En primera persona | "Pasé tres días en un banco de Urgencias. Pude ver la humanidad de los sanitarios"
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En primera persona | "Pasé tres días en un banco de Urgencias. Pude ver la humanidad de los sanitarios"

Lina lleva enferma más de un mes por coronavirus, aislada en casa, pero agradece al personal sanitario su entrega y dedicación en los momentos más duros de la pandemia

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Lina María Cadavid García, de 42 años y vecina de Leganés, nos cuenta cómo fue su experiencia cómo paciente de Covid-19 en la Comunidad de Madrid.

Lina sigue en aislamiento en su casa desde el día 22 de abril, encerrada entre su habitación y el baño, con su marido y sus dos hijos -de siete y diez años-, alejados de ella más de dos metros aún compartiendo el mismo techo.

Pero antes, estuvo cinco días ingresada con una neumonía bilateral vírico-bacteriana provocada por coronavirus en el Hospital Severo Ochoa de Leganés, a dónde llegó cuando el centro estaba al límite de sus capacidades. Mientras recibía el tratamiento, con dolores en la espalda, dificultades respiratorias y dolor de cabeza, el hospital estaba desbordado y no pudo descansar en una camilla.

Tres de esos cinco días tuvo que pasarlos sentada en un banco de madera en la sala de espera, donde fue testigo del esfuerzo y la humanidad del personal sanitario y del sufrimiento de los pacientes más mayores que, como ella, aguantaron como pudieron los síntomas de la enfermedad.

"No había ni una camilla donde descansar la espalda, que duele, quema y escuece, o un simple sillón reclinable donde pasar el mareo que te produce la falta de oxígeno y el tratamiento que te ponen en vena y te dan oral. Mientras estaba sentada mi saturación era de 94-96, pero me levantaba para ir al baño y me bajaba a 85, y no me podían poner ni gafas nasales porque no había disponibilidad”, relata.

“Solo me quedaba sentarme y recuperarme poco a poco con la voz tranquilizadora de una enfermera que me decía que yo era joven, que intentara respirar despacio y que poco a poco lo lograría, a la vez que pasaba su mano por mi espalda o me daba golpecitos suaves. Fue duro, muy duro, como dice vuestro compañero (el periodista David Tejera, que también ha relatado su experiencia en primera persona en este periódico), ver cómo algunos enfermos mayores lloran porque no saben si van a salir de esta, ver como otros caen desmayados y a los diez minutos ver pasar una camilla con una persona tapada con sábanas. Ver a los médicos, enfermeras, auxiliares, celadores, limpiadores, vigilantes, proveedores de oxígeno, personal de cocina y muchos otros que se me escapan ahora mismo, que no paran de correr y de tratarte con cariño. Ver personal sanitario llorando de la impotencia y pidiéndote perdón por las condiciones inhumanas en las que están atendiéndote, ver el cansancio y la frustración en sus ojos por no poder hacer más por todos los pacientes”.

Fue duro, muy duro, ver cómo algunos enfermos mayores lloran porque no saben si van a salir de esta

La enfermedad de Lina empieza hace ya más de un mes. “El 11 de marzo me siento destemplada, tengo 37,8º de fiebre, con dolor de cabeza -que es lo que más me ha afectado a mí-, estoy rara, como que sí, como que no”. Lina siguió yendo a trabajar, en una pequeña inmobiliaria en Madrid hasta el viernes 13. Su jefe le dijo a su compañera y a ella que vendrían a trabajar por turnos, pero Lina en esos momentos ya tenía tos seca. Entonces su jefe le pidió que cerraran la oficina y que ella fuera al médico, donde le dijeron que tenía una infección en las vías respiratorias altas pero sin necesidad de ingreso, y donde le dieron baja por posible Covid-19.

A Lina le desapareció la fiebre, pero seguía encontrándose mal. Cuando el martes informó a su médico de que le costaba respirar aire profundamente, este le dijo que fuera al hospital.

El miércoles 18 de marzo era el cumpleaños de mi niño pequeño, que cumplía siete años. Le quería hacer un bizcocho...Yo ya estaba desde el viernes con mascarilla y hacía la comida con guantes. Le hicimos un pequeño festejo y después me eché a dormir porque no era capaz de ir (al hospital) con el mal cuerpo que tenía. Me tiré en la cama y me quedé dormida de 16 h a 18 h. A las 18:30 fui al hospital. Me pusieron la vía y me hicieron la placa. Me la repitieron y después me hicieron un TAC y, al final, me dijeron que tenía una neumonía bilateral vírico-bacteriana”. Tras hacerle la prueba, dio positivo por coronavirus.

Y desde ese momento, Lina se quedó sentada en uno de esos bancos de madera de tres espacios donde esperan los pacientes. “Ese fue mi ingreso hospitalario”, afirma. Ese día había, según estima ella, más o menos 150 pacientes en los pasillos del hospital.

