refugios para equinos nacidos con la crisis

Aquí acaban los caballos que se abandonan en la vía pública (decenas todos los años)

El abandono de equinos durante la crisis hizo brotar un puñado de refugios y protectoras por toda España. Hoy mantienen su tarea y sobreviven con donaciones. Hablan dos de sus impulsoras

Foto: Beatriz López, con uno de los caballos de los que se ha hecho cargo en Lucena del Cid (Castellón)
Beatriz López, con uno de los caballos de los que se ha hecho cargo en Lucena del Cid (Castellón)

La última yegua que llegó a la finca de la Asociación Protectora Amigos del Caballo (APAC) en Dénia fue encontrada atada y abandonada en una carretera secundaria en el término municipal de Oliva (Valencia). Vieja, flaca, enferma, con dificultades para respirar y sin identificación ni microchip, fue la forma que tuvo su dueño, al que nunca se encontró, de desprenderse de un animal que ya no cumplía su función. Prefirió abandonarla a su suerte. Tras una llamada del Seprona, Lois Ford, fundadora de APAC, decidió hacerse cargo del animal. “Nos encontramos con quince o vente casos de abandono de caballos en la vía pública al año. Muchas veces la gente los deja sueltos. Ha bajado la cantidad y el tipo de caballo ha cambiado: antes eran caballos de pura sangre y árabes muy caros que encontraban en fincas medio muertos. Ahora estamos volviendo un poco a lo de antes, con gente que no se preocupa por ellos”.

Lois Ford, una británica afincada en la costa alicantina desde hace casi un cuarto de siglo, fundó su asociación hace una decada para dar respuesta a un fenómeno que alcanzó cotas preocupantes con la crisis económica, como fue el abandono de caballos ante la imposibilidad material de sus propietarios de atender sus necesidades. Entre 2008 y 2014 proliferaron las noticias de equinos que aparecían muertos de hambre en prados o carreteras, o ejemplares que eran encontrados perdidos y sin alimento en fincas de campo desalojadas, algo que sigue ocurriendo pero en menor intensidad.

El caballo es posiblemente el animal al que el ser humano trata con más fuerza. Pero es por miedo

“La cosa escaló mucho en esos años. Hasta entonces hablábamos de malas personas que maltrataban a sus animales. Después llegaron buenas personas que, sencillamente, no podían portarse como debían”, dice esta mujer, empresaria, que se gana la vida con una compañía de prestación de servicios a ciudadanos extranjeros que se instalan por la zona de la Costa Blanca.

La británica Lois Ford, fundadora de APAC en Dénia. (APAC)
La británica Lois Ford, fundadora de APAC en Dénia. (APAC)

Como Lois, muchas cuadras y espacios de amantes de los equinos u otros animales tuvieron que adaptarse al aluvión de llamadas, en no pocas ocasiones de las propias autoridades, que buscaban un lugar en el que poder depositar la carga viva. “Siempre me han gustado los caballos. Al principio tuve dos, pero luego la gente te contaba cosas de caballos que estaba tirados o abandonados porque eran viejos. Había recogido a cuatro o cinco, pero de repente me dí cuenta de que empezaba a llamar más gente con la crisis y nos encontramos con veinte o treinta caballos. Nos lo comenzamos a tomar en serio hace diez años. Nos dimos de alta y nos dimos cuenta de que teníamos que hacerlo bien”, relata.

Desde entonces, han pasado por las instalaciones de APAC más de doscientos caballos (suele haber regularmente una veintena) y Lois Ford ya no acepta cualquier llamada. “Llegó un momento en que se ponían en contacto personas que no querían el caballo porque estaba viejo. Ahí empezamos a cortar y ahora hacemos un seguimiento. Ahora acogemos caballos con denuncia o informe policial. El Seprona o la Policía Local nos usa como servicio”, señala.

