reapertura del caso

Alcàsser, último cartucho: el fantasma de Anglés da señales de vida

Una investigación periodística logra reabrir el caso tras 27 años de pistas falsas, avistamientos fallidos y delirios conspiratorios

Foto: Ficha policial de Antonio Anglés.
Ficha policial de Antonio Anglés.

Nagoya, 2006. La sevillana Eva trabaja de profesora de español en la cuarta ciudad más grande Japón. Un día, mientras come en un restaurante brasileño, ve a un occidental que le resulta inquietantemente familiar. Pelo rubio, vaqueros, cazadora negra, tatuajes… ¡Es Antonio Anglés! Eva está tan segura que entra en pánico. “Casi pierdo la consciencia de la taquicardia”, recordará años después. El 21 de abril de 2006, la embajada de España en Tokio informó por escrito a la Dirección General de la Guardia Civil de lo sucedido.

¿Estaba Anglés escondido en Japón en 2006? Probablemente no. Pero la anécdota refleja al menos dos cosas. 1) El asesinato de las niñas de Alcàsser en 1992 marcó tanto a una generación que años después los expatriados seguían teniendo pesadillas con Anglés. 2) La policía nunca dejó de buscar a Anglés pese a que, en 1993, se propagó que había muerto durante su fuga —marzo de 1993— tras arrojarse de un barco en la bahía de Dublín.

La policía busca a un hombre vivo… y estamos ante el último cartucho

Pero la muerte de Anglés tenía fisuras —el cuerpo nunca apareció— y acaba de sufrir un revolcón: la jueza de Alzira encargada del caso ha emitido una orden europea para interrogar al capitán del mercante del que se arrojó el polizón Anglés. ¿Por qué? El capitán Kenneth Farquharson contó en 2019 a unos periodistas valencianos —Genar Martí y Jorge Saucedo— que un miembro de la tripulación quizás ayudó a huir a Anglés, declaración recogida en un programa de 'Equipo de investigación' y un libro —'El fugitiu'— publicado en valenciano y repleto de revelaciones sobre la fuga de Anglés, como que Interior ofreció 250 millones de pesetas por su paradero.

Interrogatorio fallido

La policía inglesa interrogó a la tripulación del mercante —City of Plymouth— hace 27 años, pero sin mucho ímpetu, como recuerdan Martí y Saucedo, con los que hablamos por separado. “No les preguntaron si lo habían dejado escapar”, recuerda Martí. Tampoco les enseñaron la foto de Anglés, pero lo más extraño es que el informe del interrogatorio tardó tres años y ocho meses en llegar a los juzgados españoles (¡ni el pony exprés!). “Para mí es un absoluto misterio que no se volviera a interrogar a los marineros... hasta ahora. Se perdió una gran oportunidad y se está intentando arreglar”, cuenta Saucedo.

Aunque la reapertura del caso la adelantó hace unos días 'Las Provincias', el origen se remonta al año pasado, cuando Martí y Saucedo fueron interrogados y aportaron indicios suficientes —algunos aún no publicados— como para que la jueza decidiera tirar del hilo. En otras palabras: por primera vez en 27 años, hay agua en la piscina de uno de los grandes misterios/lodazales de la democracia. Tomate de verdad, no ruido conspiratorio.


“El caso Alcàsser es uno de los más contaminados del mundo. Programas basura, forenses oportunistas, informaciones sin contrastar. Hubo errores en la persecución, lagunas y hasta mala praxis, vale, pero de ahí a pensar que dejaron huir a Anglés...”. Saucedo se refiere a la disparatada creencia de que las autoridades hicieron la vista gorda porque Anglés sabía demasiado. Recuerden: La madre de todas las conspiraciones dice que las niñas de Alcàsser murieron en una 'snuff movie' de empresarios acaudalados y altos cargos socialistas. En la época, circuló el rumor —instigado por el criminólogo Juan Ignacio Blanco y el padre coraje de una de las niñas— de que había fotos de Anglés con Felipe González que certificaban el apaño. Un programa de televisión negoció por las fotos… que nunca aparecieron.

Pero si algo queda claro tras leer 'El fugitiu' es que, las últimas tres décadas, la policía española se ha tomado muchas molestias para encontrar a Anglés. Demasiadas molestias para haberlo dejado escapar. Demasiadas también para tratarse de un muerto.

La trama carioca

Si el avistamiento japonés de Eva —cuyo testimonio aparece en el libro— quedó en anécdota, mucho más serias fueron las pesquisas en países como Uruguay o Brasil, donde agentes de la Unidad Central Operativa (UCO) acecharon a los familiares brasileños de Anglés.

En 1995, una enfermera valenciana —Amparo— creyó ver a Anglés en un hotel de Río de Janeiro. Dos agentes viajaron allí. Los 130 empleados del hotel vieron la foto de Antonio Anglés. Nadie le reconoció. Río de Janeiro era, según los periodistas, la “capital mundial de la cirugía estética”. La operación incluyó discretas batidas por las playas de Ipanema y Copacabana, según un expediente inédito de la UCO citado en el libro.

“No se descarta la posible presencia de Antonio Anglés en Río de Janeiro”, concluyó la policía tras un segundo viaje a la ciudad.

En Uruguay, hubo hasta un operativo de los GEO para atrapar a Anglés, confundido con un narcotraficante italiano.

¿Se hubieran tomado tantas molestias las autoridades si pensaran que Anglés murió ahogado en 1993?

“¿Cómo vamos a decir que Anglés está muerto si nunca apareció el cuerpo? Podría estar vivo perfectamente”, razona Martí. “La policía busca a un hombre vivo… y estamos ante el último cartucho”, zanja Saucedo. Hagamos caso a estos señores, que saben cosas.

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