CIFRAS E INSTITUCIONES SE CONTRADICEN

El misterio de los miles de británicos 'perdidos' en la Costa Blanca

Las cifras oficiales hablan de una salida masiva de británicos del litoral de Alicante. ¿Es una mezcla de desencanto, desarraigo y el Brexit? ¿O solo un cambio en el padrón?

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¿Se están yendo los británicos de la Costa Blanca y Marina Alta? Depende de a quién se le pregunte. La tendencia de la comunidad más asentada en la zona -empezaron a llegar en los 60- y con más presencia -suponen uno de cada cuatro extranjeros residentes- está cuestionada ante informaciones que apuntan un éxodo masivo en la región. Esto es lo que dicen las cifras oficiales, y hay motivos para ello. Los británicos no se integran y de ancianos sufren el desarraigo y la soledad. Además, ahora temen tener problemas con el Brexit. Pero sobre el terreno hay gente que duda de que exista un patrón masivo de regreso a Reino Unido: las viviendas se venden como antes y los empresarios lo achacan a un cambio en el padrón. Intentamos explicar el misterio de los miles de británicos perdidos de Alicante.

El misterio de los miles de británicos 'perdidos' en la Costa Blanca

La información que da el Instituto Nacional de Estadística (INE) da la imagen de cientos, miles de británicos vendiendo apresuradamente sus propiedades en Alicante y corriendo a los aeropuertos en tromba. En San Miguel de las Salinas, donde los anglosajones superaban a los nativos, se han ido el 43% en ocho años, según el censo. En Benitatxell, 124 kilómetros al norte por la costa, ha salido casi la mitad de ellos. Lo mismo para las localidades intermedias: Benissa (-44%), Teulada (-49%), San Fulgencio (-55%)... mientras, la población española en la región crece en una media del 5%. ¿Qué está pasando con los británicos de Alicante?"

"No está pasando nada. No hay éxodo británico en la Costa Blanca, solo unos censos inflados por motivos políticos", replica Sonja Dietz, presidenta del Círculo de Empresarios de Marina Alta. "Nuestros negocios no se han visto afectados, ni siquiera el inmobiliario. De hecho los precios están subiendo. Lo único que sí hemos notado es que se acabó la vivienda barata en la zona y eso ha frenado un poco la llegada de nuevos residentes", opina Dietz. El baile de cifras según la fuente que se maneje es tal que ni siquiera se sabe con exactitud cuántos británicos residen en la región durante más de seis meses al año. La cifra fluctúa entre los 130.000 y los 70.000.

Ni se sabe cuántos británicos pasan más de seis meses en la zona. Son entre 70.000 y 130.000"En su momento los alcaldes empadronaron a todos los que pudieron para obtener más ayudas del Estado. Muchos británicos se inscribieron por hacerle un favor al pueblo, pero nunca lo han renovado y ese es el motivo de la caída del censo", explica Dietz. Todos señalan un momento clave: el 1 de enero de 2014. Es el día que marcó el INE para depurar el censo de residentes extranjeros, después de unos años de prórroga, y que desató un seísmo demográfico como se puede comprobar en los gráficos inferiores.

Antes el sistema entendía que si no se decía lo contrario el padrón se renovaba; ahora, que si no se presenta la tarjeta de residencia cada dos años, el ciudadano es dado de baja. "Hemos luchado, hemos hecho campañas enormes de empadronamiento, pero ninguna localidad ha podido mantener las cifras de antes. Algunos ayuntamientos hemos perdido decenas de miles de euros en financiación", explica un alcalde de la región.

Un tercio de los británicos censados se ha esfumado, aunque la comunidad no lo perciben así. Amelia y su marido Ben son un matrimonio de jubilados que vive en Calpe. Llegaron a Marina Alta en 1997 procedentes de Plymouth, cuando él obtuvo la prejubilación y ella consideró que sus nietos eran suficientemente mayores para cuidarse solos. Llegaron a España, como tantos de sus compatriotas, en busca de sol. Estuvieron en la zona de San Fulgencio, alquilados, durante tres años, pero finalmente se decidieron por comprar un chalé en Calpe. "Es una ciudad más grande, con una comunidad británica importante, y nos sentimos más cómodos aquí", dice Amelia.

El matrimonio sostiene que solo ha visto crecer el número de británicos en la región. Lo explica Ben: "Ahora debe de haber 4.000 británicos en Calpe, más del doble que cuando llegamos. El otro día veo en el periódico que el pueblo se está vaciando de extranjeros... compruébalo tú mismo", dice señalando a los locales de Playa de la Fossa, repletos de alemanes y británicos bebiendo cerveza al sol.

"No van a dejar de venir porque la imagen de España como paraíso turístico es muy fuerte en Reino Unido. Hay anuncios por la calle, agencias de viajes e inmobiliarias que solo trabajan con esta país... incluso en televisión hay constantemente realities en Benidorm o Gandía. Todos los ingleses saben dónde están estos pueblos y la mayoría sueña con venir", relata Ben.

