Ejecutiva clave en Cs: Arrimadas no aplaca las voces críticas pero descarta dimisiones
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CUADRADO, EN LA DIANA

Ejecutiva clave en Cs: Arrimadas no aplaca las voces críticas pero descarta dimisiones

Los principales dirigentes territoriales se desplazaron esta tarde tras una de las peores resacas electorales. No dudan del liderazgo de Arrimadas, pero señalaron a su núcleo

placeholder Foto: El candidato a la presidencia de la Generalitat por Ciudadanos, Carlos Carrizosa, y la presidenta del partido, Inés Arrimadas. (EFE)
El candidato a la presidencia de la Generalitat por Ciudadanos, Carlos Carrizosa, y la presidenta del partido, Inés Arrimadas. (EFE)

A las siete de la tarde estaban citados los principales dirigentes de Ciudadanos en la sede nacional del partido en Madrid. Una reunión, a la que muchos de ellos acudieron presencialmente tras la debacle del partido en Cataluña, y que se prolongó durante casi cinco horas. El partido se ha desangrado en su cuna política. Casi un millón de votos perdidos y la friolera de 30 escaños. El golpe es durísimo y el único precedente en el imaginario naranja es el de la repetición electoral de 2019, cuando el partido cayó de los 57 escaños hasta la decena. Albert Rivera dimitió al día siguiente.

Los líderes territoriales de más peso acudieron esta tarde a un cónclave en el que sonaban tambores de guerra y que terminó cerca de la medianoche. Los turnos de palabra se sucedieron y prácticamente todos intervinieron. El guión se cumplió: las críticas salieron disparadas desde varios líderes territoriales como el valenciano Toni Cantó, el andaluz Juan Marín (también la presidenta del Parlamento de Andalucía, Marta Bosquet) y los madrileños Begoña Villacís e Ignacio Aguado. Críticas a la estrategia nacional diseñada por el director de campaña y hombre fuerte de la presidenta, Carlos Cuadrado, al que el dirigente valenciano llegó a señalar como responsable que debía dimitir.

Arrimadas actuó como árbitro pidiendo "unidad" en todo momento y asegurando "que nadie sobra" en el partido. Pidió confianza una y otra vez entre reticencias de los asistentes, que recordaban las decepciones que ya han sufrido. Es la estrategia, pero también la comunicación, el trato y la recentralización de poder interno. Las cosas no funcionan bien internamente y los dirigentes territoriales (que muchos están en gobiernos autonómicos) no se sienten escuchados.

El núcleo duro naranja aseguró que no era momento de dimisiones ni de actuar en caliente, asegurando que este era el último capítulo electoral de la peor racha que ha sufrido la formación. Pero muchos líderes territoriales tienen dudas e insistieron en que o se produce un cambio de rumbo o esto podría ser el principio del fin. La situación difícil que atraviesa el PP es de las pocas cuestiones que dan confianza a un sector del partido.

"El liderazgo de Inés no está en duda"

Desde la noche del domingo dirigentes autonómicos insistían en que “nadie dudaba del liderazgo de Inés Arrimadas”, pero apuntan a Cuadrado y en otros casos al candidato de Cataluña, Carlos Carrizosa. Al final la mayor parte de los compañeros cerraron filas con el aspirante a presidir la Generalitat y centraron los ataques en el director de campaña. Fuentes presentes en la ejecutiva sí reconocen que Arrimadas mostró su malestar ante los mensajes aparecidos en medios de comunicación. "Estuvo a la defensiva", afirman.

Ya lo decían en la madrugada del domingo al lunes e insistieron en que culpar a la baja participación no se ajusta a la realidad. “No hemos sabido defender nuestro mensaje, ni retener a nuestros electores. No podemos culpar solo al alto grado de abstención. Éramos primera fuerza. No podemos compararnos con el PP”, repetían cargos del partido a este diario en plena resaca electoral.

Sin autocrítica

Tanto el domingo por la noche como a lo largo del lunes el candidato catalán y Arrimadas evitaron hacer autocrítica hablando solo de la "desmovilización del constitucionalismo". Las voces críticas, con cargos en Gobiernos de coalición y también orgánicos en distintos territorios, señalaban insistentemente el diseño de la campaña y la estrategia del partido en los últimos tiempos. De ahí que se anticipara un debate intenso en la reunión de este lunes.

La cúpula actual señala a "decisiones del pasado" y se muestran convencidos de que el partido ha tocado fondo, pero que podrá sobrevivir. Reconocen que marcha de Inés Arrimadas al Congreso fue un éxito por los resultados de aquellas generales (57 escaños), pero que en Cataluña no se entendió.

Foto: Elecciones catalanas 14-F.

Las voces más críticas consideran que el empeño de la nueva ejecutiva con la estrategia pactista en el Congreso no se ha entendido, ha perjudicado a muchos territorios donde ven como PP y Vox siguen superándoles y, además, en la campaña el partido ha abandonado su ADN dejando en manos del partido de Abascal el mensaje duro contra el nacionalismo. "Siendo primera fuerza, aunque partiéramos de una posición de debilidad, no podemos decir que haremos presidente a Illa. No podemos no ir a los lugares más complicados de Cataluña donde siempre hemos sido la voz de la libertad", decían algunas personas que se sentarían después en la ejecutiva.

Solo respaldan parte del discurso sobre la herencia recibida. En el equipo de Arrimadas insisten que la victoria de 2017 se quedó en papel mojado hace tiempo y que el punto de partida era la debacle electoral de 2019. Ahora bien, los dirigentes territoriales afirman que no se trata de hacer una lectura solo en clave catalana, sino que el proyecto está fallando a nivel nacional.

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La presidenta de Ciudadanos, Inés Arrimadas. (EFE)

"Hay que forzar el debate"

A pesar de que Carrizosa, igual que Arrimadas, insistió en que es momento de “mantener el partido unido” porque “abrir una crisis no solucionaría nada”, lo previsible es que hoy muchos dirigentes exijan cambios y una nueva estrategia. También preveían, como ocurrió, que el núcleo duro actual con Cuadrado al frente insistiría en el argumentario de que “el porcentaje ha sido el mismo que el de las generales del 10-N y además en un contexto de pandemia”, tratando de justificar la debacle electoral. Daban por hecho que evitarían hablar de dimisiones y que pedirían unidad. Pero algunos dirigentes consideraban que es necesario "forzar ese debate".

“El golpe ha sido muy duro, pero también es una oportunidad. Estábamos en un bucle en el que no podíamos seguir. No se entiende la estrategia nacional, ni que el partido sea más vertical que nunca”, afirmaban horas antes de comenzar la reunión. En los territorios tienen la sensación de que todo se ha centralizado a pesar de que el peso del partido en el Congreso ha disminuido mucho frente a las cuatro comunidades donde hay Gobiernos regionales y municipales. Aseguran que las bases están desmovilizadas por la mano de hierro y que afiliados y simpatizantes “se sienten completamente ninguneados”.

A pesar de las críticas de centralización que cosechaba Rivera y su número dos, José Manuel Villegas, muchos dirigentes de la ejecutiva actual afirman que la situación ha ido a más con la nueva dirección. La debilidad del PP (no solo por Cataluña, donde perdió un escaño quedándose en tres, sino por el liderazgo de Pablo Casado, que podría estar en cuestión) es otro de los argumentos a los que se agarran las voces más críticas. Afirman que sigue habiendo oportunidades en el tablero político y que hace falta “un equipo fuerte” que rodee a Arrimadas.

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