Ha bajado la cantidad y el tipo de caballo ha cambiado: antes eran pura sangre y árabes muy caros que encontraban en fincas medio muertos

Mantener un caballo no es nada barato. Los saben bien Beatriz López y Pablo Aguilar, una pareja de periodistas que durante varios años ejerció en Valencia y Castellón hasta que hace algo menos de tres lustros decidió dar un giro a su vida y largarse a vivir al campo. Montaron la cooperativa Mas de la Madalena, un alojamiento rural en Lucena del Cid, en la comarca castellonense del Alcalatén. “O te compras un buen coche o te compras una montaña. Nosotros decidimos comprarnos una montaña”, explica Pablo sobre la extensión de 20 hectáreas de pinos y coscoja en la que han criado a su familia.

Beatriz López, con su pareja Pablo Aguilar y Pandereta, una de las yeguas de Arcadia.
Beatriz López, con su pareja Pablo Aguilar y Pandereta, una de las yeguas de Arcadia.

El matrimonio comenzó a recibir animales: perros, gatos, alguna cabra… Y llegó Artax, viejo caballo trotón destinado al matadero que recibió una segunda oportunidad. Fue el primero de una decena de équidos que han pasado por un refugio bautizado como Arcadia al que también han dado forma de asociación y que financian con sus propios recursos, con donaciones, padrinazgos y campañas de captación de fondos para forraje.

“No había visto un caballo de cerca en mi vida. Y casi todo lo que hemos aprendido nos lo han enseñado ellos. Artax era cojo y en cierto modo me dijo: ‘Tú tranquila, no tienes ni idea de caballos pero yo sí’. Llamamos a un quiropráctico equino, entré en Internet y descubrí lo que era el manejo natural”, explica Beatriz. “El caballo es posiblemente el animal al que el ser humano trata con más fuerza. Pero es por miedo, y eso hace que el animal no coja confianza. El refuerzo positivo funciona conmigo, con nuestros hijos y también con ellos”.

Beatriz López, que dice que los caballos “hablan con las orejas”, se define como “bichera” y trata de alejarse los clichés del animalismo radical. “Políticos no somos, ni extremistas, ni radicales”. “Nos gusta y dedicamos nuestra vida a ello”, añade Pablo. La pareja tiene muchos menos ejemplares que APAC. Apenas pueda sostener a cuatro a la vez, con un coste solamente en forraje de más de 600 euros, al que hay que sumar veterinarios y otros gastos que financia con activiades con familias, campañas de recogida de fondos y otras iniciativas, como hacen otras muchas protectoras. Un caballo requiere un gasto mínimo mensual de entre 200 y 350 euros al mes.

Dos caballos en las instalaciones de APAC, en Dénia.
Dos caballos en las instalaciones de APAC, en Dénia.

En Arcadia todos viven sueltos en la finca, mezclados con el resto de animales, como un burro, una oveja, perros y cabras. “Tienen cuatro necesidades básicas: comida, agua, un lugar confortable para estar y compañía. Eso es lo que al final nosotros ponemos el verdadero trabajo lo hacen ellos. Ellos mismos vuelven al sitio”, señala sobre el trabajo de recuperación que realizan sobre caballos que, en su mayoría, acabaron en Arcadia por problemas de adaptación tras dar vueltas por muchos sitos.

Son los casos de Calma, una yegua que estaba destinada a ser usada como productora de crías pero que no deja acercarse a ningún humano y a la que tratan de educar; o Santa, que llegó a Lucena procedente de un desahaucio junto con otros dos caballos y un burro tras una llamada de la Conselleria de Sanidad. Santa acumulaba protuberancias y bultos como consecuencia del estrés y el maltrato que han ido desapareciendo tras su reubicación en Arcadia. Muchos de estos trabajos de recuperación de animales tienen sus frutos en forma de segunda vida. Dos de los caballos de aquel desalojo del que salió Santa, han terminado ayudando a niños con autismo en un centro de Vilamarxant (Valencia).

Lois Ford, sin embargo, es especialmente cauta a la hora de acudir a desahucios en los que hay animales por medio. “Nos hemos dado cuenta de que en el momento se sacan a los animales es cuando van a vaciar a las personas. Por eso no los aceptamos. Solo cuando la casa ya ha quedado abandonada”, explica esta ciudadana de origen inglés afincada en España.

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