los presupuestos romperán el espejismo

El TC da a los partidos soberanistas catalanes la unidad... hasta el próximo lunes

El TC con su segunda providencia vetando otra vez el 9N ha facilitado a los partidos soberanistas una unidad más aparente que sólida y con fecha de caducidad: el lunes

Foto: El presidente de la Generalitat, Artur Mas, junto al conseller de Economía, Andreu Mas-Colell. (EFE)
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, junto al conseller de Economía, Andreu Mas-Colell. (EFE)

El Tribunal Constitucional (TC) con su segunda providencia, que veta la nueva movilización del 9-N, ha facilitado a los partidos soberanistas catalanes una unidad más aparente que sólida que tiene fecha de caducidad: el próximo lunes. Pero hasta entonces las manifestaciones públicas de CiU, ERC, ICV y las CUP irán todas en la misma dirección: celebrar la manifestación de este domingo de la manera más masiva posible.

Fuentes políticas de las diferentes formaciones advierten, sin embargo, que esta unidad es más fachada que realidad. Y que el tacticismo electoral acabará imponiéndose, algo que no tardará mucho en aflorar. Una semana apenas. Este mismo mes el conseller de Economía, Andreu Mas-Colell presentará los Presupuestos del 2015, y aquí se acabará el espejismo de acuerdo.

Fuentes de ERC aseguran que la prioridad es forzar un avance electoral para no dilapidar la simpatía popular de la movilización del 9-N. Pero Artur Mas tiene otros planes: prolongar la legislatura lo más posible a la espera de que CiU remonte en las encuestas. La única posibilidad que tienen los republicanos de que se adelanten los comicios es la lista unitaria que quiere Mas para enmascarar su pérdida de votos. Pero el líder de ERC, Oriol Junqueras, se niega, por lo que los convergentes jugarán a prolongar tanto la legislatura como el enfrentamiento con el ejecutivo de Mariano Rajoy.

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En otras palabras: tras la ceremonia de participación del 9-N no hay nada. Puede que hasta el escéptico independentismo de Joan Herrera (ICV) se vea espoleado por el veto del Constitucional. Pero más allá de eso, nada.

La prueba de fuego

La prueba de fuego serán los Presupuestos del 2014. Mas-Colell ha preferido presentarlos pese a no contar con los apoyos suficientes. ERC no va a avalarlos por considerarlos una prolongación de la política autonomista y porque además obligan a cerrar con un déficit del 0,7%, lo que obligará a nuevos recortes o una nueva filigrana contable. Hace más de un mes que todos los puentes entre CiU y ERC están cortados.

Sin los republicanos la paradoja es que Mas-Colell y Artur Mas necesitarán precisamente a los partidos que no apoyan la consulta para sacar adelante las cuentas públicas.

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La tesis más probable es que PSC y PP, los partidos no soberanistas, darán un respaldo tácito, si bien no activo, a los Presupuestos de la Generalitat. La fórmula: una sofisticada maniobra de politiqueo. Abstenerse durante tres meses, de manera que Mas-Colell pueda sacar adelante los Presupuestos y aleje la amenaza de unas anticipadas que convertirían a Junqueras en presidente catalán y que, entre otras desgracias para los partidos tradicionales, supondrían la entrada de Podemos en el Parlament con una fuerza significativa y una capacidad desestabilizadora mayor si cabe.

Deuda histórica

Mas prefiere este acuerdo que el apoyo incondicional del PSC que le ha ofrecido Miquel Iceta, que le ataría de pies y manos a los socialistas. Además, en CiU se considera que la abstención, aunque venga en parte del PP, tendrá un coste político menor que el voto positivo de los socialistas.

Otra cosa es el tipo de jugada contable que incluyan los Presupuestos para conseguir cumplir con el objetivo de déficit que impone el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro. Mas-Colell no quiere más recortes y tampoco aumentar la presión fiscal a una sociedad exhausta. Una solución, según fuentes políticas de CiU, pasaría por incluir un concepto como “deuda histórica”, que incluiría lo que no se ha podido cobrar en conceptos como la disposición adicional tercera del Estatut, que el Gobierno ha incumplido, o el impuesto sobre depósitos bancarios. En total sumaría 4.000 millones, a cobrar cuando algún partido en minoría necesite los votos convergentes en el Congreso para llegar a la Moncloa. Algo que no tardará en pasar, si las encuestas no se equivocan.

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