Historia de un fracaso colectivo

"No hemos hecho nada bien". Cómo España volvió a estrellarse contra el covid

El agresivo comportamiento veraniego del coronavirus se lleva por delante a unas autoridades relajadas tras la desescalada. ¿Qué falló en Madrid y en el resto del país?

Foto: Ayuso en la última videoconferencia de presidentes. (EFE)
Ayuso en la última videoconferencia de presidentes. (EFE)
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Lo hemos conseguido: media España está histérica sin importar raza, credo ideológico o condición. Los contagios están disparados, el sistema de rastreo ha colapsado en Madrid, la atención primaria está desbordada, los hospitales bajo presión... y han vuelto las restricciones en la CAM. Era previsible que acabáramos todos histéricos este invierno, más extraño es que estemos ya así cuando aún no ha acabado el verano. ¿Qué ha fallado? ¿Cuando fallan muchas cosas cabe hablar de fracaso colectivo?

Aunque todo el foco político está puesto en la Comunidad de Madrid, con los peores datos de incidencia acumulada de España (651 casos por cada 100.000 habitantes), la mitad del país no está mucho mejor, con Navarra (501), La Rioja (383), País Vasco (346), Castilla-La Mancha (336) y Castilla y León (291) en serios problemas (más de 120 casos por cada 100.000 habitantes son malas noticias).

Todo empezó cuando el confinamiento dio paso a la desescalada y caímos en un estado de ensoñación del que algunos hemos despertado bruscamente esta semana. El salto del confinamiento al turismo de masas fue abrupto. Aún estábamos saliendo a hacer footing por horas, cuando España empezó a venderse como destino turístico internacional. Es cierto que otros países europeos hicieron lo mismo. También que los sectores económicos estratégicos no podían seguir congelados. Pero la lección de la desescalada es que los ciudadanos nos relajamos impulsados por unas autoridades autocomplacientes. Se bajó la guardia.

Rafa Nadal protagonizó entonces una campaña bancaria sobre la remontada española al covid. Campaña que ha envejecido mal, como la propaganda del Gobierno en junio, vendiendo una rápida recuperación tras los catastróficos datos económicos del confinamiento.

Las 'autonosuyas'

Durante la desescalada, Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la CAM, cometió un error del que quizá se arrepienta estos días. No ya es que pidiera insistentemente la devolución de las competencias al Gobierno, es que hizo de eso su principal bandera política. El mantra era el siguiente: Sánchez no sabe gestionar la pandemia en Madrid, Ayuso sí. Tras escuchar a Ayuso, quizá alguien acarició un gatito en el Gobierno, que había sufrido un tormento parlamentario durante el Estado de alarma y un desgaste tremendo con la gestión única. ¿Queréis que os devolvamos las competencias? Aquí las tenéis.

La combinación de esos factores —Gobierno de perfil/ Comunidad de Madrid desbordada— ha marcado el inicio del curso político. El descontrol en la capital ha llevado a la CAM a pedir ayuda al Gobierno, y Sánchez y Ayuso se verán el lunes las caras para negociar una salida airosa, quizá un plan consensuado para blindar Madrid un poco más. El juego de competencias autonómicas se ha saldado con una perdedora, Isabel Díaz Ayuso, pero los verdaderos damnificados del rifirrafe igual han sido los ciudadanos.

O desescalamos precipitadamente o algo hemos hecho mal y los expertos no son capaces de dar con la tecla

El 7 de mayo, se produjo una dimisión clave para entender lo que pasa ahora en Madrid: Yolanda Fuentes dimitió como directora general de Salud Pública de la Comunidad de Madrid. ¿El conflicto de fondo? El Gobierno y la CAM se peleaban por la entrada en la fase 1 de la desescalada. Llegado el momento clave, Yolanda Fuentes se descolgó: creía que la CAM no reunía los requisitos para pasar de fase, porque no había recursos para seguir el rastro de la enfermedad. "Es necesario, para proceder al inicio del desescalamiento, llegar a un número de casos que pueda ser asumido por el sistema epidemiológico de Salud Pública de la Comunidad de Madrid, de forma que pueda cortarse la transmisión de todas las cadenas que se generen", justificó Fuentes. Su advertencia cayó en saco roto y ha resultado ser profética.

En efecto, tras meses de análisis sobre qué hacer para frenar la segunda ola, hasta los niños de seis años sabían que España necesitaba potenciar hospitales, atención primaria y rastreadores. Con el covid dando tregua tras la desescalada, parecía el momento perfecto para pertrecharse. Ahora sabemos que muchas comunidades no hicieron los deberes, y que el Gobierno no dio la sensación de estar encima del asunto. ¿Por qué no se contrataron los rastreadores suficientes? ¿Las autoridades se durmieron llegadas las vacaciones y ante la perspectiva (errónea) de que el covid no resurgiría hasta el invierno? Puede ser. El caso es que las cifras de infectados volvieron a subir en verano, la temporada turística descarriló y ni Madrid ni Cataluña tuvieron rastreadores suficientes en el momento crítico.

