A la caza del yihadista con policías infiltrados en la red: del Corán a planes para matar gais
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A la caza del yihadista con policías infiltrados en la red: del Corán a planes para matar gais

El auge de las nuevas tecnologías obliga a los servicios de Información a adentrarse en los foros terroristas e interactuar directamente con ellos para desbaratar atentados

placeholder Foto: Las conversaciones entre los yihadistas y los agentes encubiertos informáticos. (El Confidencial Diseño)
Las conversaciones entre los yihadistas y los agentes encubiertos informáticos. (El Confidencial Diseño)

Se llaman agentes encubiertos informáticos y se han convertido en una herramienta clave en la lucha contra el terrorismo en España. Son miembros de las fuerzas de seguridad entrenados para pensar, hablar y odiar como los terroristas, pero solo están interpretando un papel. El auge de las nuevas tecnologías y las redes de mensajería entre los radicales islamistas obliga a los servicios de Información de la Policía y la Guardia Civil a infiltrarse en sus conversaciones. Ocultos tras identidades falsas y un guion aprendido, su misión pasa por ganarse la confianza del enemigo hasta reunir indicios suficientes para neutralizarlos.

—Yo soy musulmán, hermano. Para mí el islam es la luz que me ha ayudado a seguir el camino recto, ¿tú también lo eres?

Me convertí yo solo a raíz de los actos de Madrid de 2004, empecé a interesarme por el islam.

Así empezó en mayo de 2019 el intercambio entre un agente de la Comisaría General de Información de la Policía Nacional y un sospechoso del que tenían datos de su intención de entrar en acción. El primero se hace llamar Kadyr, pero en realidad es un policía que escribe desde la sede de los servicios centrales del cuerpo, en el complejo policial de Canillas, Madrid. El segundo es un converso de 34 años residente en Las Palmas de Gran Canaria que no tiene ni idea de que va a ser detenido unas semanas después. Se llama José Francisco, pero usa el alias de 'Hassan'. No sabe que él mismo está allanando su camino a la cárcel por creer que está hablando con un seguidor de Estado Islámico como él.

Foto: 'Kalifat'

Según informan fuentes de la lucha antiterrorista, estas conversaciones empiezan casi siempre abordando cuestiones sobre el islam o con comentarios acerca del Corán. Siempre en un plano eminentemente religioso y no violento. Es la forma de comenzar a tantearse: "Empecé a mirar internet, a leer libros. El Corán en español, porque no sé árabe. Es muy complicado de aprender". A medida que van cayendo barreras, los comentarios empiezan a subir de tono. "Aquí nos tratan muy mal. Yo trabajo cargando y descargando maletas y me peleé con un español cerdo antimusulmán por meterse conmigo…", le dice el agente encubierto a modo de prueba.

Esta actuación policial está regulada en el artículo 282 de la Ley de Enjuiciamiento Criminal y debe contar siempre con una autorización judicial. Un protocolo parecido al que se sigue cuando se pide la intervención de un teléfono móvil. En el caso de terrorismo, depende como siempre de la Audiencia Nacional, pero estos agentes encubiertos informáticos también investigan a delincuentes sexuales o traficantes, entre otros. La ley les ampara incluso para grabar conversaciones aunque el sospechoso esté en su domicilio. También pueden compartir material ilícito siempre que sea imprescindible para ganarse la confianza de la otra parte.

En 2015, el Ministerio del Interior calculó que el 95% de los delitos que se cometen a través de la red queda impune, y por ello se potenció el trabajo de estos encubiertos. Está permitido mentir, incluso hacerse pasar por el sexo contrario. Hay precedentes de radicales detenidos tras pensar que estaban hablando con una mujer a la que trataban de impresionar. Una de las dificultades de esta labor es llevar al sospechoso al límite sin caer en la provocación del delito, algo tasado en la legislación española que puede dar al traste con una investigación. Ese riesgo llega en la segunda fase del intercambio, cuando la conversación se radicaliza.

