron su domicilio en la plaza de la Gándara (Narón), de donde se llevaron escopetas de caza y varios cuchillos y navajas. ¿Por qué? Los investigadores buscaban el arma que le causó la muerte a Elisa, apuñalada con fuerza en cuello y tórax. Las heridas, de acuerdo al informe forense, eran compatibles con un cuchillo desollador como el que emplean los cazadores para despellejar a los animales. También analizaron su coche, un antiguo Citrôen ZX verde que un testigo ya había fichado en el lugar de los hechos.

Foto: Efectivos de la Guardia Civil trasladan al presunto asesino de Elisa Abruñedo. (EFE/Kiko Delgado)

El detenido pasó este jueves a disposición judicial en Ferrol pasadas las 10:30 en medio de una gran expectación mediática. Seis horas después, la magistrada de la Sala de Instrucción número 2, Eva López Domínguez, ordenó prisión provisional, comunicada y sin fianza para el varón, al que imputa los delitos de agresión sexual y homicidio, que podría pasar a asesinato a lo largo de la instrucción.

“Muchos violadores pasan a ser homicidas/asesinos para evitar que los identifiquen y matan de forma impulsiva”, explican una de las investigadoras. El acusado, que tenía 39 años cuando ocurrieron los hechos, mantuvo inicialmente un perfil bajo y sereno como si fuese espectador más que protagonista. Dos días de arresto e interrogatorios en la comandancia de Lonzas (A Coruña) bastaron para que confesase el crimen, sin escapatoria con la contundencia de las pruebas en su contra y la pulcritud de una instrucción hecha a conciencia.

MC1R: el gen delator

Ser pelirrojo depende de la mutación de un gen, el MC1R. Es un gen recesivo en el par 16 de la cadena cromosómica que, además, tiene que transmitirse por las dos vías: materna y paterna. No es fácil dar con un pelirrojo en Galicia ―o es más complicado que en el resto de España― porque la herencia celta de Escocia e Irlanda ―las migraciones marinas por el Atlántico Norte― elevan el porcentaje de población que contiene estos genes del 3 al 5%, por encima de la media nacional que apenas pasa del 1%. Un puente genético de la península a la islas del Norte que ya avanzó el genetista irlandés, Dan Bradley, del Trinity College de Dublín.

Foto: La Guardia Civil traslada al sospechoso del asesinato de Diana Quer el pasado 1 de enero. (EFE)

Esta peculiaridad genética ha permitido resolver uno los crímenes que traían de cabeza a la Guardia Civil en Galicia y que tenía preocupada a toda la comarca, sabedora de que un asesino seguía suelto y sin consuelo para los dos hijos de la víctima, que sufrieron la pérdida de su padre en un accidente laboral año y medio después de hallar el cadáver de su madre. Los años transcurridos deseperaron a la familia pero permitieron aplicar nuevas técnicas de investigación para la búsqueda.

Ocurrió en Cabanas (A Coruña) el 1 de septiembre del 2013. María Elisa Abruñedo, de 46 años, casada y con chicos en la veintena salió a pasear la tarde del domingo por los alrededores de su casa de Lavandeira y no regresó. Llevaba consigo el móvil y las gafas de sol. Varios vecinos la saludaron al paso y charlaron brevemente minutos antes de que desapareciese. La buscaron sin descanso y hallaron su cadáver el día después en una zona boscosa a escasos 300 metros de la vivienda familiar. Le habían arrancado la ropa y la apuñalaron con fuerza. El violador, presumiblemente, la acechó por la espalda y la arrastró monte abajo en un impulso criminal.

placeholder La Guardia Civil inspección la vivienda del presunto asesino. (Europa Press)
La Guardia Civil inspección la vivienda del presunto asesino. (Europa Press)

Roger Serafín R.V conocía bien el terreno por el que solía cazar con su cuadrilla y no dejó de hacerlo en estos diez años como dejó patente en sus redes sociales. El delegado del Gobierno en Galicia, Pedro Blanco, confirmó que se investiga si el mismo hombre imputado por el crimen de Elisa Abruñedo está tras un intento de agresión sexual a otra mujer en Oleiros que identificó a un hombre pelirrojo y en otra desaparición a orillas del río Miño.

El genoma mitocondrial es decisivo y prácticamente irrefutable para la identificación de un criminal. Durante una década, el equipo de Delitos contra las Personas de la Guardia Civil de A Coruña ―el mismo que resolvió los crímenes de Asunta Basterra y Diana Quer― fue tirando de un finísimo hilo de restos biológicos hallados en el cuerpo de la víctima para ir subiendo lentamente los peldaños de los alelos de la cadena genómica ―por el cromosoma Y― para completar el perfil y encajar el puzzle de indicios y pruebas. Así hasta cerrar el círculo rojo que señaló al culpable confeso de la violación y muerte de Elisa Abruñedo en 2013.

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