el padre también está en prisión

La frialdad de María, la parricida de Godella: “He matado a mis hijos. Me lo pidió Dios”

María, la madre de Amiel, de tres años, y de Ichel, de cuatro meses, confesó en las primeras horas tras su detención. Los médicos le han diagnosticado una grave alteración mental

Foto: Foto: EFE
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Todo apunta a que asesinó a sus dos pequeños durante un brote psicótico. La primera pregunta que le hicieron a María nada más entrar por la puerta de urgencias de el Hospital la Fe de Valencia fue: “¿Sabes por qué te hemos traído hasta aquí?”

Según apuntan fuentes hospitalarias, María no dudó un segundo: “Sí, porque he matado a mis hijos. Me lo ha pedido Dios”. No hizo falta mucho más para que relatase lo que había ocurrido en las últimas horas. Al contrario, fue como si de repente el muro de contención de su cerebro abriese las compuertas y ella dejase fluir el torrente de sus pensamientos: “Hace ya un tiempo que Dios me habla al oído. Me dice cómo debo actuar. No es un varón como todo el mundo cree, sino que Dios es una mujer. Me ha enseñado que es a través del dolor y de la tristeza que nos acercamos a ella".

Su relato continuó sin pausa: "También me ha dado poderes para detectar el mal. En este mundo en el que vivimos hay sectas malignas que te lavan el cerebro. Históricamente esta práctica arrancó en la época de los nazis, con las SS. Después llegaron los denominados “U”. Son personas muy peligrosas. Forman una secta. Se trata de humanos que se dedican a lavar el cerebro de la gente, provocan guerras y los enfrentamientos entre los seres humanos. A mí me quieren asesinar para quedarse con mis genes. Están en todos lados. Es una plaga. Hay miembros de mi familia, amigos, vecinos y hasta mi pareja Gabriel pertenece a los “U”. No se imaginan la cantidad de personas que forman sus filas”.

Después de hacer un planteamiento general, de contextualizar cómo veía ella el mundo, entró a relatar lo ocurrido con sus dos pequeños: “Yo sé que los “U” han influido en mis hijos. Estos últimos días han sido horribles y me he terminado de convencer. A mi mayor lo mandé a la escuela en septiembre y a los pocos días me empecé a dar cuenta de que le habían robado el alma. Para una madre como yo eso es fácil de detectar. Estaba más violento, más agresivo, se enfrentaba a mí, pero lo peor fue cuando me percaté de que a pesar de su edad era capaz de controlar mi voluntad, hacía conmigo lo que quería. Llegó al punto en que también se colaba en mi cerebro y dominaba mi pensamiento. En cuanto a mi hija, es una tristeza, pero nada más nacer le robaron el alma. Es un cuerpo sin alma. La que tenía al morir ahora no es la misma que cuando nació”.

Hay quien la vio en el hospital y relata que estaba tranquila, con el rictus relajado, sin crispación, como si hubiese alcanzado la paz: “No tengo miedo. Todo lo he hecho por Dios. Ella me ordenó que practicara un ritual de purificación y yo cumplí con sus deseos. Me da mucha pena la muerte de mis pequeños, pero es que habían perdido su alma. No eran mis hijos. Es la voluntad de Dios y yo estoy tranquila. Quitarles a Ichel y a Amiel la vida era la única forma de salvar sus almas y salvarme yo misma”.

Esta confesión desnorta la acusación contra Gabriel, el padre de los menores, que lleva casi dos meses en prisión sin que en principio ningún indicio apunte a que participase en los crímenes.

Este es el ejemplo de un texto alternativo

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