La obsesión española con la memorización: cómo se convirtió en un símbolo de estatus
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La obsesión española con la memorización: cómo se convirtió en un símbolo de estatus

Las propuestas de Celaá e Iceta para rebajar la importancia de la memorización han creado polémica. Pero ¿por qué tiene tanto prestigio la memoria en nuestro país?

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Foto: EFE/Emilio Naranjo.

En poco más de un mes, dos reformas propuestas desde el ejecutivo han abierto una de las cajas de truenos más ruidosas del debate público español. Por un lado, la reforma del currículo planteado por la Lomloe de Isabel Celaá hacia un enfoque menos memorístico y más competencial. Por otro, una revisión del acceso a la función pública promovida desde el ministerio de Política Territorial y Función Pública de Miquel Iceta que intenta reducir, de nuevo, el papel de la memoria. Como lo defendió el ministro, un factor que hace que las oposiciones no sean atractivas” para los jóvenes.

En 2018, el responsable de los informes PISA elaborados por la OCDE, Andreas Schleicher, aseguraba a El Confidencial que “los estudiantes españoles son buenos en cosas que resultan cada vez menos relevantes en nuestra sociedad, por ejemplo, la reproducción de contenidos memorísticos, que es lo más fácil de automatizar. Son más débiles a la hora de resolver problemas o de enfrentarse a procesos complejos de pensamiento, que exigen extrapolar o aplicar tu conocimiento a una situación no conocida”. Los movimientos por parte de los Ministerios de Educación y Función Pública parecen compartir ese diagnóstico sobre nuestro país y muestran voluntad de buscarle solución, lo que ha generado instantáneamente un gran ruido mediático.

"Generaciones de personas con empleo fijo y bien pagado deben su puesto a la memoria"

Pocas cuestiones generan tanta tensión en España como una hipotética rebaja del peso de esta cualidad. La pregunta del millón de euros es por qué, y si se trata de un mero posicionamiento pedagógico o por el contrario intervienen otros factores sociales no tan evidentes a primera vista. En lo que todo el mundo se pone de acuerdo rápidamente es en el elevado prestigio social que tradicionalmente ha tenido y que probablemente se encuentre vinculado a los procesos de acceso a algunas de las profesiones más reputadas en la función pública española, como los jueces o los abogados del estado, que han de memorizar largos temarios y demostrar su conocimiento exhaustivo ante un tribunal.

“Es claramente una marca de estatus”, valora Rafael Feito, catedrático de sociología de la Universidad Complutense de Madrid y autor de ‘¿Qué hace una escuela como tú en un siglo como este?'. “Quien aspira a ser juez o abogado del estado se pasa cuatro o cinco años en su casa con un preparador personal y de esos, tan solo el 10% de los aspirantes termina por sacar la oposición. Hay un sesgo de clase clarísimo”. El sociólogo lo entiende: es un vuelco en un sistema de valores que puede percibirse como un ataque a la propia valía. “Es normal la reacción si te has pasado años estudiando una oposición para obtener tu puesto, y de repente te dicen que no se puede basar todo en la memoria y que ese esfuerzo no es suficiente”.

Foto: Examen para las 208 plazas de operario de servicios sanitarios. (EFE)

Uno de los motivos que ha impulsado la reforma planteada por Iceta es facilitar la diversidad y el acceso a esos puestos por parte de los sectores de la sociedad que no pueden permitirse pasar años estudiando. Esto ha provocado resistencias entre los que ya están dentro. “Generaciones de personas con empleo fijo y bien pagado deben su puesto a la memoria y la oposición, tocar el proceso es tocar su legitimidad, así lo van a defender, pues es su razón de ser”, valora por su parte José Saturnino Martínez, profesor de Sociología de la Universidad de La Laguna y autor de ‘Estructura social y desigualdad en España’.

“Es particularmente escandaloso el caso de los jueces”, añade por su parte el sociólogo de la Universidad Complutense de Madrid César Rendueles, autor de ‘Sociofobia’. “Es increíble que elijamos a las personas justas que deberían interpretar nuestras leyes con prudencia y sabiduría a través de un proceso circense que consiste en memorizar y ‘cantar’ cerca de doscientos temas”. El modelo al que se alude una y otra vez es al de esas oposiciones de grupos A1 que exigen un gran esfuerzo en tiempo y memoria pero que a cambio garantizan acceder a algunos de los puestos más elevados en la jerarquía del sistema público español.

