en la ciudad de la cultura de galicia

Feijóo reactiva el mausoleo de Fraga que paralizó en 2013 con un edificio de 17 M

Tras paralizar la obra, el presidente de la Xunta acaba de anunciar que se reanuda aquel “enorme y costoso elefante blanco”, como llegó a calificarlo el periódico 'The Guardian'

Foto: Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela.
Ciudad de la Cultura de Santiago de Compostela.

La Ciudad de la Cultura de Galicia es ese complejo imaginado por Manuel Fraga sobre un monte de Santiago que debía discutirle el protagonismo a la mismísima catedral. Corría 1999 y nadie en el PP osaba cuestionar lo que disponía don Manuel; ni siquiera Alberto Núñez Feijóo, que, como vicepresidente del último Gobierno de Fraga, dejó atado en un Consello de la Xunta de julio de 2005, cuando el PP ya había perdido las elecciones, la contratación de los dos últimos edificios. Las obras quedaran inacabadas porque, ya como presidente, y apenas un año después de enterrar al fundador del partido, Feijóo decretó su paralización. Ahora acaba de anunciar que se reanuda aquel “enorme y costoso elefante blanco”, como llegó a calificarlo el periódico 'The Guardian', con la creación de un nuevo edificio de uso universitario.

“La Galicia que decidió hacer el proyecto era la de la bonanza y la que yo gestiono es la de la crisis”, sentenció en 2013 el presidente de la Xunta para explicar la paralización de las obras, que llegó cuando el gasto ya se había disparado por encima de los 300 millones de euros, 200 millones más de los presupuestados. Ahora apela al 'sentidiño' económico para justificar una decisión “responsable para las arcas públicas”: la de construir sobre la estructura de lo que iba a ser el Teatro de la Ópera la sede del hasta ahora inexistente Consorcio Universitario de Galicia. Es “la más económica de todas las alternativas disponibles”, sostuvo, ya que construirlo en otro lugar “costaría 30 millones” y su gasto excede en apenas siete millones el presupuesto necesario para derruir lo construido.

El presidente fundador del PP, Manuel Fraga, en una convención nacional del partido. (EFE)
El presidente fundador del PP, Manuel Fraga, en una convención nacional del partido. (EFE)

El nuevo edificio que Feijóo acaba de anunciar tiene un notable valor simbólico, aunque su presupuesto se mueva en unos parámetros muy inferiores a los que inicialmente aceptaba su antecesor en el PP de Galicia. Lo que es más discutible es su utilidad, como se ha encargado de subrayar la oposición. “Seguir dilapidando 17 millones más en terminar el mausoleo de Fraga. ¿Esta quiere ser la guinda de la era Feijóo en Galicia?”, se preguntó Ana Pontón, del BNG, que recordó que las obras se paralizaron mediante un acuerdo en el Parlamento de Galicia aún en vigor. Xoaquín Fernández Leiceaga, del PSdeG, dijo que 17 millones serían una “cantidad importante” si se sumasen a otros fines como “la financiación de la investigación”, y Antón Sánchez, de En Marea, criticó el regreso “al despilfarro” y precisó que “debe haber otras prioridades”.

Más que un símbolo de la bonanza, la Ciudad de la Cultura lo fue de la opulencia. Su creador, el arquitecto estadounidense Peter Eisenman, reconoció en una entrevista en 2010 que no se cansó de advertir de que la cosa no saldría barata. “Nosotros decíamos que sería demasiado caro. Él [Manuel Fraga] respondía: ese no es su problema. Decíamos que en la biblioteca cabían 250.000 libros y pedían un millón. Eso hemos hecho”. Tampoco los sobrecostes asustaban al fundador del PP. “El tiempo pasa y las cosas tienden a subir”, se justificaba. Lo importante para él era que, una vez acabada, Galicia tendría, “además del Pórtico de la Gloria y las torres barrocas de la plaza [del Obradoiro], algo que será capaz de sonar en todo el mundo”.

Seguir dilapidando 17 millones más en terminar el mausoleo de Fraga. ¿Esta quiere ser la guinda de la era Feijóo en Galicia?

En ese contexto de polémica se movió siempre el proyecto. El Consello de Contas, por ejemplo, concluyó que el Gobierno de Fraga “abdicó de la gestión prudente de los recursos públicos”. Durante la comisión de investigación impulsada durante el breve mandato del Gobierno bipartito (2005-2009), se puso de manifiesto que el responsable máximo de controlar ese presupuesto era el cuñado de Mariano Rajoy, que accedió al puesto de director financiero de la Fundación Cidade da Cultura sin apenas experiencia profesional. Se trata de Manuel Fernández Balboa, hermano de Elvira, la mujer del hoy presidente del Gobierno, que accedió al cargo a los 29 años con un currículo que cabía en un folio. Su experiencia profesional se limitaba a becario por un año en Caixa Pontevedra y jefe de explotación provincial del Grupo Dragados. En su formación académica, solo constaba una licenciatura en Ciencias Económicas y Empresariales y un máster MBA.

Del entorno de íntimos de Rajoy, lo que en círculos políticos se conoce como el clan de Pontevedra, surgió también otro nombre importante de la Ciudad de la Cultura: el de Alfredo Díaz Grande, marido de la diputada Pilar Rojo, a quien se encomendó la coordinación del concurso internacional que encargó a Peter Eisenman el proyecto, de acuerdo con el empeño personal de Fraga. En su intervención ante la comisión, Díaz Grande aseguró carecer de memoria suficiente para explicar su contrato ni sus retribuciones, y dejó sin respuesta todas las preguntas que le formularon los portavoces del PSdeG y del BNG. “Han pasado ocho años y no me acuerdo de más historias”, zanjó.

Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo, con otros políticos, en su funeral en la plaza del Obradoiro. (EFE)
Mariano Rajoy y Alberto Núñez Feijóo, con otros políticos, en su funeral en la plaza del Obradoiro. (EFE)

El informe final de la comisión de investigación, que se aprobó con el voto en contra del PP, atribuyó todo lo sucedido con la Ciudad de la Cultura a “un sueño” de Fraga, recogiendo una expresión del propio expresidente en su comparecencia ante la comisión. “Un sueño del entonces presidente que no fue fruto de ningún proceso racional de estudio, reflexión y participación”, sino que fue creciendo “impulsado por directrices políticas y partidarias carentes de racionalidad económica y administrativa, en especial a partir de las elecciones de 2001”.

Tras escuchar a los más de 30 comparecientes y examinar los miles de documentos remitidos por la Xunta al Parlamento, el informe aprobado denunciaba las deficiencias de contratos y adjudicaciones relacionadas con el proyecto, así como el vínculo establecido por la fundación con empresas en cuyos órganos directivos figuran antiguos altos cargos de la Xunta.

En la comisión de investigación salió a relucir otro de los aspectos más borrosos de la Ciudad de la Cultura, el de la piedra rosada que debía revestir los seis edificios del complejo, una cuarcita que se extraía en la cantera del entonces alcalde de Ortigueira, Antonio Campo, del Partido Popular. Según deslizó la Xunta, por decisión de Eisenman. Según desvelaría este después, por orden del Gobierno gallego. Ocurrió que en 2008, a mitad de la obra, tal y como habían advertido varios informes, se agotó el filón de la piedra y hubo que buscar un material de características similares en el estado brasileño de Minas Gerais para traerlo desde allí.

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