EL COVID DISPARARÁ LA MARIHUANA

Por qué tres décadas después el Polígono Sur es aún el barrio más pobre de España

La crisis tras el covid golpeará a esta zona marginal donde los clanes se tirotean por la marihuana y es un drama que no haya colegio, ni comedor, para cientos de niños

Foto: Las familias que abandonaron el barrio sevillano del Polígono Sur. (EFE)
Las familias que abandonaron el barrio sevillano del Polígono Sur. (EFE)

"Te podría decir que es la constatación de un fracaso pero sería injusto, sí que se ha avanzado, veo la botella medio llena aunque, en muchas cosas, hay una parálisis muy importante". Jaime Bretón es el comisionado del Polígono Sur desde hace menos de un año. Esta semana, de nuevo este barrio de Sevilla, con una renta anual per cápita de 5.112 euros, se ha situado como el más pobre de España según el índice de Indicadores Urbanos (Urban Audit) publicado por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La ciudad sevillana arrastra la pesada losa de tener cuatro barrios entre los diez más pobres de España pero la cronificación de la pobreza en el Polígono Sur es alarmante. Desde 1988, hace 32 años, las administraciones competentes, Gobierno, Junta y Ayuntamiento de Sevilla, ponen sobre el papel planes, proyectos, acuerdos, convenios para sacar a este barrio de la marginalidad. Millones de euros, muchos fondos europeos, pero los indicadores socioeconómicos siguen sin revertirse.

Antes, durante el decreto del estado de alarma por el covid, el Polígono Sur estuvo en los medios de comunicación por dos noticias. Por los tiroteos entre clanes de la droga y una intervención policial con varios detenidos dedicados a las plantaciones de marihuana. Antes, porque era muy difícil imponer las restricciones que en el resto de la ciudad se habían asumido con normalidad. La congregación de grupos de personas en la calle para celebrar las misas cantadas del culto evangélico tenía a muchos vecinos indignados. Es la historia del barrio. Unos desafían la ley con impunidad y otros, la mayoría silenciosa, traga porque tiene miedo a significarse o teme represalias.

Hace calor en mayo como si fuera agosto. Qué diferencia este paseo de otro por cualquier barriada de la ciudad. La calle está igual de vacía, o más, pero no hay un hotel ni apartamentos turísticos. No hay un supermercado ni una tienda de una gran cadena comercial. No hay franquicias, oficinas, tampoco edificios públicos que obliguen a empleados públicos a desplazarse a la zona. Hay equipamientos deportivos, una factoría cultural, 16 centros educativos entre colegios (8), institutos (4), centros infantiles (3) y un centro de adultos, dos centros de salud, locales de asociaciones de vecinos... Son 40.000 habitantes, más de 144 hectáreas, seis barrios y un número elevado, muy por encima de la media de otros barrios, de viviendas públicas que en un alto índice no se sabe quién ocupa.

El 20% en exclusión severa

Los estudios sociológicos distinguen dos clases de población en el Polígono Sur. Aproximadamente un 20% de la población está excluida, es muy vulnerable. "En estos casos sí que muchas veces la exclusión se sigue heredando de padres a hijos. Es muy complicado romper este círculo vicioso de la pobreza", apunta Bretón. El resto, la mayoría, son trabajadores con empleos precarios, en una buena proporción, en la economía sumergida, dedicados a la venta ambulante, empleadas del hogar, "gente con cultura de trabajo", camareros, albañiles, guardias de seguridad, pero siempre en una línea delgada y en peligro de caer en la exclusión.

En cada crisis, si la ciudad lo pasa mal, el Polígono Sur ingresa años en cuidados intensivos. Desde la recesión de 2008 proliferaron las plantaciones de marihuana que hoy reinan por el barrio. "Los vecinos vienen a verme atemorizados, llorando, no denuncian porque tienen miedo. La compañía de electricidad, Endesa, mira para otro lado. La Fiscalía tiene que actuar de oficio", defienden desde el comisionado del barrio, que pide "una pensada al Código Penal". Asegura que, ahora mismo, es "el auténtico cáncer".

