"Aquí se cargaron al tío ese de la mafia"

La violenta ecuación del covid en Marbella: menos narcotráfico, más sangre entre clanes

Dos ajustes de cuentas entre bandas en dos semanas disparan la preocupación policial en Marbella. Hay menos materia prima y más tensión entre bandas por retener el mercado

Foto: Crimen en Marbella.
Crimen en Marbella.

Nadia no pudo comerse los falafels que iba a tomar con su pareja el pasado martes. Milos Perunicic, o Slavisa Z, como aparece en diversos pasaportes, había salido por Marbella a hacer unas compras. Iba a volver pronto, pero nunca llegó. Con la comida aún caliente en la mesa, Nadia escuchó los ocho disparos que dejaron postrado a su novio en la puerta de la casa, el edificio “Gran Marbella” en una lujosa zona esculpida de mármol que habían alquilado hacía seis meses. La imagen de Milos, que había salido hace unos meses de la cárcel de Algeciras donde cumplió condena por narcotráfico, ahogado en un charco de sangre con ocho tiros en la cabeza y su mascarilla puesta, no ha podido borrarla de su retina. Los planes de futuro con su chico quedaban frustrados en un ajuste de cuentas que la policía vincula con una banda rival del crimen organizado y el narcotráfico.

Ahora la novia del bosnio, también de los países del Este, le ha querido hacer su particular homenaje edificándole un pequeño santuario en la calle, donde aún están los círculos de tiza trazados por la policía alrededor de los casquillos. El paso de cebra que ya ha sido marcado por la fatalidad es ahora un lugar donde los vecinos se postran a rezar. Allí, Nadia ha dejado 17 rosas rojas, “era su número favorito”. En el corazón de velas rosas que le ha dibujado en la acera, ha depositado un pequeño elefante de la suerte con la trompa hacia arriba: “Para que tenga un buen viaje y la luz le guie en la oscuridad”, susurra. Una vecina del edificio donde vivía la pareja corta unas flores violetas en el arriate del jardín colindante y las acerca, también, al pequeño santuario del bosnio: “Vivían aquí pero no les conocíamos -explica-. Lo malo de Marbella es que nunca sabemos quién es el vecino que tenemos al lado.

"En los últimos años los ajustes de cuentas habían sido en chalés, fincas y lugares alejados de la ciudad. Ahora nos ha tocado en plena ciudad"

"¿Ves a mi hija? Ella pasea por aquí a menudo y el día de los disparos podría haber sido una desgracia si hubieran llegado a alcanzarnos. Esta es una zona familiar muy transitada. La policía subió a mi casa, el día del asesinato, para anotar lo que habíamos visto y lo único que le pedimos a los agentes es que, por favor, hubiera más vigilancia, pues somos familias que queremos vivir tranquilas". Patricia S., que es italiana pero lleva viviendo toda la vida en Marbella, aún se acuerda de la tragedia del año en 2004, cuando un niño de siete años, y un hombre de 36 fallecieron después de que dos encapuchados descerrajaran 50 tiros para matar a un rival, que escapó en los bajos del Hotel de Nueva Andalucía.

“En los últimos años los ajustes de cuentas habían sido en chalés, fincas y lugares alejados de la ciudad. Ahora nos ha tocado en pleno corazón de la ciudad. Justo en un acceso al paseo marítimo por donde pasa tanta gente”, concluye Patricia, preocupada, llevándose a su hija cogida de la mano.

Homenaje improvisado al fallecido en Marbella.
Homenaje improvisado al fallecido en Marbella.

“Un selfie donde mataron al mafioso”

La glorieta de Camilo José Cela de la Milla de Oro marbellí se ha convertido en un lugar de visita donde los coches se paran hacer fotos y sacan el móvil para mandar la selfie a sus amigos: “Aquí se cargaron al tío ese de la mafia el otro día” dicen, mientras ponen cara de circunstancia, le dan al “clic” y prosiguen su paseo. Este ha sido según fuentes policiales el segundo ajuste de cuentas en dos semanas en Marbella. La anterior víctima fue un británico que aún se encuentra ingresado grave en el Hospital Costa Del Sol; le dispararon varios tiros en las piernas.

