dependerá del tono que adopte la Generalitat

La mayoría del Gobierno, favorable a negociar con Mas tras el 9N

Un nutrido grupo de ministros encabezado por la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría se muestra partidario a pactar con el Govern después del 'proceso'

Foto: Imagen previa al Consejo de Ministros del 3 de octubre. (Efe)
Imagen previa al Consejo de Ministros del 3 de octubre. (Efe)

La mayoría de los miembros del Gobierno, encabezados por la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría, se muestran partidarios de negociar con Artur Mas después del 9N, según han explicado fuentes políticas y empresariales conocedoras de los contactos entre la Generalitat y Moncloa. La única condición es que la Generalitat no se ponga al frente de la movilización del 9N y que el tono de las declaraciones de Mas y su equipo de Gobierno durante este fin de semana sea lo más conciliador posible.

Sin embargo, no todo el Ejecutivo español está por labor. Algunos ministros como el del Interior, Jorge Fernández Díaz, el de Cultura, José Ignacio Wert, y el de Hacienda, Cristóbal Montoro, siguen siendo partidarios de una línea dura que fuerce a Mas a dimitir y que condene a CiU al infierno de la oposición en el Parlament.

No todo el Ejecutivo español está por la labor: Jorge Fernández Díaz, José Ignacio Wert y Cristóbal Montoro siguen siendo partidarios de una línea dura

Pero son mayoría en el gabinete los que apoyan a la vicepresidenta, como el responsable de Economía, Luis de Guindos, el titular de Justicia, Rafael Català, la ministra de Fomento, Ana Pastor, o el de Industria, José Manuel Soria. No es que estos ministros estén a favor de lo que ha pasado en Cataluña estos últimos meses, pero prefieren apoyar a Mas y reconducir la situación que forzarle a convocar elecciones y encontrarse con una Generalitat presidida por un Oriol Junqueras (ERC) que lo primero que hará será proclamar una declaración unilateral de independencia.

El presidente Mariano Rajoy todavía no se ha decantado por ninguna de las dos opciones, pero será clave lo que opinen dos personas muy cercanas al gallego: el ministro de Exteriores, José Manuel Margallo, más próximo con matices a las tesis de Soraya Sáenz de Santamaría; y su jefe de gabinete, el catalán Jorge Moragas; alineado con los duros del Consejo de Ministros respecto a Cataluña.

División del Ejecutivo

Prueba de la división del Ejecutivo es que en las últimas horas mientras Rafael Català intentaba templar los ánimos asegurando que el Gobierno no intervendría siempre que se tratase de un acto de libertad de expresión, la delegada del Gobierno en Cataluña, María Llanos de Luna, persona próxima a Jorge Fernández Díaz, enviaba una carta a la Generalitat recordando la importancia de no desafiar al Tribunal Constitucional.

Catalá ha dicho que el Gobierno no intervendrá al tratarse de un acto de libertad de expresión. (Efe)
Catalá ha dicho que el Gobierno no intervendrá al tratarse de un acto de libertad de expresión. (Efe)

En medios empresariales catalanes partidarios de la tercera vía –un acuerdo que permita mantener el status quo con una mejora sustancial de las condiciones de Cataluña en el marco autonómico– hay esperanzas de que se imponga la vía de diálogo con el apoyo del propio Rajoy.

La fórmula Soraya

Como ya avanzó El Confidencial, la vicepresidenta hace tiempo que maneja fórmulas para negociar un cambio de estatus de Cataluña: basadas en tres ejes: un pacto fiscal similar al de Navarra, un estatus de bilateralidad en sus relaciones con España y un cierto blindaje de competencias que evite que el TC tenga que ser el árbitro constante entre la Generalitat y el Gobierno.

El Gobierno baraja una fórmula basada en tres ejes: pacto fiscal, estatus de bilateralidad y blindaje de competencias

Artur Mas tiene incentivos para sentarse a negociar a partir de la semana que viene. Con un proceso de diálogo abierto, el PP y el PSC podrían abstenerse en el Parlament y dejar que Mas aprobase los Presupuestos de la Generalitat para 2015, con lo que ya podría finalizar la legislatura. También se le otorgaría asistencia financiera desde Madrid para acabar el año, algo que con la actual tensión de caja de la administración catalana resultará muy complicado.

Junqueras ya está advirtiendo a Mas de que no vale la pena negociar, inquieto porque el diálogo debilita su posición. Pero el presidente catalán ya no cuenta con los republicanos para aprobar los presupuestos. Y tras el 9N lo más probable es que se rompa la unidad entre los partidos soberanistas.
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