En la nueva crisis, los prestamistas harán su agosto, los clanes de la droga se harán con más pisos vacíos, la marihuana será la salida para muchos

Quienes conocen el Polígono Sur advierten de que vienen tiempos, de nuevo, muy duros. "Ahora el problema va a ser mayor porque quien convence a un joven para que se apunte a un taller de jardinería si sabe que no va a tener salidas laborales y los clanes le prometen 4.000 euros al trimestre por dedicarse a la droga", relata Bretón. "La gente está desesperada y ese es el camino fácil. Cada vez hay más niños que son atendidos en los centros de salud con problemas respiratorios graves por los químicos que inhalan de esas plantaciones. Enganchan la luz, hay cortes de suministro, incendios pero es difícil hacerles ver que ese es el camino corto pero no el mejor". La marihuana, que ya se disputan en una batalla cruenta los clanes de la droga, se considera una droga blanda con penas más leves que en otros casos. Ahora vendrá una etapa dorada para los prestamistas, una figura que en esta zona de la ciudad, sigue estando muy vigente. Muchos terminarán entregando sus pisos, de los que ni siquiera son propietarios. El problema seguirá engordando.

Empezarán a derribar bloques

Durante años y años se ha intentado hacer un censo de esas casas para controlar quién vive en ellas. Ha sido imposible. Se han dado pasos adelante y atrás. Ahora, en mitad de un descontrol importante sobre esas viviendas, según confirma el comisionado, muchos de esos pisos se dedican al cultivo de marihuana. Bretón informa de que ha acordado con la Junta de Andalucía comenzar a derribar los bloques vacíos. Es una decisión polémica pero que va hacia delante.

"En el Polígono Sur se da un camino de ida y vuelta. Las administraciones han bajado el nivel de exigencia hacia los ciudadanos”, explica Bretón, que defiende que hay que caminar hacia “la normalización" en todas las direcciones. "Si en cualquier zona de la ciudad para ocupar una vivienda pública tienes que estar registrado, pagar luz, agua y comunidad, aquí también. Si no, entramos en una espiral". Al ciudadano se le exige menos pero también recibe peores servicios. En ningún otro barrio se podría hacer una candela en la calle, montar una carpa para celebrar una fiesta ocupando la vía pública, hacer carreras de motos o de coches, peleas de gallos... Aquí sí se puede.

Hay una impunidad que permite a una minoría someter a la mayoría, que debe aguantar ruidos, suciedad, situaciones de inseguridad. Incluso quienes trabajan en las Tres Mil admiten que acabas normalizando que haya aguas fecales porque las tuberías estén rotas, suciedad en la calle y portales sin cerradura. Se ven normales acciones que en otras zonas de la ciudad serían perseguidas.

600 niños, sin almuerzo

A esto, explica Bretón, se refiere el comisionado cuando habla de "relajar el nivel de exigencia". Este responsable público, sin competencias propias más allá de coordinar el trabajo de todas las administraciones y de la iniciativa privada, afirma con rotundidad que el servicio que mejor funciona en el barrio es Lipasam, servicio municipal de limpieza, y el peor, la Policía Local, que "hace dejación de funciones".

Cuando se declaró la pandemia, 700 niños del Polígono Sur recibían almuerzo y merienda en sus centros educativos. Sin embargo, la Consejería de Educación aseguró que solo cien estaban correctamente inscritos en la red de garantía alimentaria y en el Programa de Refuerzo de Alimentación Infantil. Es un buen ejemplo de cómo funcionan las cosas en el Polígono Sur. La Junta aseguró que solo podía atender a ese centenar salvo una ampliación de su programa que llevarías semanas. El comisionado del Polígono Sur alertó de "un levantamiento" si dejaban atrás a tantos niños. Finalmente, Bretón acudió a la iniciativa privada y fue la empresa Grupo Konecta quien asumió el catering. En Semana Santa se hizo cargo el Ayuntamiento y después ya, la Junta.

