La Guardia Civil investiga a un presunto asesino en serie estas Navidades
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La Guardia Civil investiga a un presunto asesino en serie estas Navidades

La Guardia Civil considera sospechoso a "Juanito Pirata" por haber asesinado presuntamente a cuatro personas. Aun así, y aunque choque, está en libertad

placeholder Foto: Coche patrulla de la Guardia Civil. (iStock)
Coche patrulla de la Guardia Civil. (iStock)

En España, entre Mallorca e Ibiza, vive Juan Torres, alias “Juanito Pirata”. La Guardia Civil ha posado sobre él sus ojos inquisitivos. Le consideran sospechoso de haber asesinado a cuatro personas. Aun así, y aunque choque, está en libertad. Las familias de sus presuntas víctimas se preguntan por qué. Es sencillo, los investigadores no han logrado todavía encontrar ninguno de los cadáveres de los desaparecidos.

El último crimen que creen que ha cometido es el de Antonio Llabrés, de 46 años. Este hombre desapareció a mediados del pasado mes de agosto. En los días previos a que se le perdiera la pista, habló con su madre, María, y le dijo que no se preocupara, que tenía previsto marcharse unos días a Ibiza. Ella lo recibió con normalidad y en una conversación intrascendente se lo trasladó a una persona allegada: “Que Antonio se va unos días”. Extrañada por el repentino viaje, esta última llamó a Antonio para preguntarle detalles de su desplazamiento. Su sorpresa fue que, cuando al otro lado de la línea descolgaron el teléfono, no estaba Antonio, sino una voz desconocida que le dijo: “Espera, que te lo paso”. Y así fue. Los dos se saludaron, pero de repente Antonio gritó: “Estoy atado”. El tono era de miedo y súplica. La llamada se cortó de inmediato. La persona, asustada, insistió en marcar el número, pero fue imposible retomar el contacto. Fue la última vez que se supo de él.

Foto: Yorkshire, la ciudad que presenció los brutales crímenes de su particular destripador. Foto: Reutrers

En un principio, la familia, que reside en Binissalem y cuyos vecinos no paran de hablar del asunto, dejó pasar el incidente. Prefirieron creer que podía tratarse de una broma, pero con el paso de los días, al no tener noticias, acudieron a la casa de campo en la que residía. Allí se encontraron a un individuo que se identificó como Juan Torres. Les contó que no sabía nada de Antonio, que se había ido de viaje pero sin especificar destino. Como Antonio era generoso y buen amigo, le dejó una carta firmada en la que le permitía a él, el Pirata, residir en la casa de campo gratuitamente durante los próximos tres años. A la familia de Juan, aquello les sonó a chufla y decidieron acudir al cuartel de la Guardia Civil a poner una denuncia.

Cuando los investigadores supieron que el hombre que ahora vivía en el domicilio era Juan Torres se asustaron y temieron por la vida de Antonio. ¿Por qué? Pues porque el Pirata está vinculado a tres desapariciones más. Una, la del abogado Antonio Ferrer Juan, de 77 años, quien desapareció en Ibiza el 4 de diciembre de 1997. Antes de que se le perdiese la pista confesó a su familia que Torres le había amenazado para que le diera dinero. El vehículo del abogado fue localizado en la casa en la que el Pirata vivía. Ese domicilio pertenecía al alemán Thomas Egner, de 41 años, a quien un mes después, en enero de 1998, se le pierde la pista. Cuando le preguntaron al presunto asesino en serie por el paradero de Thomas, explicó que el alemán se había ido de viaje a Suramérica y que le había dejado al cuidado de la casa. Incluso exhibió un documento en el que le autorizaba a vivir allí. De Thomas jamás se ha vuelto a saber nada. El tercer desparecido, en orden cronológico, es Francisco López, de 60 años. Se le pierde la pista en 2007. La investigación demostró que este hombre también estaba vinculado con el Pirata.

Hay un dato curioso: entre 1998 y 2007, el presunto asesino en serie no está vinculado a ninguna desaparición. ¿Por qué? La razón es sencilla. Técnicamente no pudo hacer desaparecer a nadie porque estuvo en la cárcel. El Confidencial ha tenido acceso a la sentencia que le condenó y resulta muy llamativo cómo coincide el modus operandi con el resto de desapariciones. Secuestró a una persona, que salvó la vida porque milagrosamente pudo escapar. Los hechos probados relatan que el Pirata propuso a su amigo Antonio un negocio: “Estando ambos en el interior del vehículo Juan apuntó con un fusil de pesca submarina a su víctima y le obligó a trasladarse hasta la zona de San Lorenzo, Ibiza, donde abandonaron el automóvil y se desplazaron, ya a pie, a una vivienda cuya construcción no se encuentra concluida.

Foto: El autor confeso de la muerte de Manuela Chavero. (EFE)

Allí Juan ató las manos al secuestrado con hilo de pescar y le hizo introducirse en el sótano, donde tras desatarle las manos le colocó una cadena al cuello afirmada por un grillete y otra en las manos, las que a su vez aseguró en una argolla clavada en la pared, tapándole la boca con papel adhesivo de embalaje y los oídos con goma de mascar, quedando tumbado sobre unos palés en el suelo; situación en la que le mantuvo sin comer ni beber días hasta que, esgrimiendo un fusil de pesca, el Pirata le desató la cadena de las manos cambiándola por una cuerda y le llevó hasta un bosque cercano donde le introdujo en una cabaña de ramas de pino donde volvió a atarle por el cuello a una puerta de madera tumbada en el suelo sobre la que colocó un colchón y una almohada, marchándose del lugar; en este momento la víctima logró hacerse con unos alicates con los que aflojó el grillete que aseguraba la cadena y bajó por el bosque hasta la carretera, donde fue recogido por el conductor de un autobús”.

La Guardia Civil, que sigue investigando estas Navidades, ha registrado este diciembre la finca de Mallorca en la que vive ahora. Han cavado, revisado paredes y agujeros, pero no han encontrado ningún cadáver. Esconder cuerpos no es fácil, pero si los responsables de las pesquisas tienen razón en sus sospechas hay quien tiene un máster en ocultación.

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