Un recurso habitual es tocar temas sensibles, como las acciones de Israel sobre Palestina. Algunos comentarios no resultan muy diplomáticos si se tiene en cuenta que los pronuncia un miembro de las fuerzas de seguridad del Estado. Pero todo es una interpretación:

—Cuando veo a Israel lanzando misiles... Esta semana mataron a una mujer embarazada y a su hijo... A veces pienso si Alá ve lo que hacen a sus hijos —le dice el agente encubierto.

—Israel debe ser exterminado, los judíos son lo peor. Y los católicos, sus protectores. Los católicos de aquí [España] deberían ser castigados" —responde el presunto yihadista.

Un recurso habitual es tocar temas sensibles, como las acciones de Israel sobre Palestina

A partir de ahí, el investigado da rienda suelta a su admiración por Estado Islámico y Al Qaeda, afirma que gracias a los atentados de Madrid en 2004 o los de Nueva York en 2001 empezaron a ser respetados. Dice vestir con estética occidental para no llamar la atención y se queja de que en España se venere al apóstol Santiago. Esta monitorización duró tres meses hasta que por fin dio el resultado esperado. Tras la pregunta directa del policía, el sospechoso admitió su deseo de "atacar sitios de desviados, de homosexuales, ir a sus sedes. Ya sabes, bum, bum".

El resto de esta conversación a la que ha tenido acceso El Confidencial gira en torno a conseguir coches "para atacar", la zona más propicia, la vigilancia policial, ventajas de actuar en las islas o en la Península… Todo mientras el agente encubierto le pide más detalles de su plan o si tiene ya algún objetivo concreto. El chat de Telegram en el que se contactó con este radical era sobre compra y venta de objetos como armas y material militar. Contaba con 4.052 miembros.

Esta monitorización en redes se acompañó de vigilancias y seguimientos al sujeto, quien fue sorprendido haciendo fotos a la fachada de un edificio en el que se ubica la sede de un colectivo LGTB de Canarias. Una vez detenido, se le incautó abundante material de propaganda yihadista, decapitaciones, audios, juramentos de lealtad al Daesh. Entre todo ese material, apareció una pista que llevó la investigación a una segunda fase. Entre los contactos en su móvil, apareció el de un presunto yihadista marroquí llamado Mohamed Buysfdaoun.

A sus 38 años en ese momento, era el dinamizador de numerosos chats de mensajería cerrados y grupos de Facebook en español, alguno todavía activo. Ahí se difundían mensajes como que "un gay es un hereje", "la democracia es la religión del diablo", que "está permitido derramar sangre" en defensa del islam y que "el castigo por abandonarlo es la muerte". También gestionaba grupos solo para mujeres donde se les daba instrucciones rigoristas como "cubrir las caras de las muñecas de sus hijos cuando no estén jugando con ellas".

De nuevo, la Policía optó por entrar en contacto con él a través de un agente encubierto informático. Tras unos primeros intercambios, comprobó que su odio hacia los judíos podría ser una buena puerta de acceso: "El otro día, decían que los judíos sabían lo del ataque a las Torres Gemelas y que nadie fue a trabajar. ¿Tú has conocido alguna vez algún judío Moha...? ¿Son así de malos como dicen?". El agente se hace pasar en todo momento por un discípulo deseoso de profundizar en sus conocimientos sobre el islam.

Foto: Ataúd de uno de los tres policías asesinados por otro trabajador de la Administración. (Reuters)

El sospechoso le instruyó en las diferencias entre "la yihad mayor" y "la yihad menor", la importancia de combatir por el Califato, la futura reconquista de España y le dio referencias de otros líderes religiosos a los que acudir. También le confesó las medidas de seguridad que adoptaba para no figurar como administrador de los foros radicales en los que difundía sus mensajes. Acabó detenido. La Audiencia Nacional les procesó en enero a él y al ciudadano canario por adoctrinamiento yihadista y colaboración con grupo terrorista. Están pendientes de juicio. La investigación permitió neutralizar además a un contacto suyo, un ciudadano cubano afincado en Bogotá con planes de atentar contra intereses de Estados Unidos. Fue arrestado también por las autoridades colombianas.

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