LA INACABADA 'CIDADE DA CULTURA' YA HA ABSORBIDO 400 MILLONES

La Xunta de Galicia no sabe qué hacer con el ‘mausoleo’ de Fraga

Si comunidades como Valencia cierran el año poniendo fin a los grandes excesos de las épocas de bonanza, Galicia, con una deuda de 6.971 millones de

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La Xunta de Galicia no sabe qué hacer con el ‘mausoleo’ de Fraga
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    Si comunidades como Valencia cierran el año poniendo fin a los grandes excesos de las épocas de bonanza, Galicia, con una deuda de 6.971 millones de euros (12,4% del PIB, la quinta más alta), está maniatada frente a su particular monstruo: el Monte Gaiás, A Cidade da Cultura, el imponente contenedor cultural diseñado por el arquitecto Peter Eisenman para Santiago de Compostela. Erigido sin una finalidad concreta por orden de Manuel Fraga, el inmenso proyecto todavía inacabado tras una década de obras lleva absorbidos alrededor de 400 millones de euros, cuatro veces más de lo presupuestado. Nunca ha habido transparencia en las cuentas del Gaiás: se desconoce cuánto cuesta mantenerlo abierto y su coste final, aunque según estimaciones del Bipartito, el anterior Ejecutivo autonómico, éste será de 435 millones.  

    La Xunta del popular Alberto Núñez Feijóo, que no ha detenido oficialmente las obras pero sí las ha demorado hasta 2014 porque “no sería razonable (dedicar fondos) que podrían ser reservados para sanidad o educación”, negocia actualmente con las constructoras el coste de la indemnización, que será mayor si la renuncia se convierte en definitiva. Feijóo, como sus predecesores en el Pazo de Raxoi, no ha tenido valor para enfrentarse a esta “ida de olla” de la España del despilfarro, según la definen en privado miembros de su administración. Tampoco el Bipartito (PSdeG y nacionalistas del BNG) se atrevió a detener su construcción, argumentando que Fraga, cuando ya estaba en funciones, adjudicó los últimos contratos. Solo creó la Fundación Cidade da Cultura para intentar rentabilizar el megacomplejo implicando a elementos significativos de la sociedad gallega (se tocó a Manuel Jove, al Pastor, a las cajas) en su gestión. El proyecto murió de inanición: todos salieron en la foto pero nadie puso un duro.

    “Hasta ahora nadie se atrevió a pararlo porque nadie sabe qué hacer con él. Todo (su finalidad y presupuesto) se ha ido adaptando sobre la marcha desde hace muchos años. Si se para habrá que indemnizar a las constructoras y nadie se atreve. Nació como el mausoleo de Fraga (así se conoce popularmente en Galicia el proyecto), siempre se fue consciente de que el Gaiás no tenía contenido, solo tenía un contenedor precioso. Hubo una oposición muy fuerte (a la paralización de las obras) desde el Ayuntamiento de Santiago para que aquello no quedase en semiruina”, indican fuentes solventes con experiencia gestora en la Xunta.

    ¿De qué sirve el Monte Gaiás?

    Hasta ahora fallaron todos los intentos de reconvertir el Monte Gaiás en algo útil para la sociedad gallega. Se intentó disfrazarlo de proyecto de Estado, de sede de alguna institución estadounidense como el Moma o de puente cultural con Latinoamérica. Actualmente funcionan el archivo y la inmensa biblioteca de A Cidade da Cultura ("Fíjate tú -comentan con sorna en Santiago-, ésta debe ser la ciudad con más bibliotecas del mundo") y algunas dependencias de la Xunta que se han trasladado al complejo. Este año debería abrirse también el Museo de Galicia. La construcción aún pendiente del centro de la música y artes escénicas no comenzará antes de tres años mientras que el sexto edificio, concebido en su origen como un museo de tecnología y posteriormente como un centro de arte, dependerá de la crisis, de la evolución de las cuentas de la comunidad. Para ser consciente de lo delirante del caso, solo hay que intentar llegar hasta la Cidade da Cultura. El acceso es casi imposible: por una corredoira que cruza el monte tras atravesar las vías del tren, las futuras vías del AVE, desde el casco viejo de Santiago.    

    Salpicado asimismo por las denuncias (sonado fue el caso del cuñado de Mariano Rajoy, Manuel Fernández Balboa, a quien la Xunta de Fraga contrató como director económico de la ciudad de la cultura antes incluso de que éste se interesase por el puesto y sin disponer de su currículum, según la oposición) y una investigación judicial por supuestas irregularidades en la gestión del proyecto, el megacomplejo que debió dejar pasmado al mundo solo deja pasmados a los gallegos. Ni siquiera la Xunta tiene una idea aproximada de para qué van a servir todos los edificios (queda mucho por construir), cuánto va a costar en total o cuándo se terminarán las obras.

    “Cuando alguien decide producir un impacto tan importante sobre un paisaje secular que ha ido variando lentamente, casi de siglo a siglo, debe de tener motivos muy poderosos para hacerlo. He tratado de buscar una explicación a esta propuesta. Le he dado vueltas y vueltas a las razones que han podido llevar, no sólo a su concepción sino incluso a su construcción una vez aprobado el proyecto. Pero lo cierto es que no he sido capaz de encontrar algo razonablemente plausible. Aunque en el Plan Estratégico se hable de hacer la ciudad más visible internacionalmente, Santiago no necesita ninguna 'imagen de marca' nueva para competir en el mercado de ciudades. Probablemente sea uno de los lugares más conocidos del planeta”, según cuenta en su blog José Fariña Tojo, catedrático de Urbanismo y Ordenación del Territorio de la Universidad Politécnica de Madrid, un compostelano de pura cepa. 

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