La exigencia de la CUP topa con el calendario y los Presupuestos

Puigdemont afronta el reto de cambiar la hoja de ruta para incluir un referéndum

La CUP quiere insertar el referéndum justo después de que el Parlament apruebe las denominadas “tres leyes de desconexión”

Foto: El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont. (EFE)

La formación Junts Pel Sí ganó las elecciones catalanas del 27 de septiembre con el compromiso de aplicar una hoja de ruta para llevar Cataluña hacia la independencia en 18 meses. Ahora, pasados ocho meses de su toma de posesión, el presidente catalán, Carles Puigdemont, estudia cómo modificar este plan para encajar el referéndum unilateral de independencia (RUI) que le exige la CUP y aprobar así la cuestión de confianza del próximo 28 de septiembre.

En este momento no hay negociaciones. Puigdemont se ha ido de vacaciones. Y el vicepresidente económico, Oriol Junqueras (ERC), y su equipo convocaron a la CUP durante la primera semana de agosto para reunirse y empezar a negociar los Presupuestos de 2017, que el presidente de la Generalitat pretende vincular también a la cuestión de confianza. Pero fuentes cercanas a la CUP han explicado que el partido antisistema se negó a acudir a estos encuentros con la Conselleria de Economía hasta que Puigdemont no aceptase la cumbre urgente a que le habían convocado.

Carles Puigdemont, por su parte, prefirió irse de vacaciones y dejar enfriar los tiempos, a la espera de que la nueva dirección de la CUP le sea más favorable que la anterior, en la que siempre se imponían las tesis más radicales, las de Anna Gabriel. La propia líder de la CUP ha confirmado que durante la última semana de agosto se reunirán con Puigdemont, según ha declarado ella misma a TV3. Sin embargo, Anna Gabriel ha centrado esta reunión en un marco más global y no solo limitada a la cuestión de confianza.

Por tanto, en este momento no hay conversaciones de ningún tipo. Junqueras no vuelve al trabajo hasta el 24 de agosto. Esa semana, el líder de ERC intentará relanzar los contactos para tratar de conseguir luz verde sobre los Presupuestos de la Generalitat por parte de los anticapitalistas. Pero la CUP solo quiere hablar del referéndum unilateral. De modo que la forma en que se cambie la hoja de ruta independentista es la principal dificultad que afrontará Puigdemont en el nuevo curso político catalán que arrancará en septiembre. Anna Gabriel ha asegurado que no hay contactos con Economía, con lo que el Presupuesto del próximo año pende de un hilo.

 

La CUP quiere insertar el referéndum justo después de que el Parlament apruebe las denominadas “tres leyes de desconexión”: la de la Agencia Tributaria propia, la de la Seguridad Social catalana y, desde el punto de vista legal la más crucial, la de Transición Jurídica. Tras esa votación en la Cámara catalana, debería convocarse la consulta, con la pretensión de que esta vez fuese vinculante, y no como el 9-N, aunque, de nuevo, todo este marco político y legal no sería pactado con el Gobierno español, con lo cual su implementación real resulta cuanto menos incierta.

El fin de los 18 meses

El principal reto de Puigdemont es cómo encajar este RUI en un ya muy apretado calendario de 18 meses, que vence en junio de 2017. Las leyes pendientes van con retraso. Fuentes cercanas a la Generalitat apuntan a que el plazo de 18 meses se ampliaría a 21 o 24 meses, con lo que una legislatura que iba a ser muy corta ya no lo sería tanto.

Las razones son varias. Puigdemont debería contar con un censo que no le hiciera perder prestigio internacional y con una junta electoral al margen del poder judicial actual. Complicado. También habría de buscar la fórmula para implicar a los funcionarios de la Generalitat, reticentes a dar apoyo a un RUI que les puede suponer sanciones administrativas o incluso inhabilitaciones. Hay dudas sobre el papel de los Mossos. Todo cuestiones complejas, que precisarán más tiempo y que imposibilitarían que se cumpla el plazo previsto. ERC y Junqueras son los más contrarios a finiquitar los 18 meses, pues ahora las perspectivas electorales les son más favorables. En cambio, para junio de 2017, todo parece mucho más incierto.

Resistencias

En este momento, Puigdemont se inclinar por introducir el RUI. La propia portavoz de la Generalitat, Neus Munté, se ha mostrado favorable a abrir la mano con la modificación de la hoja de ruta. Se prevé que Puigdemont anuncie estos cambios en la cuestión de confianza, en el Parlament. La intención es pactarlo antes con la CUP y en paralelo con los Presupuestos. Muy complejo.

La vieja guardia de CDC está en contra del RUI, entre ellos, Artur Mas. Y en Junts Pel Sí, independientes como Germà Bel han discrepado de forma abierta

Pero en Junts Pel Sí muchos son contrarios al RUI. Alguno de los independientes que forman la lista, como el diputado Germà Bel, se han manifestado en contra de la iniciativa, por considerar que no tiene sentido convocar un referéndum vinculante sin que haya luego una Administración detrás con fuerza suficiente para implementar el resultado. Artur Mas y la vieja guardia convergente tampoco respaldan el RUI. Temen que la causa independentista acabe haciendo el ridículo. O que solo voten los partidarios del sí, algo que en parte ya pasó el 9-N.

Con estos mimbres, parece muy difícil sacar todo esto adelante con la oposición del Tribunal Constitucional, sin negociar nada con el Gobierno de Madrid y al margen del apoyo de la UE. Y, además, con el frente independentista dividido. Después de casi un año tras el 27-S, el independentismo catalán tiene los mismos problemas que entonces: la pretendida unidad resulta más formal que real, carecen del 50% de los votos y lo fían todo a una debilidad del Gobierno español que, como todo el proyecto, se mueve más en el plano teórico que en el real.

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