Abanca se estrella en el césped: 105 M de agujero tras el descenso del Deportivo
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Abanca se estrella en el césped: 105 M de agujero tras el descenso del Deportivo

Si se consuma el descenso, se habrá gastado 35 millones de euros en comprar un club con una deuda de otros 55 millones más intereses y que competirá en una categoría no profesional

Foto: Los jugadores del Deportivo de La Coruña en su último partido con el Fuenlabrada. (EFE)
Los jugadores del Deportivo de La Coruña en su último partido con el Fuenlabrada. (EFE)
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El descenso del histórico Deportivo de La Coruña a Segunda B es, además de un duro golpe emocional para su hinchada, un serio problema para Abanca, principal acreedor del club y, desde este mes de agosto, su principal accionista. Más de 100 millones de euros se pueden colar por el agujero del desastre deportivo, ahora a merced de un poco probable arreglo en los despachos. Si no se produce, el banco heredero de las cajas de ahorros gallegas se habrá gastado 35 millones de euros en comprar un club con una deuda de otros 55 millones más intereses y que competirá en una categoría no profesional.

El compromiso de Abanca con el Depor se fraguó en distintas fases, con la esperanza de una recuperación en el siempre caprichoso terreno de lo deportivo. Se inició cuando el equipo estaba en Primera, en 2017, con un préstamo de 45 millones de euros que se depositaron directamente en las arcas de la Hacienda pública, liberando así al club de la obligación de satisfacer 9 millones anuales al fisco. Se abría un plan mucho más flexible de 15 años del que no se facilitaron más detalles, salvo que se iniciaría una carencia de dos años en caso de que el equipo descendiese. Y descendió.

Abanca concedió un crédito participativo de 5 millones, que permitió la renovación de plantilla y entrenador en el mercado de invierno

Lejos de recuperar la Primera, el club coruñés cayó un peldaño más para sumirse en el pozo de la Segunda B, categoría semiprofesional que ni siquiera tiene garantizado el inicio de la competición. Poco antes de que eso ocurriera, el pasado diciembre, con el equipo al borde del abismo —iba colista de Segunda—, el banco que preside Juan Carlos Escotet subió la apuesta. Concedió un crédito participativo de cinco millones de euros, que permitió la renovación de plantilla y entrenador en el mercado de invierno, y anunció que convertiría esa cantidad y otros 30 millones en acciones del club. Pudo salirle bien, pero la pelota no entró y se queda como principal accionista (78%) de una entidad de viabilidad dudosa.

La crisis del covid-19

Si la situación ya se preveía grave, la crisis del covid-19 ha empeorado el panorama. Salvo que alguno de los recursos interpuestos por el club lo solucione —reclama permanecer en Segunda, como perjudicado por la azarosa jornada final en Segunda—, el futuro del club de Abanca pasa por una categoría en la que este año no se prevén ingresos de abonados ni taquillas. Apartado de los cuantiosos contratos televisivos de las categorías profesionales y bajo la amenaza de un aplazamiento e incluso suspensión de las competiciones no profesionales, el Deportivo debe hacer frente a 55 millones de euros deuda y 14 millones de intereses. Lo hará con unos ingresos ridículos, inferiores en cualquier caso al millón de euros anuales.

El Deportivo debe hacer frente a 55 millones de euros deuda y 14 de intereses. Lo hará con unos ingresos ridículos, inferiores al millón de euros

La estructura de las cargas económicas la expuso con todo lujo de detalles el pasado 5 de marzo el presidente del club, Fernando Vidal, cuando informó del acuerdo con Abanca. En ese momento era de 15,67 millones de euros de deuda concursal, otros 6 millones de débito ordinario, 6,58 más en otras deudas contraídas, 62,55 millones con Abanca y 14 millones de intereses. En total, 105 millones, de los que 98 se deben afrontar en los próximos 12 años. Con la ampliación de capital, el pasivo del club con su principal accionista se reduce a 27,55 millones de euros, pero el resto sigue intacto.