No tenía donde recostarme, fue horroroso. Había gente mayor. Hemos visto gente morir allí, veíamos como una persona se desmayaba, enfermeros y médicos que corrían, la metían en una salita y más tarde salía una camilla con una sábana tapando el cuerpo. Era como estar en una película (...). Como pudimos, aguantamos tres días. Y el viernes de madrugada, a las 5 a.m. del sábado, unas chicas muy jóvenes y majísimas, médicas o enfermeras, llegaron y dijeron: 'Esa gente no puede seguir así, es inhumano'”. Esa madrugada del viernes al sábado, finalmente, Lina consiguió una camilla para poderse recostar y descansar un poco.

Aún así, a Lina le sorprendía ver al personal sanitario agotado “con bolsas de basura, protegiéndose como podían”, pero siempre dispuestos y cuidadosos. “El personal médico, un diez”, subraya. Se acuerda mucho del hombre que repartía la comida siempre con una sonrisa y que se preocupaba por ofrecerles algo que les apeteciera para comer.

Fue horroroso. Hemos visto gente morir allí, veíamos como una persona se desmayaba, enfermeros y médicos que corrían...

“Cosas así en ese momento no tienen precio. Ellos estaban agotados, cansados, sin comer siquiera (...). Nosotros veíamos el sufrimiento del personal, a las enfermeras y a los médicos llorar por tener que estar atendiéndote de esa manera. Se arrodillaban contigo, en el suelo, para sacarte sangre. Fue tan triste y tan bonito ver la humanidad (del personal sanitario); si les preguntabas, te dedicaban tiempo. Te desarman, fue una situación muy difícil”.

También recuerda que, en general, entre los pacientes “hubo tolerancia para estar como estábamos, tan enfermos: había gente que culpaba al Gobierno, otros a la privatización de la Sanidad, otros pedían que viniera el gerente o el alcalde a ver la situación, y no faltaba el revolucionario. Luego cerraron el hospital, porque no entrábamos más, ni en Urgencias ni en ningún lado. Y el sábado intervino la UME y empezó a llevarse a las personas mayores”, sigue explicando.

“A los 5 días te mandan a casa, te vas con miedo de contagiar a los tuyos aunque estés en aislamiento, con incertidumbre de qué va a pasar cuando termines el tratamiento. Yo ingresé el 18 de marzo y el 22 me dieron el alta hospitalaria; terminé el tratamiento el día 1 de abril, pero a partir del día 3 reaparecen algunos síntomas; el día 6 de abril me repiten la placa y me dicen que la neumonía está exactamente igual que cuando me la hicieron el día 18 y que es normal, que tengo un poco de líquido en los pulmones pero que entra en el proceso normal de una neumonía; y me dice mi médico que continúe el aislamiento durante dos semanas más ya que no hay test disponibles para segundas pruebas”, explica.

“El día 10 de abril volví al hospital porque me dio mucha tos y me asusté. Me revisaron, me hicieron análisis de sangre y me dijo la enfermera que me atendió que no me repetía la prueba PCR porque si yo ya era positivo, seguro que aún lo era", relata Lina.

Te vas con miedo de contagiar a los tuyos, con incertidumbre de qué va a pasar cuando termines el tratamiento

Fue entonces cuando cundió el desánimo. "Me dio un poco de bajón, la verdad, porque el no saber si después de casi un mes aún soy positivo en Covid-19 crea bastante ansiedad. Afortunadamente (y como digo yo, 'cuando Dios no viene, manda un angelito'), en ese momento entró la enfermera que me daba golpecitos en la espalda y me tranquilizaba mientras me daban mis crisis respiratorias y me reconoció. Se alegró de verme y yo a ella, por supuesto, ya que estas cosas no se olvidan. Me preguntó si me habían repetido la prueba y le dije lo que me había dicho su compañera. Ella me dijo que sí había test disponibles debido a la bajada de pacientes, así que me repitió la prueba. La verdad, para mí es un gran alivio saber que esta semana tendré los resultados y sabré si ya soy negativo y no soy portadora de ese maldito bicho”.

Tras darle el alta, Lina recuerda que llegó a casa “directa a la terraza”. “Me desnudé en el patio, toda la ropa a la lavadora y yo a la ducha, me lavé el pelo... A partir de ahí, mi marido me trae la comida a la habitación y veo a los niños a 2 metros de distancia”.

A pesar de todos los inconvenientes del aislamiento, Lina resalta que para ella, estar en casa y que sus hijos sepan que no está en el hospital es un “gran aliciente. Había tanta incertidumbre... Fue un golpe duro para todos”.

Ahora, Lina está a la espera de su segunda prueba, aislada en casa y con su madre, de 74 años, entubada en el hospital de Ifema. Y se consuela pensando que han sido afortunados porque hubiera respiradores disponibles para poder tratarla. “Gran equipo el de Ifema, los médicos allí están dándolo todo”.

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