Crónica negra

El terrorífico libro sobre el crimen de las niñas de Alcàsser que no te dejará dormir

'Desde las tinieblas’ desveló la vida secreta de Anglés y desmontó las conspiraciones. Un clásico maldito del periodismo español que ha resucitado al calor de la serie de Netflix

Foto: Imágenes de la serie sobre Alcàsser. (Netflix)
Imágenes de la serie sobre Alcàsser. (Netflix)

España, Valencia, Catarroja, años ochenta. Un niño pasea en bici por su pueblo, se cruza con el adolescente chungo del barrio y cambia de dirección para evitarle. El malote le sigue y le reprende por esquivarle. El niño era el periodista Joan Manuel Oleaque. El chungo del barrio: el Asuquiqui (mote barrial de... Antonio Anglés). Quedan unos cuantos años para el asesinato de las niñas de Alcàsser (1992/1993), pero ese día —sin que Oleaque fuera consciente— empezó a gestarse en su cabeza uno de los ensayos más desasosegantes escritos los últimos años en España.

Joan Manuel Oleaque cubrió los crímenes de Alcàsser como periodista, y en 2002 publicó un libro sobre el caso —'Desde las tinieblas. Un descenso al caso Alcàsser'—que lleva años descatalogado, se vende a 300 euros de segunda mano y que ha vivido un 'revival underground' al calor de la serie de Netflix sobre Alcàsser... y de la resurrección de las teorías de la conspiración sobre el crimen (sí, la serie critica la conspiración, pero da la suficiente cuerda a los conspiratorios como para que una nueva generación se haya enterado de las ramificaciones paranoicas sobre Alcàsser, cuyos presuntos agujeros parecen hechos para la era digital).

Oleaque pensaba entonces que su libro podría ser el tiro de gracia a las teorías de la conspiración. Se equivocó, sí, pero no por presunción: nadie que lea ‘Desde las tinieblas’ puede seguir pensando en serio cosas como que Anglés y Ricart no fueron los asesinos de las niñas de Alcàsser sino los cabezas de turco de un red de altos cargos degenerados; o que una mano negra del Estado maniobró para que no se conociera la verdad sobre el caso.

En realidad, el mayor impacto (emocional) del libro no es que uno no vuelva a tomarse en serio los ‘enigmas’ de Alcàsser, sino que los días siguientes a la lectura no puedes dormir tranquilo: ‘Desde las tinieblas’ es un relato de terror que deja mal cuerpo para una temporada. Pero no un terror de laboratorio a lo ‘American Psycho’ sino algo mucho más real: horror cotidiano en el inframundo barrial de la España del 92.

El libro es tan salvaje que su meticulosa descripción de lo ocurrido durante el secuestro de las niñas de Alcàsser no es el momento más crudo del texto. Porque el meollo aquí —ignorado por los conspiratorios que piensan que Anglés fue un chivo expiatorio del Estado— es la vida de Anglés previa al triple asesinato de Alcàsser.

Cartel de búsqueda y captura de Antonio Anglés.
Cartel de búsqueda y captura de Antonio Anglés.

Oleaque se sumergió en el lodazal de su pueblo para construir una descarnada biografía de Anglés basada en los testimonios de familiares, amigos y compinches. Del macarrilla de barrio al delincuente juvenil, de la venta de drogas al asalto de bancos, y de ahí a la violencia extrema, todo ello en un contexto de marginación que uno asocia más a la España de la posguerra que a la de los noventa.

“El Asuquiqui había ido oscureciendo su temperamento hasta convertirse en un tipo extremadamente iracundo. Estallaba a la mínima y utilizaba una violencia salvaje para resolver cualquier situación. Trataba todo el día con toxicómanos que despreciaba y pensaba que lo envidiaban. Y el Chino [socio de Anglés en el tráfico de drogas] consumía una cantidad de cocaína tan exorbitante que Antonio tenía que estar pendiente de todo, como un halcón que todo el mundo quería cazar. Estimaba que para hacerse respetar, la mano dura era la solución. ‘Se hacía mayor y se le cruzaban más los cables”, cuenta el libro.

Portada del libro.
Portada del libro.

Un cuesta abajo y sin frenos —de la marginación a la ultraviolencia: violencia contra la competencia, contra sus clientes yonquis, contra sus parejas, contra su madre— que acabó reventando en el delito que le llevó a la cárcel antes de Alcàsser: un espeluznante caso de secuestro y violencia extrema contra una exnovia a la que encadenó varios días en su casa familiar, convertida en túnel del terror de la España noventera, con varios testigos de la fechoría, entre ellos, Ricart. Anglés había entrado en un estado de monstruosidad e impunidad mental que iba a ir a más...