La vuela al cole también fue un psicodrama. La mayoría de las comunidades actuaron 'in extremis', con contratación de profesorado para desdoblar los cursos, y ministerios como Educación y Universidades dando señales de parálisis. Y con Madrid sometiendo a su profesorado a una yincana de última hora para hacerse los test (performance repetida en otras comunidades y bautizada por este periódico como "populismo epidemiológico"). Tras la inacción: prisas, atropellos y sobreactuación.

Si bien las cifras de infectados crecieron durante el verano, las de muertos y hospitalizados fueron diez veces más bajas en agosto que en marzo. No obstante, la situación ha empeorado en septiembre, y ahora mismo nadie tiene claro hasta dónde puede llegar el virus en la Comunidad de Madrid.

La gran relajación

Hablamos (por separado) con José María Lasalle, exsecretario de Estado de Cultura (PP), Miguel Sebastián, exministro de Industria (PSOE) y Jordi Sevilla, exministro de Administraciones públicas (PSOE) sobre fallos y grados de responsabilidad.

PREGUNTA. ¿Qué ha fallado?

Jordi Sevilla: Todo el mundo sabía en mayo lo que hacía falta: más rastreadores, más médicos y más profesores. Pues no se hizo a tiempo.

José María Lasalle: Ha fallado la política. Ahora sí, después del aprendizaje inesperado que supuso la primera ola, deberían haberse impulsado una serie de iniciativas asociadas a la coordinación y la anticipación. Se ha hecho todo lo contrario. La decisión política se ha blindado hacia fuera y ha evitado la cooperación coordinada. Se ha instalado en los reproches y los recelos, ha culpado a otros y ha eludido la autocrítica vulnerable de quien sabe que necesita ser perdonado porque la pandemia desborda la planificación lineal de las decisiones.

La anticipación no se ha dado porque la política está competencialmente muy por debajo de la capacidad de acumulación de datos ofrecida por los técnicos. La decisión que se basa en los datos no ha sido gestionada correctamente. La tensión se ha ido haciendo evidente a medida que crecían los datos y complicaban estos el panorama pensado por una política que se fue de vacaciones porque pensó que lo peor había pasado.

La política se fue de vacaciones porque pensó que lo peor había pasado

Jordi Sevilla: El gobierno aplicó un confinamiento durísimo —y muy criticado por la derecha— para acabar con la pandemia. Pero cuando acabó el confinamiento, Moncloa vendió optimismo con demasiada rapidez y Calviño salió hablando de recuperación en V.

Miguel Sebastián: El misterio es saber por qué España tiene ahora más del doble de casos que Italia cuando partíamos de situaciones parecidas. Mientras eso no se explique, es difícil entender qué ha fallado en España, porque hay algo que no entendemos sobre el virus o sobre qué hacemos mal. Se habla de las costumbres sociales españolas, del clima, que si nos tocamos mucho... En fin, eso son chorradas, no somos tan diferentes a los italianos. Una de dos: o desescalamos precipitadamente o algo hemos hecho mal y los expertos no son capaces de dar con la tecla.

Jordi Sevilla: No quiero exculpar al gobierno, pues ya he dicho que se precipitó al anunciar la recuperación, pero lo de Ayuso convirtiendo la desescalada en batalla política permanente tampoco tiene nombre.

Miguel Sebastián: ¿Qué ha fallado en Madrid? Creo que Madrid tuvo muy buenos datos al principio del verano, en julio había una incidencia de 30 por 100.000 habitantes, mientras que Aragón y Cataluña estaban en ciento o doscientos y pico. En Madrid estaban encantados con sus datos. Pero claro, en Madrid había baja incidencia porque se había ido mucha gente. A la vuelta de las vacaciones, todo el problema se ha volcado en Madrid. Y no se ha hecho nada bien. Ni el refuerzo de la atención primaria, ni los rastreadores, ni nada.

P. ¿Cabe hablar de fracaso colectivo?

José María Lasalle: Sí, porque todos hemos sido culpables en alguna medida. La política ha perdido una oportunidad de ejemplaridad para hacer pedagogía. Había que convencer a la gente que hiciera lo que ellos pedían y no lo han hecho.

No hablaría de fracaso colectivo, las diferencias entre comunidades están ahí. Ha fracasado la partitocracia para gestionar el bien común

Jordi Sevilla: Yo no hablaría de fracaso colectivo, porque las diferencias entre comunidades están ahí. Lo que ha fracasado es la partitocracia para gestionar el bien común. Es más fracaso del sistema de partidos. Todos se han enredado en batallitas políticas sin recorrido descuidando la salud pública.

Miguel Sebastián: Creo que ha habido un fracaso institucional y un fracaso colectivo. Institucional, porque dejar que las comunidades autonómicas gestionaran la desescalada no ha funcionado (en algunas casos). Colectivo, porque la gente se ha relajado, entre otras cosas, porque los mensajes institucionales de junio fueron demasiado relajantes. Llegado el verano, y tras meses de pasarlo mal durante el confinamiento, llegó el desmadre. Y no solo han sido los jóvenes: reuniones de amigos, reuniones familiares, vuelta al barrio...

