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Los dos pasados del Pazo de Meirás o por qué discrepan Gobierno y Xunta
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Los dos pasados del Pazo de Meirás o por qué discrepan Gobierno y Xunta

El futuro del inmueble como homenaje a la escritora o como relato de la dictadura distancia a la Xunta de Galicia y al Gobierno de España

Foto: El Pazo de Meirás. (EFE)
El Pazo de Meirás. (EFE)

Entregadas las llaves de Meirás, el entendimiento entre el Gobierno y la Xunta se ha ido con los Franco. El Ejecutivo de Feijóo reclama la titularidad del histórico inmueble, una opción que de momento no entra en los planes del de Pedro Sánchez. Pero el problema de fondo trasciende a quién podrá inscribir la finca como propia. El trasfondo ideológico también enfrenta a los dos gobiernos: Santiago porfía en hacer de Meirás un homenaje a Emilia Pardo Bazán y Madrid, en convertirlo en símbolo de la democracia y la memoria histórica.

Los dos pasados del caserío, tan distintos, casi antagónicos, se enfrentan en las concepciones que de cara al futuro tienen para él los gobiernos central y autonómico. “Para Galicia es más interesante que sea el pazo de doña Emilia que el pazo de Franco”, resume el 'conselleiro' de Cultura de la Xunta, Román Rodríguez. La vicepresidenta Carmen Calvo apuntó a una visión totalmente distinta, cuando, en la víspera de la histórica entrega de las llaves, adelantó que cuando el público vuelva a entrar en el caserío se encontrará “con la historia y la verdad de lo ocurrido: con la presencia de Franco allí, pero con una mirada propia de la memoria democrática y del relato democrático”.

Las Torres de Meirás, como también se las conoce, las mandó construir la escritora Emilia Pardo Bazán sobre las ruinas de una antigua fortificación perteneciente a los Patiño de Bergondo. En su capilla se casó en 1868 y allí establecía su refugio estival durante cuatro meses al año, en los que tenía la costumbre de trabajar en la torre de la Quimera, donde instaló su biblioteca. El otro pasado, por más reciente, es mucho más conocido y desafortunado. Tras la colecta forzosa que obligó a los vecinos a colaborar en la compra del pazo, fue entregado como regalo a Francisco Franco, que instaló allí su residencia de verano. Tal y como acaba de declarar la justicia, el donativo fue para el Estado y a este ha vuelto, por más que el dictador intentara registrarlo como propio.

Foto: Entrega de llaves del Pazo. (EFE)

Uno y otro legado concilian de forma notablemente deficiente. No en vano, son muchos los historiadores que atribuyen a Carmen Polo la destrucción de los papeles de la escritora, como sostuvo Pedro Ortiz Armengol en su biografía de Benito Pérez Galdós. Según dejó escrito, la mujer de Franco ordenó su eliminación al tomar posesión del pazo, y sería en ese momento cuando se perdieron las cartas pasionales de Galdós; las mismas que esta semana un librero de Madrid ha asegurado que obran en poder de un ilustre académico español. El ensayista Ricardo Gullón coincidía en denunciar esa destrucción de archivos, y el intelectual gallego Isaac Díaz Pardo afirmó que en la reconstrucción del edificio tras el incendio de 1978 encontró, arrinconado, un dibujo de doña Emilia obra de Victor Hugo.

Ese combate entre un pasado y otro, el intelectual y el del régimen de Franco, asoma de nuevo al querer una administración poner en valor el primero y otra denunciar el segundo. La Xunta tomó la delantera al presentar, solo un día después de la entrega de las llaves, una propuesta con cuatro líneas de acción, ninguna de ellas relacionadas con la memoria: valorización patrimonial y apertura del pazo, con un plan museológico con visitas guiadas y una programación didáctica; el impulso de un centro cultural y artístico; el emprendimiento y la investigación, centrado en la figura de Emilia Pardo Bazán y el fomento de la igualdad, y la creación de un “jardín de la libertad” en la gran zona verde de Meirás.