"Parece que es memoria frente a no memoria, cuando el problema es cuánta hace falta"

Coincide en la apreciación William Chislett, hispanista y autor de ‘Microhistoria de España’, que recuerda que “no todo el mundo puede terminar una carrera y pasar dos años estudiando, hay muchos buenos alumnos que se quedan fuera. Los abogados del estado, por ejemplo, tienen una memoria fenomenal, pero un buen trabajador no solo un gran memorizador”. Feito recuerda que en el exitoso ‘Así funciona la justicia’, la magistrada Natalia Velilla defiende la memorización como una forma de adquirir una visión estructural del derecho que no se puede obtener de otra manera, aunque el sociólogo no lo ve de la misma manera.

La lista de los reyes godos

Esta semana se viralizó un vídeo en el que Samantha Hudson aludía al tópico que afirma que se sigue estudiando la lista de los reyes godos en lugar de “gestionar las emociones”. Una intervención que causó polémica entre los profesores, que recordaban que la monarquía bárbara se esfumó de los currículos hace décadas, aunque haya quedado como tópico ‘ad aeternum’. Como recuerda Martínez, “uno de los problemas estúpidos en el debate parece que es memoria frente a no memoria, cuando el problema es cuánta memoria hace falta, y sin duda en el modelo actual, hace falta mucho, parece que excesiva”.

“Lo que ha desaparecido, en todo caso, son los ejercicios de memorización pura, como la lista de los reyes godos o de los concilios de la iglesia: esa idea, bastante absurda, de que la memoria es una especie de músculo al que se le pueden inyectar anabolizantes pedagógicos”, añade Rendueles. “En cambio, casi nadie se preocupa de que los niños memoricen cosas que tiene todo el sentido memorizar y que, de hecho, les encanta memorizar, como poemas y canciones. Esos mismos jóvenes que, al parecer son unos vagos que odian la memorización, son capaces de corear el repertorio completo de Kase.O”.

"Las asignaturas son versiones reducidas de los temarios de oposición de enseñanza"

El sociólogo recuerda, además, que “a menudo los programas de las asignaturas son versiones reducidas y simplificadas de los temarios de oposición de acceso a la enseñanza. Así que los docentes tienden a reproducir en sus prácticas pedagógicas su propio proceso de reclutamiento”. En otras palabras, se produce un efecto de transferencia del prestigio memorizador desde la élite de la función pública española hasta las aulas de parvulitos.

Memorizando por el mundo

El modelo de oposiciones de nuestro país es herencia del modelo napoleónico, en el cual la memoria tiene un peso incluso mayor que en el español, como recuerda Feito. El modelo más influyente en materia de función pública y ordenamiento jurídico, como explica el profesor Fábio Lins de Lessa en ‘La función pública en el mundo’, que aspiraba a un sistema de excelencia con profesionales altamente cualificados a través de “un riguroso y exigente sistema de oposiciones” y la igualdad de oportunidades.

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Foto: Reuters/Vincent Kessler.

Es significativo que la reforma de la ENA (Escuela Nacional de Administración Pública) francesa y su sustitución por un Instituto de Servicio Público haya generado este mes un rechazo igual de intenso y con argumentos muy similares. “Los hijos de los altos ejecutivos están sobrerrepresentados, los hijos o hijas de los trabajadores casi ausentes”, recordaba un editorial de ‘Le Monde’ que relacionaba la reforma con las protestas de los chalecos amarillos. “El resultado es una endogamia reforzada por los orígenes sociales, que permite que una élite se perpetúe a sí misma”. Otros juristas, sin embargo, advertían de que se trataba de una medida demagógica que tal vez “oculte algo más”.

Algo semejante señalaba un estudio realizado por Fedea hace una década, que concluía que el 20% de los nuevos puestos en la administración pública son ocupados por familiares, un porcentaje que ascendía hasta el 30% en el caso de los notarios y registradores y descendía al 10% entre los jueces. “Una hipótesis es que los hijos de los altos miembros de la administración son más competentes que el resto, pero puede ser también una muestra de nepotismo”, explicaba en aquella ocasión el economista Manuel Bagüés. “Los candidatos parientes cercanos de altos funcionarios en ejercicio tienen una tasa de éxito que es aproximadamente el doble de lo que cabría esperar a partir de sus resultados por escrito”.

"Resulta un sistema de fácil control, por lo que disminuye los litigios"

Suele considerarse al modelo anglosajón una alternativa respecto al francés, que se extiende a otros países europeos como Bélgica, Grecia o Italia, y que estaría más centrado en la valoración del currículum, la formación, la experiencia o la entrevista personal. “En el sistema anglosajón también hay que memorizar, pero nada como aquí”, valora Chislett. “Estoy seguro de que es uno de los factores que están detrás de la alta tasa de abandono en España, porque no todo el mundo tiene buena memoria. Yo mismo tengo muy mala memoria, lo sé, y creo que es injusto si no naces con esa capacidad o si no eres de clase media-alta para compensarlo”.