El cierre de los colegios dejó a más de 600 niños sin garantía de comer a diario y excluye a menores que no pueden dar clases 'on line'

Para esos niños, subrayan desde la Asociación Entre Amigos, es muy complicado seguir las clases 'online'. La mayoría no tiene ordenador, ni tablet. Sí teléfonos móviles pero no basta. No tienen un entorno propicio. Los voluntarios y los profesores se las han ingeniado para hacerle llegar fichas físicas que pudieran completar en casa. Se han inventado un canal de YouTube privado para que puedan estar en contacto con sus educadores. Hay cadenas de WhatsApp. La brecha digital amenaza a estos menores, que tenían en su horas en el centro educativo la mejor inversión para salir de la pobreza extrema. También esa misma brecha complica mucho la vida a los vecinos mayores de edad. Han tenido dificultades serias para pedir cita en el médico o reponer recetas, para pedir ayudas que había que tramitar telemáticamente, resolver cuestiones del paro u otras prestaciones.

En los 80 y ahora

Eran los años 80 cuando Luis Martín, presidente de la Asociación Entre Amigos, llegó al Polígono Sur. Cuenta que se encontró seis barrios, "aquí había nueve mil y pico de familias, más de 40.000 habitantes". "Me encuentro completamente perdido. Tenía 40 años y me encuentro que no sé ni por dónde ando. En la labor de la parroquia me toca atender a la gente de la barriada de Las Tres Mil y me doy cuenta de que no sé ni por dónde empezar. Me llevé meses dando palos de ciego y decidí hacer un estudio socioeconómico de la zona. Entramos en 1.864 familias para hacer esas encuestas, casa a casa. Con los datos baremados para ver por dónde empezar, nos reunimos unas 50 personas y durante un fin de semana largo, junto a un sociólogo de Cáritas, elaboramos una serie de puntos que podían ser las líneas de trabajo que desde la parroquia podríamos llegar adelante", cuenta Luis en la presentación de su libro 'Recuerdos y confidencias de Nolasco Santoro'. Después, dice: "la Expo se llevó muchos recursos a otros lugares de la ciudad".

El presidente de la asociación Entre Amigos, creada en 1985, es un pionero en el barrio de muchas cosas. Fue el primer director del Instituto de Secundaria Polígono Sur, párroco de la Iglesia de Jesús Obrero y segundo presidente de una asociación que fundó la que fue su mujer, ya fallecida, con la que se casó en 1990 tras dejar el sacerdocio. Aquel primer plan que ponen en marcha tuvo cinco objetivos. Los cinco podrían seguir vigentes en 2020.

Se proponen el "fomento de la conciencia de barrio", aquí cada uno viene de un sitio y otro. "Los que se normalizan, se van", insiste Bretón. Reivindican servicios, porque al principio solo había viviendas, de hecho los distintos barrios del Polígono Sur se denominan por el número de viviendas. Ahora sí hay muchos equipamientos pero hay 11 solares vacíos y ninguna administración se decide a levantar un edificio que traiga trabajadores y normalidad a la zona. Si la iniciativa pública no lo hace, la privada no lo hará jamás, indica Bretón. Deciden en tercer lugar impulsar el asociacionismo, convencidos de que 'la unión hace la fuerza'. Como cuarto punto subrayan el "cuidado de la formación personal y colectiva", porque hay muchas personas analfabetas, que no saben leer ni escribir. Esa brecha, pese a que los datos de analfabetismo son mucho menores, sigue muy por encima de la media. Como quinto objetivo sitúan uno que hoy es el principal: la lucha contra el paro.

Martín habló, el pasado febrero, en la presentación de sus memorias de "los esquineros". Hoy, se siguen viendo. Otras pintas, pero igual de jóvenes e igual de ociosos. La asociación Entre Amigos nace para ayudar a "esos chavales todo el día en las esquinas, que no hacían nada y lo único que esperaban era pedir un cigarro o veinte duros para comprarse una litrona". Hoy, entre muchas otras actividades, cultivan y venden fruta ecológica a través de la empresa Jacaranda y tienen un catering social. Hay avances, muchos, sobre todo, admiten quienes trabajan en el barrio, en el papel de la mujer, que ha ganado independencia y autonomía. Pero, ahí sigue, cada año, como el barrio más pobre de España ese que se fundó a finales de los 70 con 30 o 40.000 personas de distintos puntos de Sevilla a los que dieron una casa para acabar con la infravivienda.

Andalucía

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