EXCEPTO EN CATALUÑA

El plan de Castells no funciona: las matrículas universitarias siguen sin bajar

El acuerdo alcanzado en mayo obligaba a varias comunidades a abaratar sus matrículas para alcanzar los niveles de 2011. No ha sido así

Foto: Foto: EFE.
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A finales de este mes de mayo, el ministro de Educación, Manuel Castells, acordó con las comunidades autónomas una bajada de los precios de las tasas universitarias para volver a las cifras de 2011-2012, antes de la llegada del PP al poder. Esta reducción de las matrículas es, junto al nuevo sistema de becas, la medida estrella del nuevo ministerio.

Según sus cálculos, el sistema de horquillas impuesto por el PP había provocado un aumento medio de un 17% del crédito universitario. El pacto obligaba a 10 comunidades —especialmente, Madrid y Cataluña— a bajar sus precios para no superar los 18,46 euros por crédito.

Cuatro meses después, el nuevo curso escolar ha mostrado que los resultados han sido “modestos”, como los definen los investigadores del Observatorio del Sistema Universitario en un trabajo que analiza el impacto del acuerdo en los precios de este curso. De las nueve comunidades que debían llevar a cabo bajadas de tasas, solo dos (Aragón y La Rioja) las han completado, dos (Cataluña y Galicia) lo han hecho parcialmente y cinco no los han bajado lo más mínimo (Madrid, País Vasco, Castilla y León, Extremadura y Baleares).

El acuerdo no ha cambiado la tendencia: las matrículas siguen siendo en la mayoría de comunidades igual de caras

Hay varios motivos por los que los efectos son por ahora insignificantes, la mayoría de los cuales apuntan a que fue una medida tan de mínimos que se quedó corta. “El acuerdo era modesto, sobre todo por el plazo que se daban, y por otro lado, porque para la mayoría de las comunidades autónomas apenas representa casi nada”, explica a El Confidencial Vera Sacristán, autora principal de la investigación. El acuerdo reflejaba que la bajada de precios debía producirse en los próximos tres años, es decir, hay margen hasta el curso 2022-23, por lo que muchas comunidades han optado por esperar todo lo posible.

Por otro lado, el acuerdo se lleva a cabo en un momento en que en muchas comunidades los precios ya estaban bajando. Paradójicamente, algunas como Madrid, que estaban bajando precios, han dejado de hacerlo. “Muchas comunidades que habían subido precios (las que lo hicieron) habían comenzado ya a bajarlos cuando recuperaron capacidad de financiación, y llevaban años haciéndolo”, recuerda la investigadora. Además, el acuerdo tiene otras limitaciones: se ciñe a la matrícula del primer año y tan solo habla del precio medio, por lo que no controla el precio máximo, lo que en principio era el objetivo del ministro.

De hecho, Andalucía, Asturias, Canarias, Cantabria, Castilla-La Mancha y Murcia habían quedado exentas del acuerdo, porque sus precios ya son más bajos que en 2011-2012.

“El resultado del acuerdo es muy modesto, teniendo en cuenta que la tendencia es esa y no percibimos ningún cambio, quitando Cataluña, que ya venía desde antes”, explica Sacristán. Asturias, Canarias o Castilla y León ya habían bajado el año anterior los importes de las primeras matrículas. Tan solo el País Vasco aumentó los precios en aquel curso.

Dos modelos: Cataluña frente a Madrid

La gran bajada de precios se ha producido en Cataluña, que, a pesar de ello, sigue siendo la comunidad donde resulta más caro entrar a la universidad. Es un caso “excepcional”, recuerda la investigadora, porque fue la comunidad donde más subieron los precios, donde se habían mantenido altos durante años y donde ahora han experimentado una bajada en picado. La única en todo el país, lo que apunta a una declaración de prioridades.

"Las carreras más baratas en la Comunidad de Madrid cuestan más que las carreras más caras de 12 de las 17 comunidades autónomas"

“Tiene que ver con las prioridades y la importancia que se da al acceso a la universidad”, recuerda Sacristán. España y sus comunidades tienen que decidir constantemente cerca de en qué polo de las dos maneras de entender la universidad se sitúan. O bien entenderla prioritariamente como un beneficio para el individuo que, por lo tanto, ha de ser quien pague por aquello que va a recibir, la visión de la universidad de Inglaterra o Gales, o considerarla como una inversión para la sociedad, que se beneficia en su conjunto de ello y que por lo tanto considera que el objetivo debe ser atraer el máximo de población al ámbito universitario. Es el caso de Francia o Austria.