Conclusión de Oleaque: "Ni Juan Ignacio Blanco ni Fernando García [ideólogos de la conspiración] ni los periodistas ni el público sabían la verdadera crueldad de la tortura a la cual Antonio sometió a su examante Nuria. Una tortura que, en muchos puntos, anticipaba la posterior explosión del crimen de Alcàsser: el triple asesinato parecía, de hecho, una progresión con final —con muerte— de la explosión que Antonio había iniciado con Nuria. Ni Blanco ni Fernando ni los periodistas ni el público sabían tampoco lo que Neusa [madre de Anglés] cuenta: que Ricart, con Antonio, estuvo a punto de tirar a Nuria a un pozo. Y no sabían que Ricart podía haber hablado del crimen de Alcàsser a algunos colegas en términos parecidos a como lo haría en sus primeras declaraciones autoinculpatorias [de las que se desdijo antes del juicio alegando haber sido torturado durante el interrogatorio]".

Anglés sería condenado a prisión por estos hechos, pero desapareció durante un permiso y nadie se tomó la molestia de buscarle en serio (esto sí que es una negligencia estatal y no los disparates sobre 'snuff movies' que no existen). Durante su fuga, cometió el triple asesinato de Alcàsser.

El circo

Sí, es difícil trabajar con este tipo de material sin caer en un sensacionalismo atroz, pero Oleaque sale airoso por varios motivos: escritura tensa, obsesiva y sin contemplaciones. Ritmo torrencial. Conocimiento del terreno (y de la época). Fuentes. Idea clara de lo que quiere contar (y desmentir). Reporterismo, antropología y punk. Uno de los libros olvidados más importantes del periodismo español.

En esa época, según Oleaque, llegó a circular el rumor de que una televisión iba a publicar una foto de Antonio Anglés con Felipe González. O la supuesta imagen que cerraría el gran círculo de la conspiración: todos los poderes del Estado al servicio del engaño. Pero lo único que demostraba esa foto inexistente era el grado de delirio alcanzado por la teoría de la conspiración, analizado en la segunda parte del libro.

"Por primera vez desde la transición democrática, un suceso ha reflejado los miedos, las pasiones oscuras y los errores de una sociedad"

El debate abierto en torno al sensacionalismo mediático de Alcàsser fue “esteril” y se cerró en falso, según Oleaque, al reducirse a la clásica rasgada hipócrita de vestiduras y a la búsqueda de chivos expiatorios. “Considerando a Nieves Herrero culpable de todo, y evitando repetir su tipo de excesos, los medios se consideraron exculpados para continuar mostrando el dolo de manera obscena, comercial… Progresivamente, un montón de programas informativos que tenían los sucesos como eje central fueron apareciendo en las televisiones públicas y privadas. El suceso se impuso a los telediarios, a las revistas, a muchos diarios, incluso a los mejores diarios. Los medios pensaban que el suceso interesaba solo a unos cuantos morbosos. Alcàsser les hizo ver que podía interesar a muchísimos morbosos. El suceso, mayoritariamente tratado, como una lluvia de sangre y mierda sobre el público. A partir de entonces, el suceso abriría telediarios y figuraría con honor en las primeras páginas sin ningún tipo de titubeos”.

"Las teorías sobre la supuesta actuación en el crimen de una red de degenerados muy poderosos sobreviven en el inconsciente colectivo e internet"

Más madera: “Las fantásticas teorías sobre la supuesta actuación en el crimen de una red de degenerados muy poderosos sobreviven en el inconsciente colectivo e inundan internet. Mucho del periodismo de hoy, sobre todo el de televisión, es hijo bastardo de Alcàsser, de un iridiscencia negra y ruidosa. Cualquier noticia relacionada con Anglés continúa ocupando titulares. Por primera vez desde la transición democrática, un suceso ha reflejado los miedos, las pasiones oscuras y los errores de una sociedad”

Lo escribió Oleaque… en 2002.

Y su traca final: "Representantes del estamento judicial —¡y de la prensa!— han hecho duras referencias al caso, pero siempre referencias epidérmicas que no entraban a fondo en sus entrañas, como si diera miedo y vergüenza tan solo recordarlo. Pasar página, hacer como si no pudiera volver a pasar, y perseguir a Fernando y a Blanco, los más culpables: esta ha sido casi la única reacción. Así, la Justicia, las fuerzas de seguridad y la prensa se han podido sentir paladines del bien que andan sin mirar atrás, sin reconocer el propio fracaso en un caso en que, en un tramo u otro del camino, todos fracasaron, y todos contribuyeron a que pudiera darse el delirio" de la conspiración.

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