Ben y Amelia nunca han estado empadronados en España, como muchos de sus amigos. Reconocen que es por una cuestión legal: en Reino Unido están obligados a declarar cualquier propiedad inmobiliaria en el extranjero de más de 50.000 euros y temen que figurando en un registro vayan a ser fiscalizados. Sin embargo, entrados ya en la setentena, el matrimonio comienza a plantearse inscribirse en el padrón por miedo a no obtener asistencia sanitaria en caso de necesidad. Han escuchado historias de compatriotas que se han roto la cadera y, después de ser operados, se han encontrado con una factura de espanto. Desde el ayuntamiento lo niegan: "Aquí se atiende a todo el mundo y la factura, si hay que remitírsela a Reino Unido, se hace a través del consulado".

El regreso obligado

La edad y la enfermedad son la principal causa de retorno a Reino Unido. Como Amelia y Ben, durante la década de los 90 miles de británicos recién jubilados hicieron la maleta y se trasladaron a la Costa del Sol. "Llegaron al calor del boom inmobiliario, a menudo captados por los promotores en sus países de origen, y muchos aceptaron vivir en lugares que, con la edad, se han vuelto inaccesibles para ellos", explica Jordi Giner, doctor en Sociología de la Universidad de Valencia. Giner ha publicado varios estudios sobre el caso de los británicos en Marina Alta y, aunque admite que el cambio del padrón ha trastocado la perspectiva, considera que el impulso de regreso existe entre los británicos: "Sobre todo entre las personas más mayores. Algunos quedan viudos, desprotegidos y aislados. Necesitan el coche para cualquier gestión pero muchos no pueden conducir... y muchos regresan a su país".

El sociólogo Giner: "Muchos británicos sufren desarraigo y optan por regresar a su país"Los servicios sociales de la región conocen esta circunstancia. Cada vez se encuentran con más británicos octogenarios que no pueden valerse por sí mismos que, no obstante, rechazan la ayuda de las instituciones. En estos casos, desde los ayuntamientos y a menudo alertados por la comunidad de vecinos, intenta encontrar a sus familiares. “En muchas ocasiones no tienen familia en su país, o esos familiares no quieren saber nada de ellos”, dicen desde uno de estos servicios. Cuando esto sucede el protocolo pasa por buscarles una residencia pública en la zona. “Hay casos de jubilados británicos que se ven obligados a regresar a su país y han perdido tanto el contacto que eligen ciudades como Birmingham, sin haber vivido nunca en esa ciudad, simplemente por estar en el centro de la isla y facilitarles el movimiento una vez allí”, explica Giner.

Las ventas de vivienda usada tampoco convalidan la tesis de que se esté vaciando la zona. Están estabilizadas en torno a 3.000 al año en toda la región de Alicante y son normalmente operaciones entre ingleses. No todos los que se marchan venden sus posesiones: es muy común la opción de alquilar, también a sus compatriotas, ya que a menudo las urbanizaciones donde viven son temáticas. En esta linea, Giner se muestra muy crítico tanto con los ayuntamientos como con los residentes extranjeros: "Nunca ha habido una integración real de estas comunidades. Como en la película 'Bienvenido Mister Marshall', esta región se empeñó en ponérselo todo muy fácil a los ingleses porque parecía que su llegada iba a salvarnos a todos, y la consecuencia es que muchos sufren desarraigo y optan por regresar a su país".

El fantasma del Brexit

Con todo, la salida de Reino Unido de la UE sigue siendo la mayor incertidumbre que planea sobre la región. Según los cálculos del Insituto de Estudios Económicos de la Provincia de Alicante (INECA), el Brexit amenaza el 7% del PIB de la provincia, algo más de 2.300 millones de euros. Para la comunidad británica en Alicante, que mayoritariamente votó por el Remain, el panorama es sombrío. Son en su mayoría pensionistas que temen ver su estipendio congelado al residir fuera de la UE y, ahora además, se enfrentan con las consecuencias de un cambio de tipo desfavorable. "Manejamos la posibilidad de perder hasta un 20% de poder adquisitivo", dice Tina Brown, una británica asentada en Alicante que se dedica a tramitar los papeleos de sus compatriotas. "Hasta el Brexit todo era felicidad aquí, la mayor preocupación que teníamos era cómo convalidar un carné de conducir", asegura. "Ahora hay miedo, todos preguntan qué va a pasar, pero no lo sabemos".

Tina Brown en la puerta de su gestoría
Tina Brown en la puerta de su gestoría

Otra de las consecuencias más temidas del Brexit es la falta de cobertura sanitaria. España actualmente le repercute 300 millones de euros a Reino Unido en concepto de gastos médicos por sus ciudadanos. De consumarse su salida de Europa, nada les garantiza ser atendidos. "Es el mayor miedo entre los británicos de más edad. Saben que nuestra sanidad es mejor que la suya y aprovechan para realizarse ciertas operaciones de rótula, cadera... hay mucha incertidumbre con esto", explica el sociólogo Jordi Giner.

Y es precisamente esta incertidumbre la que podría generar un éxodo. Los británicos de la Costa Blanca no están por la labor de irse, pero valoran seriamente esta posibilidad . Según una encuesta realizada por la Universidad de Valencia sobre el Brexit, el 44% creen que regresar al Reino Unido sería "una mala opción que podría ser absolutamente necesaria". Otro 40% sostiene que no quiere irse, con o sin Brexit, y tan solo un 14% considera el retorno "como uno de los siguientes pasos en la vida".

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