Foto: Calvo se reúne con responsables de las administraciones implicadas en la recuperación del Pazo de Meirás. (EFE)

El proyecto lo presentó Román Rodríguez a los medios en la casa museo de la escritora en A Coruña, actual sede de la Real Academia Galega y donde se guarda parte de los libros de su famosa biblioteca. Según explicó, el documento fue entregado por Feijóo a Carmen Calvo el pasado miércoles y recoge las “bases para el plan de usos de las Torres de Meirás”. Su propuesta es “llave para abrir Meirás a la ciudadanía y convertirlo en un espacio vivo”, asegura el 'conselleiro' de Cultura, que pide “un proceso participativo que cristalice en una gestión plural y con visión a largo plazo”.

El Gobierno no desdeña la memoria de Pardo Bazán, pero, tras el paso de los Franco, y más de ochenta años después de que el pazo fuera entregado al franquismo mediante una colecta obligatoria, “no puede convertirse de ninguna manera en un lugar de recordatorio nostálgico o blanqueamiento del franquismo”, en palabras de Calvo. Desde que el inmueble fue declarado BIC, lo que obligó a los Franco a abrirlo al público, fue la Fundación Francisco Franco la que se hizo cargo de la gestión de esas visitas, con un relato de exaltación del Caudillo. De ahí que la vicepresidenta defienda ahora que se cuente “la verdad del paso del dictador” por Meirás.

La opinión del Gobierno coincide con la de otras instituciones como el Ayuntamiento de Sada, donde está enclavado el caserío. Su alcalde, el nacionalista Benito Portela, propone que en las visitas guiadas que se programen se hable, “además del propio inmueble, del proceso de detentación” del dictador. “Como sitio histórico, debe ser un lugar de memoria histórica democrática”, reclama, un santuario en el que tengan cabida tanto la tradición del pazo construido por Emilia Pardo Bazán, “su vida y obra”, como aquellos capítulos referidos a “lo que fue el franquismo”.

"Como sitio histórico, debe ser lugar de memoria histórica democrática"

En la misma línea están quienes han llevado la iniciativa para lograr la devolución del pazo, que dio un giro cuando el Gobierno halló el documento notarial que probaba una inscripción artificiosa en favor de los Franco. Es el caso de Carlos Babío, coautor del libro 'Un pazo, un caudillo, un expolio', uno de los historiadores que con más ahínco han buscado pruebas para la devolución al patrimonio nacional, que lamenta el “negacionismo” y reclama que los sectores sociales que participaron en la reivindicación del pazo sean tenidos en cuenta para definir sus usos.

Pero antes de que se produzca esa definición, las administraciones deberán establecer la fórmula de titularidad de la mansión y su jardín. Feijóo ha pedido formalmente al Gobierno la transferencia del inmueble en cuanto se cierre definitivamente el pleito con los herederos de Francisco Franco. “Entendemos que los gallegos, que entregaron el pazo al General Franco, merecen retomar su propiedad”, afirmó. Otras instituciones, como el ayuntamiento de Sada, reclaman la constitución de una fundación la que participen las administraciones municipales, autonómica, provincial y estatal. Carmen Calvo de momento no se pronuncia, aunque ha adelantado que la semana próxima habrá una primera reunión técnica para abordar el futuro del caserío y ha avanzado que su objetivo es abrirlo al público “en cinco o seis semanas”.

Entregadas las llaves de Meirás, el entendimiento entre el Gobierno y la Xunta se ha ido con los Franco. El Ejecutivo de Feijóo reclama la titularidad del histórico inmueble, una opción que de momento no entra en los planes del de Pedro Sánchez. Pero el problema de fondo trasciende a quién podrá inscribir la finca como propia. El trasfondo ideológico también enfrenta a los dos gobiernos: Santiago porfía en hacer de Meirás un homenaje a Emilia Pardo Bazán y Madrid, en convertirlo en símbolo de la democracia y la memoria histórica.

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