La Policía Nacional está preocupada. Según informan a este medio fuentes del cuerpo, el robo de drogas de unas bandas a otras se ha incrementado con el covid. El virus ha dificultado los transportes, hay escasez de medios para las entregas pero sigue habiendo compromisos adquiridos para no perder el mercado. Ese ha sido el presunto móvil de este caso que ha enfrentado a dos bandas de la antigua Yugoslavia sembrando el pánico en pleno centro de Marbella el pasado martes al medio día. El modus operandi de los "vuelcos de droga", robarle la mercancía a una banda rival, siempre fue una profesión de riesgo.

La sustracción se hace durante la entrega de la mercancía, en locales o naves que tienen los narcos para custodiar el material antes de su distribución. Todo apunta, en la investigación del último tiroteo, que el bosnio y sus socios se quedaron con la cocaína de un importante clan que opera en el campo de Gibraltar. El primer aviso fueron los ocho tiros. Hace seis años en una operación de la Guardia Civil desarrollada en la costa de Ceuta fueron decomisados 33 kilos de cocaína y, entre los detenidos, estaba el bosnio que acribillaron en Marbella. La Audiencia Provincial le impuso una pena de seis años de prisión gracias a una conformidad entre las partes. Entonces el Milos reconoció los hechos ante el tribunal de la Sección VI y cumplió condena por tráfico de drogas.

Desde que salió de la prisión de Algeciras, hace unos meses, se ubicó junto a su pareja en la zona de Arturo Rubinstein en el edificio “Gran Marbella”, un emplazamiento en el que se paga un alquiler entre cuatro mil y cinco mil euros mensuales. Enfrente tenían sus viviendas el fallecido Jesús Gil y Juan Antonio Roca, por lo que la avenida está considerada como el arranque de la Milla de Oro de la ciudad.

Ajuste de cuentas

Los investigadores que siguen el caso apuntan que los hechos son compatibles con un ajuste de cuentas. El día del asesinato de Milos, había más de cuarenta agentes en la zona. Hasta el mismísimo comisario, Enrique Lamelas, se personó en lugar de los hechos como en los viejos tiempos cuando estaba en la unidad de homicidios en Madrid. El sicario que, con toda frialdad, se acercó a la nuca de Milos y le descerrajo ocho tiros, no ha sido detenido. La teoría del crimen organizado vinculado al narcotráfico rebrota cuando avanza la desescalada en Málaga, una de las provincias andaluzas más azotadas por el coronavirus. Los mismos investigadores señalan a este medio: "Es un ajuste de cuenta claro entre personas de los Balcanes. Esto no es nuevo, ocurre desde hace años". Los agentes cruzan los dedos saben que hay más de un centenar de bandas que operan en la Costa del Sol. “Demasiado poco pasa para la cantidad de criminales que se esconden en los treinta kilómetros de costa” precisa un agente. El problema tras la desescalada es que toca repartir el negocio entre más, y la presión policial se está extremando. Esto multiplica la rueda del crimen organizado que gira con venganzas y ajustes de cuentas como el de Milos Perunicic.

Se matan entre ellos

El mensaje de los políticos locales a la ciudadanía es siempre el mismo. El de la tranquilidad y el consabido “aquí no pasa nada”. Hace unos meses, tras el último crimen en un aparcamiento en la zona de las Chapas, el portavoz del Ayuntamiento de Marbella, Félix Romero, precisaba que la sensación en la localidad es de “máxima seguridad” y que el nombre de la ciudad hace que las muertes “tengan más visibilidad”. Los residentes en la zona de Arturo Rubinstein no tienen la misma impresión. El día que se produjo el crimen de Milos, tres oficinas inmobiliarias y una clínica dental estaban abiertas en los locales bajos de la glorieta. En el coche de uno de los empleados de la inmobiliaria quedo encajada una bala de las que disparo el sicario: “Menudo susto, menos mal que no había nadie dentro”. Una empleada en la zona comenta: “Todavía no se me ha quitado el susto de encima, de ver como en mi cara, pegaban tiros a la cabeza a ese hombre”. Ahora el olor a rosas disipa mínimamente el olor a pólvora de los tiros y las cuentas de un rosario enmascaran las balas de una muerte.

Andalucía
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