La ampliación de capital aparece en el Boletín Oficial del Registro Mercantil del pasado 6 de agosto, en forma de dos operaciones de 5 y de 30 millones, aunque de momento Abanca aún no las ha ejecutado. Consultada por este periódico, la entidad bancaria no ha confirmado en qué momento adquirirá las acciones ni cómo afecta el descenso a sus planes de comprar el 78% del club de Riazor. Tampoco ha aclarado cómo hará frente a la deuda un club con tan escasos ingresos ni si habrá una prórroga en la moratoria de dos temporadas anunciada en 2017.

placeholder El presidente del Deportivo, Fernando Vidal (i), saluda expresidente de la entidad, Augusto César Lendoiro. (EFE)
El presidente del Deportivo, Fernando Vidal (i), saluda expresidente de la entidad, Augusto César Lendoiro. (EFE)

Al Deportivo de La Coruña le queda una alternativa para reducir la deuda, que consiste en una ampliación de capital abierta a los pequeños accionistas por valor de 35 millones de euros, que permitiría aliviar las cargas económicas. Pero en las actuales circunstancias, es poco probable que la operación se salde con éxito: la que intentó en 2014 tras firmar un acuerdo con la Agencia Tributaria buscaba recabar 7,8 millones de euros, pero tres años después solo había logrado 2,4.

Que la situación del Deportivo era acuciante no se le escapaba a Escotet, que el pasado enero, al anunciar la entrada en su accionariado, asumió la cruda realidad de sus cuentas. “Jamás vi una empresa tan escarallada [rota, estropeada] como el Deportivo”, comentó en tono jocoso. “No quiero imaginar lo que ocurriría si el equipo llegase a bajar a Segunda B”, sentenció en el mismo acto. Pero la realidad en los terrenos de juego le ha obligado a tomar conciencia de ese descenso. En aquel acto no le acompañó el presidente del Deportivo, sino el entonces candidato Fernando Vidal, al que aún le faltaban semanas para ser elegido.

"Jamás vi una empresa tan escarallada [rota, estropeada] como el Deportivo", comentó Escotet en tono jocoso el pasado mes de enero

Tratándose de un ámbito tan sensible como el fútbol, la operación no ha levantado polémica en el campo de la política, y la única crítica, aunque velada, está teñida de la rivalidad que enfrenta al Deportivo con el Celta. El presidente y propietario del club vigués, Carlos Mouriño, declaró en una entrevista en Faro de Vigo: “Si Abanca presume de banco gallego, debe apoyar tanto al Norte como al Sur de Galicia. No debe hacer ni marcar diferencias y tratar a todos los equipos con las mismas condiciones”.

Críticas de la oposición

Los partidos de la oposición sí han arremetido contra Abanca en ocasiones recientes, como tras las protestas de numerosos clientes por el cobro de comisiones de 50 euros semestrales por la administración de cuentas corrientes, que formaciones como el BNG calificaron de abusivas y que el alcalde de Vigo, el socialista Abel Caballero, exigió revisar.

Escotet utilizó esa misma expresión gallega, “escarallado”, para referirse a la situación en que se encontraba el banco heredero de las cajas gallegas cuando lo compró en 2013. Su grupo, Banesco, adquiría Novagalicia Banco, heredero de las cajas gallegas, rescatadas con 8.500 millones de euros de fondos públicos, por 1.003 millones. Solo el primer año, declaró beneficios por el 40% de lo invertido.

El descenso del histórico Deportivo de La Coruña a Segunda B es, además de un duro golpe emocional para su hinchada, un serio problema para Abanca, principal acreedor del club y, desde este mes de agosto, su principal accionista. Más de 100 millones de euros se pueden colar por el agujero del desastre deportivo, ahora a merced de un poco probable arreglo en los despachos. Si no se produce, el banco heredero de las cajas de ahorros gallegas se habrá gastado 35 millones de euros en comprar un club con una deuda de otros 55 millones más intereses y que competirá en una categoría no profesional.

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