En Marea y los nacionalistas se enfrentan por los despachos del Parlamento
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El bng ocupa los espacios desde 1990

En Marea y los nacionalistas se enfrentan por los despachos del Parlamento

El BNG y el grupo liderado por Luís Villares viven su primer conflicto de la legislatura por el reparto de sus dependencias en la Cámara gallega

Foto: Los portavoces de la oposición en el Parlamento, Xoaquín Fernández Leiceaga, del PSdG; Ana Pontón, del BNG; y, Luis Villares, de En Marea.
Los portavoces de la oposición en el Parlamento, Xoaquín Fernández Leiceaga, del PSdG; Ana Pontón, del BNG; y, Luis Villares, de En Marea.

El motivo del primer conflicto interno de la nueva oposición a Alberto Núñez Feijóo no podía tener mayor valor simbólico: el reparto de los despachos del Parlamento de Galicia. Por lo que remite a vieja política, pero también por el significado que supone para los nacionalistas del BNG, con seis diputados tras las autonómicas del 25 de septiembre, tener que desalojar unas instalaciones que ocupan desde hace 26 años para cedérselas a En Marea, que obtuvo 14. La portavoz del Bloque, Ana Pontón, ha tachado de “agresiva” la actitud del grupo de Podemos, Esqueda Unida, Anova y otras fuerzas políticas.

La reclamación de los despachos y oficinas que utilizaba el Bloque la formuló En Marea a la Mesa del Parlamento el 8 de noviembre, el mismo día que empezaba el debate de la investidura de Feijóo. Y como el órgano de gobierno de la Cámara aceptó, el Bloque acusó al grupo de Luís Villares de “sumarse a la gran coalición” de PSOE y PP con el objetivo de “causarle un agravio político” a una de las formaciones de la oposición. Villares se defiende con el argumento de que su formación política, que se estrena en el Parlamento, se limitó a solicitar unas dependencias de “dimensiones acordes” con las de su grupo parlamentario, y recordó que esas instalaciones “son del Parlamento, y no de los partidos políticos”.

Como trasfondo de este enfrentamiento opera la condición de En Marea de heredera del protagonismo político del BNG. No solo por asumir el papel de alternativa al PSdeG a la izquierda del Partido Popular, como era tradición en Galicia desde los inicios de la autonomía, sino y sobre todo por haber surgido desde las cenizas de la primera gran escisión del nacionalismo gallego, la protagonizada por el histórico Xosé Manuel Beiras en 2012. De ahí salió Anova, una formación nacionalista que impulsó la coalición Alternativa Galega de Esquerda (AGE) para obtener nueve escaños ese mismo año y que ahora, con Podemos y bajo la fórmula de En Marea, ha logrado ocho diputados más que el Bloque Nacionalista Galego.

Los recelos entre ambas formaciones políticas fueron inmediatas. Ya antes de que se consumara el reparto de los despachos, Ana Pontón lanzó una advertencia a En Marea. “Me parece que a veces se está confundiendo de adversario, de enemigo, y que confunde sus prioridades”, acusó la portavoz nacionalista, que animó al nuevo grupo a “no hacer oposición de la oposición”. “Nosotros lo que estamos es centrados en hacer la oposición a Feijóo, que representa un futuro para el empleo y para el futuro de este país”, añadió. La presencia del BNG como simple oyente en las negociaciones en las que se decidió el reparto de cargos en la Mesa del Parlamento o la ubicación de los escaños en el hemiciclo fue un baño de realidad para los seis diputados nacionalistas, que el 25-S salvaron los muebles con un resultado mejor de lo esperado y que les permite mantener el grupo parlamentario, pero que no deja de mantenerlos como cuarta formación en una Cámara con mayoría absoluta.

Una vez consumado el desahucio de los nacionalistas, Ana Pontón subió el tono y calificó ya de “gran coalición” el acuerdo sellado por populares, socialistas y En Marea para repartir los despachos y oficinas: “Los que hablan de esa gran coalición en Madrid resulta que se suman a ella en la Mesa del Parlamento y actúan con una unanimidad que me resulta absolutamente sorprendente”. “Me siento atónita de ver cuáles son las prioridades de ese grupo”, abundó la portavoz del Bloque para referirse a En Marea. También se confesó “dolida” por la “soberbia” que, a su entender, ha demostrado el partido instrumental en el que participa Podemos en su llegada en el Parlamento, y lamentó que no se exploraran soluciones alternativas “que no fueran tan agresivas” para satisfacer las necesidades de espacio planteadas por Villares. Es una actitud de “patio de colegio” que le causa “tristeza”, agregó.

Mucho más parco en palabras fue Luís Villares para tratar de zanjar el enfrentamiento de los despachos. El exjuez, que se estrena como diputado, restó importancia al incidente señalando que en Marea se limitó a solicitar a la Mesa unas instalaciones acordes a un grupo parlamentario formado por 14 diputados, más del doble de los que integran el del Bloque. “Creo que las instalaciones son del Parlamento, y no de los grupos políticos; creo…”, afirmó con ironía, antes de insistir en que fue la dirección de la Cámara gallega la que tomó la decisión de redistribuir el espacio.

placeholder El portavoz de En Marea, Luís Villares, felicitado por sus seguidores en la noche electoral. (EFE)
El portavoz de En Marea, Luís Villares, felicitado por sus seguidores en la noche electoral. (EFE)

El nuevo conflicto deja atrás el clima en el que se desarrolló la campaña electoral, sin apenas enfrentamientos cruzados entre los distintos grupos que aspiraban a apear a Feijóo de la Xunta, un ambiente que tuvo su mejor plasmación en el debate televisado, en el que los representantes de PSOE, En Marea y BNG se centraron en atacar exclusivamente al PP. Pero el panorama que se abre con esa tercera mayoría de los populares, en la que apenas hay espacio para la oposición, tiene como efecto secundario un incremento de la vigilancia mutua y de los recelos entre los restantes grupos parlamentarios.

Las disputas en público entre los dos grupos parlamentarios por un asunto de orden interno como el reparto de espacios en el Parlamento perjudican a ambos, pero en el caso de En Marea se suman a la reciente filtración de la petición de Villares a su partido de una “compensación de las rentas salariales” que dejó de percibir al renunciar a su plaza de magistrado para dedicarse a la política. En el mismo escrito, el portavoz del nuevo grupo parlamentario solicitaba la contratación de personal de apoyo, un chófer y un secretario, para ejercer sus funciones como representante del primer partido de la oposición, una circunstancia que fue aprovechada por el PP para subrayar el carácter “poco rupturista” de la petición.

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