James Rhodes no es velocista, pero adelantó a 274.671 personas en la carrera por ser español
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James Rhodes no es velocista, pero adelantó a 274.671 personas en la carrera por ser español

El pianista británico es el último beneficiario de la carta de naturaleza, un procedimiento discrecional con intenciones humanitarias, pero que suele beneficiar sobre todo a deportistas

placeholder Foto: James Rhodes, en la presentación de 'Playlist', en septiembre de 2019. (EFE)
James Rhodes, en la presentación de 'Playlist', en septiembre de 2019. (EFE)

En una entrevista en septiembre de 2019, el músico británico James Rhodes confesó que con motivo del Brexit sopesaba pedir la nacionalidad española al por entonces presidente en funciones: "Pedro Sánchez, por favor, si no, me encadeno a Moncloa", bromeó en la presentación de su último libro. La amenaza iba más en serio de lo que parecía y ha terminado cristalizando, 14 meses más tarde, en la última carta de naturaleza que el Consejo de Ministros ha concedido este año.

La nacionalización de Rhodes, autor del superventas 'Instrumental' (Blackie Books, 2014), no ha aparecido aún en el Boletín Oficial del Estado y tampoco aparece en las referencias del Consejo de Ministros que publica Moncloa, sino que fue anunciada a media mañana de ayer por el vicepresidente, Pablo Iglesias, en su perfil de Twitter.

La carta de naturaleza es una de las formas de que un extranjero pueda adquirir la nacionalidad española. Sin duda es la más directa, pero su concesión es totalmente discrecional, depende de cada Gobierno otorgarla por los méritos que considere convenientes o, como dicta el artículo 21 del Código Civil, "cuando en el interesado concurran circunstancias excepcionales".

En espíritu, este recurso tenía un carácter humanitario o reparador, como sucede por ejemplo con los descendientes de los sefardíes que en su momento fueron expulsados de España o, como pasó el pasado mes de agosto, con los seis filipinos descendientes de su abuelo, Santiago Erquiaga. Los Erquiaga eran una familia de vascos republicanos a los que Franco desposeyó de la nacionalidad española y se vieron obligados a permanecer en la antigua colonia durante décadas. También entran en esta categoría Lorent Gómez Saleh, activista y expreso político venezolano, y su esposa María Gabriela Medina, o el senegalés Gorgui Lamine Sow, quien heroicamente salvó a un hombre de un incendio en Denia el pasado año.

Sin embargo, sucesos de esta índole son cada vez más infrecuentes, dado que la carta de naturaleza ha acabado por ser un salvoconducto para nacionalizar deportistas por la vía exprés. Recientemente, hemos visto el célebre caso de Ansu Fati, atacante del Fútbol Club Barcelona y originario de Guinea Bissau, que obtuvo la nacionalidad española en septiembre de 2019 y desde entonces ha jugado ya cuatro partidos con la selección. Pero no ha sido el único deportista.

En este 2020, el juvenil senegalés del Real Madrid, Eli John Ndiaye, obtuvo también la nacionalidad por ese procedimiento, como ya habían hecho en el pasado el congoleño Serge Ibaka o el montenegrino Nikola Mirotic. El boxeador cubano Enmanuel Reyes Pla o el waterpolista eslovaco Martin Famera también lograron la nacionalidad española este año.

El récord de deportistas nacionalizados por la vía rápida se dio en 2015, un año antes de los juegos de Río de Janeiro, cuando 15 pasaron a ser españoles. En total, unos 100 deportistas han sido nacionalizados por esta vía en el último cuarto de siglo.

Los descendientes de los sefardíes han sido los principales receptores de las nacionalizaciones por carta de naturaleza. Les ampara la Ley 12/2015, que regula el procedimiento por el que los sefardíes pueden solicitarla. Según una investigación de Civio, que analizó la concesión de las nacionalizaciones por esta vía entre 1994 y mayo de 2019, un 93,4% de las 5.627 concedidas fueron para los sefardíes.

El Gobierno de Pedro Sánchez ha otorgado otras 18 desde entonces, sin contar la de Rhodes. No es fácil conseguirla: según los datos del Ministerio de Justicia, desde 2007, solo el 12,1% de las 7.706 cartas de naturaleza solicitadas ha sido concedido. Desde 2011, el número de personas a las que el Gobierno ha concedido esta gracia ha estado entre las 11 y las 28.

El atasco en Justicia

El camino más habitual para conseguir la nacionalidad es la residencia, pero también es el más lento. Dependiendo del país de origen, los requisitos y los plazos para iniciar el proceso son diferentes, pero todos los solicitantes se enfrentan a un muro burocrático que en muchas ocasiones tardan años en superar. La falta de medios en la Administración provocó un atasco que llegó a acumular más de 400.000 expedientes, para los que solo había cinco funcionarios.

Foto: Ansu Fati ya tiene la nacionalidad española. (EFE)

La situación ha mejorado en los últimos años. A 31 de mayo de 2018, había 374.662 solicitudes de nacionalidad por residencia sin resolver. Y a 30 de septiembre de 2020, la cifra había bajado a 274.671, según el último informe del Ministerio de Justicia. La mayoría de los expedientes pendientes son de 2017, 2018, 2019 y 2020, pero quedan algunos anteriores a 2010. A todos ellos los ha adelantado James Rhodes.

En los últimos tres años, la tendencia ha cambiado y el número de resoluciones ha sido mayor al de solicitudes, lo que ha permitido reducir los expedientes sin resolver. El año 2019 fue especialmente bueno: entraron 92.451 solicitudes y hubo 164.701 resoluciones. Sin embargo, el retraso en el procedimiento aún es enorme: a 30 de septiembre de este año, el 67% de las solicitudes presentadas entre 2016 y 2019 aún no había sido resuelto.

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