José María Lasalle: Gobiernos de vacaciones, parlamentos sin actividad, reproches y frentismo entre los partidos, trabajo de las administraciones bajo mínimos… Con un panorama publico de relajación era lógico que la gente se relajara.

La culpa es de ustedes

Durante el debate del estado de la región, Isabel Díaz Ayuso dijo que los contagios en los barrios del sur de Madrid se debían al "modo de vida que tiene nuestra inmigración". La presidenta de la CAM llamó a la "responsabilidad individual". También lo han hecho estos días el ministro de Sanidad, Salvador Illa; y el delegado del Gobierno en Madrid, y el alcalde de Madrid. Ignacio Aguado, vicepresidente de la CAM, tocó techo al decir: "Los ciudadanos tienen que elegir entre ser virus o vacuna". Gobierno y Comunidad de Madrid se ponían por fin de acuerdo en algo: la culpa de la propagación del covid era de la gente por no tomar precauciones (no de las autoridades por no tomar medidas).

Pero la individualización de la culpa del covid no llegó al mainstream político sola, sino con la ayuda del pueblo...

Con un panorama público de relajación era lógico que la gente se relajara

Durante el confinamiento, las redes se rasgaron las vestiduras cada vez que un vecino salía dos veces a echar la basura. Otro entretenimiento fueron los escándalos tuiteros con imágenes de conciertos al aire libre (Taburete en Marbella) o broncas en cada manifestación (de los cayetanos a los negacionistas). Al margen de echar piedras sobre derechos fundamentales como el de manifestación, y al margen de estigmatizar actividades al aire libre como los conciertos, el resultado de estas jaranas tuiteras ha sido normalizar la individualización de la responsabilidad vírica. Sembrado el terreno, los políticos echan ahora la culpa al pueblo de la propagación del covid por sus erráticas costumbres.

Es decir, por una vez y sin que sirva de precedente, pueblo y autoridades han caminado de la mano: la culpa del covid es de la gente. Ahora bien: ¿Que no haya rastreadores es lo mismo que hacer un botellón? ¿De verdad? ¿Ha habido relajación ciudadana en verano? Sí. ¿Nos hemos limitado a hacer lo que estaba permitido? Mayormente. ¿Fracaso colectivo? A lo mejor. ¿Responsabilidad colectiva? Unos más y otros menos.

El libro de Revilla

Volvamos a esas jornadas de junio de engañosa euforia. Entonces se publicó un libro que, sin querer, resume el fondo de este artículo: a España le ha sobrado complacencia. El ensayo es del presidente de Cantabria, Miguel Ángel Revilla, se llama '¿Por qué no nos queremos?' y está entre los más vendidos. El texto destaca por su fascinante capacidad para leer (mal) su época. ¿La tesis de Revilla? España va como un cohete. No es broma.

Escribe Revilla: "Hay múltiples realidades en nuestro país que nos permiten sacar pecho si nos comparamos con los demás… Por más que haya recalcitrantes para quienes cualquier tiempo pasado fue mejor, la realidad es justo la contraria: vamos camino de ser los que más vivimos, y con una excelente calidad de vida, tenemos un idioma común que hablan 600 millones de personas, una extraordinaria sanidad pública universal y gratuita, una gastronomía única, somos una potencia turística mundial, estamos dotados de unas magníficas infraestructuras, nos encontramos entre los más solidarios del mundo, nuestra transición democrática fue ejemplar, sin embargo, ¿qué pasa? ¿Por qué somos tan cainitas, tan autodestructivos? ¿Por qué tenemos tan mala opinión de nosotros mismos?".

Podemos seguir diciendo que somos los mejores y que tenemos la mejor sanidad del mundo o podemos salir de la nube de la autocomplacencia

Digamos que quizá no sea el mejor momento para que España saque pecho, aunque todo tiene una explicación: el libro de Revilla se escribió antes del coronavirus, pero se publicó después. Revilla tuvo que añadir un epílogo sobre el covid, pero decidió no quitar una sola palabra de lo escrito anteriormente (de hacerlo igual hubiera tenido que reescribir el texto entero). Sí, la nube negra del covid se había posado sobre España, pero seguíamos siendo un país cojonudo, según Revilla, que no consideró necesario eliminar su oda a nuestra "extraordinaria sanidad pública".

Si nuestro sistema de salud es "extraordinario", el de Alemania debe ser "ultraextraordinario", pues le ha permitido pasar un covid mucho menos traumático que el nuestro. Podemos seguir diciendo que somos los mejores, que tenemos la mejor sanidad del mundo o que la recuperación está al caer, pero también podemos salir de la nube de la autocomplacencia y prepararnos por fin para lo que se nos viene encima.

España
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