Cataluña parece estar moviéndose de ese primer paradigma al segundo. Es la única que ha realizado ese viaje en el último año, al bajar los precios más de dos terceras partes de lo que estaba previsto en el acuerdo y, sobre todo, porque afecta a todas las matrículas, no únicamente la primera. Hasta 712 euros por curso de alta experimentalidad, lo cual no la exime de seguir siendo la que tiene los precios más altos, más del doble que la comunidad más barata (Andalucía) en estudios de alta experimentalidad.

En el otro lado del espectro se encuentra Madrid, donde no se ha aplicado aún el acuerdo, aunque tampoco tenía obligación de hacerlo. Eso sí, como recuerda Sacristán, se trata de la región que, junto con Cataluña, tiene que enfrentarse a un descenso más acusado. “Madrid, que en su momento ya había empezado a rebajar alguna cosa, no lo ha hecho este año”, explica. Madrid es ahora la comunidad donde las carreras de un grado bajo de experimentalidad salen más caras, dos veces y media más que en Asturias.

“Las carreras más baratas en la Comunidad de Madrid cuestan más que las carreras más caras de 12 de las 17 comunidades autónomas”, recuerda el informe. Madrid fue también una de las regiones que más protestaron ante el acuerdo alcanzado con el ministerio y el resto de comunidades a finales de mayo, al considerar que se había “impuesto sin negociación” una bajada unilateral de las tasas. “Durante la pasada legislatura, ya se bajaron las tasas de grado en más de un 22% y las de máster en más de un 30%”, se esgrimió desde la Consejería de Educación de la CAM.

El negocio de los másteres

El trabajo del Observatorio se fija también en uno de los ángulos oscuros del sistema universitario: la fijación del precio de los másteres públicos, que no ha bajado ni un euro en ninguna comunidad durante este curso. Y la conclusión es preocupante, porque la enorme variación de los costes entre unas universidades y otras no parece tener ninguna justificación y las propias comunidades no dan ninguna explicación en sus decretos de precios.

"¿Está justificado que los másteres sean más caros que los grados? Hay países europeos donde cuestan lo mismo"

Así, nos encontramos con que, por ejemplo, el máster habilitante más barato en Madrid es tres veces más caro que el más barato de Galicia. O que los másteres no habilitantes más caros en Cataluña cuestan cuatro veces y media más que en la comunidad más barata, que vuelve a ser Galicia. O que en Castilla-La Mancha, el precio de un máster habilitante llega a ser un 56% más caro que uno no habilitante, mientras que en Andalucía, Asturias, Castilla y León, Cataluña y Navarra, todos los másteres habilitantes tienen el mismo precio.

Una variación sospechosa y, además, nada “acorde con la ley”. ¿Se está sometiendo la educación pública a la ley de la oferta y la demanda? “Es la impresión que da”, responde Sacristán. “Es otra muestra de la modestia no haber entrado en este tema. Primero, hay que preguntarse hasta qué punto está justificado que los másteres sean más caros que los grados, porque en Europa hay un gran número de países donde el precio es el mismo. Resulta inquietante que no se sepa por qué unos cuestan tantísimo más que otros, hasta nueve veces más”.

Es uno de los melones por abrir que tiene el nuevo ministro sobre la mesa, si es que se atreve. “¿Por qué unos son más caros que otros? Ni siquiera las comunidades siguen la misma regla, porque algunas hacen más baratos los habilitantes, y en otras, son más caros. El máster que da acceso al ejercicio de la abogacía, ¿por qué en cada universidad tiene un precio distinto?”, se pregunta la investigadora. “Da totalmente la impresión de que en algunos casos se han fijado precios de másteres con criterios de oferta y demanda. Cabe preguntarse si es lo que una universidad pública debería hacer, y no intentar atraer a las personas más competentes y con más capacidad de trabajo y potencialidad”.

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