El británico, instalado en España desde la época de la Transición, cuando trabajó como periodista para ‘The Times’, sugiere que esa confianza en la memoria y en el sistema de oposiciones puede ser el síntoma de una desconfianza hacia el propio sistema universitario y el prestigio de los títulos universitarios españoles. “En mi país no existen las oposiciones”, recuerda en referencia al sistema anglosajón donde los exámenes forman una parte reducida de los procesos de admisión. “Si eres diplomático vas a una universidad, estudias una buena carrera, adquieres experiencia y superas las entrevistas”.

Foto: Celaá y Calviño: lo educativo y lo económico. (EFE)

Esa es una de las alternativas que se proponen frente al 'cante' de temas. La gran pregunta es hasta qué punto son justas en un sistema que debe garantizar la igualdad de oportunidades, como se pregunta Martínez. “Dejarlo todo a pruebas con poco criterio objetivo puede llevar también a una carrera por quien es más ocurrente”, argumenta aludiendo a las evaluaciones de ensayos personales que, por ejemplo, determinan el acceso a las grandes universidades americanas. Es el caso reciente de la alumna que entró en Harvard gracias a un trabajo en el que explicaba su odio hacia la letra 's'. “Ese es el riesgo real que señalan los defensores de las oposiciones”, añade.

No hay que perder de vista que una de las ventajas de un sistema de memorización es que deja poco espacio a la interpretación de los tribunales, como explica el autor de ‘La equidad y la educación’. “Resulta un sistema de fácil control (si te sabes algo de memoria, es fácil saber qué sabes), por lo que disminuye los litigios”, valora. “Por otro lado, garantiza esfuerzo y paciencia. Si se ponen de moda los test, se tarda menos tiempo en aprender a hacerlos bien, y el aprendizaje puede ser más superficial. Otras formas de evaluar no son tan fáciles de codificar, como ver la capacidad para resolver ciertos problemas, eso se presta a más ambigüedad, es decir, más litigios y más posibilidades de arbitrariedad, que es lo que genera desconfianza”.

¿De verdad memorizan más los españoles?

Lo que tampoco resulta fácil de cuantificar es cuánto peso tiene la memorización en cada uno de los sistemas educativos, ya que se trata de una magnitud difícil de medir. En 2012, PISA interrogó a los alumnos de la OCDE sobre el peso que tenía la memorización en su aprendizaje. España apareció muy por encima de la media, al igual que Reino Unido, lo que Chislett considera que no se corresponde con la realidad de su país

GRÁFICO

“La memorización es utilizada de manera frecuente por los estudiantes de 15 años”, recordaba un trabajo publicado por la OCDE a partir de aquellos datos. “En casi todos los países, los estudiantes estaban de acuerdo con al menos una de las cuatro cuestiones sobre memorización planteadas sobre estrategias de aprendizaje”. El trabajo señalaba que muchos de los prejuicios que tenemos sobre aquellas regiones donde más se recurre a la memorización pueden no ser verdad. En concreto, a lo que se refiere a los países del este asiático, que tradicionalmente se han considerado los más propensos a la memoria como herencia confucionista.

Menos estudiantes de 15 años en Hong Kong, Japón, Corea del Sur, Macao, Taipéi y Vietnam manifestaban memorizar que en algunos de los países angloparlantes con los que a menudo se les compara”, desvelaba el trabajo. “Por ejemplo, el 12% de los estudiantes en Japón y Corea manifestaban que aprenden de memoria cuando estudian matemáticas”. Ese porcentaje aumentaba hasta el 26% en Canadá, el 28% en Irlanda, el 29% en EEUU, el 35% en Australia o el 37% en Reino Unido, donde en teoría el aprendizaje es más práctico.

"Los alumnos se quejan, en Reino Unido memorizan menos que en España"

Era en esos países, además de otros como España o Países Bajos, donde se reportaba un mayor uso de la memoria. Pero como plantea Chislett, tal vez no se trate más que de “los alumnos quejándose, porque en Reino Unido memorizan mucho menos que en España”. Ahí tal vez se encuentre el quid de la cuestión: en los estereotipos educativos que se manejan en el debate público y que generan distorsiones instrumentalizadas según el interés de cada cual. Cuando se discute sobre la memoria, no se discute tan solo sobre la memoria, sino también sobre la jerarquía social que esta genera.

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