ENTREVISTA A FERNANDO ARENZANA

"Hubo incredulidad pero no se puede poner al mismo nivel a ciudadanos y políticos"

El director científico del Instituto Pasteur en Shangái asegura que los efectos de la pandemia son mayores por la falta de atención a estas enfermedades. Y avisa: "Puede volver a ocurrir"

Foto: El director científico del Instituto Pasteur en Shanghái, Fernando Arenzana-Seisdedos. (EFE)
El director científico del Instituto Pasteur en Shanghái, Fernando Arenzana-Seisdedos. (EFE)

Hace tres semanas, cuando El Confidencial se puso en contacto con Fernando Arenzana, en España se acaban de celebrar las manifestaciones del 8 de Marzo en un fin de semana pleno de normalidad, partidos de fútbol, espectáculos y convenciones políticas como la de Vox en Vistalegre. La incredulidad, entonces, sobre la posibilidad de que el coronavirus pudiera provocar la suspensión de las Fallas de Valencia o las procesiones de Semana Santa era generalizada. El alcalde de Sevilla dijo aquello de que tendría que venir la OMS para que se suspendiera la Feria de Abril de Sevilla...

Entonces, surgió la pregunta de Fernando Arenzana en aquella entrevista con El Confidencial: "¿De verdad puede pensar alguien que se pueden celebrar fiestas que reúnan a decenas de miles de personas? Las calles atestadas de público para ver pasar una procesión... ¿De verdad pensáis que podéis hacerlo? No mire, por supuesto que no". Tres semanas después, el vértigo al mirar hacia atrás solo se ve aumentado cuando se intenta mirar hacia adelante y pensar cómo podemos salir de este agujero. Por eso, la doble experiencia de Fernando Arenzana, director del instituto Pasteur en Shanghái, experto en enfermedades víricas y conocedor desde el primer momento de la aparición de este virus en China, puede ayudar, de nuevo, a encontrar respuestas a los días, semanas y meses que aún tenemos por delante los españoles.

PREGUNTA. Al mirar atrás, doctor Arenzana, es imposible no sorprenderse de la incredulidad en la que vivíamos hace tan solo tres semanas con respecto a la importancia del coronavirus.

RESPUESTA. Bueno, posiblemente, pero no es a la gente a quien hay que exigirle que realice un análisis claro ante una situación como la que estamos viviendo, ni que adopte las medidas necesarias. Quiero decir que no me parece correcto poner al mismo nivel al poder político e institucional con lo que la ciudadanía pueda pensar o pueda temer. Por definición, el poder tiene a su disposición la información, los análisis y las predicciones, de las que carece la ciudadanía, y que le deben llevar a tomar algunas decisiones complicadas, duras, para salvar una situación crítica.

¿Se pecó de incredulidad? Sí, pero no se puede poner al mismo nivel a la ciudadanía y al poder político, que tiene más información

P. Bueno, de hecho, esa es la mayor crítica que se le hace en España al Gobierno, que por determinados intereses políticos, adoptó tarde las medidas. Y el Gobierno de Pedro Sánchez lo que sostiene es que el coronavirus ha sorprendido a los gobernantes de todo el mundo.

R. En esos debate políticos, no quiero ni debo entrar. Lo que sí puedo hacer es analizar lo que ha ocurrido en todo el mundo, no solo en España, porque no en todas partes se ha reaccionado igual. Las consecuencias de esta pandemia van a ser tan enormes en todo el mundo. Es un enemigo común, no hay fronteras, y no es el momento de abrir esos debates políticos locales.

Metro de Tokio, Japón, el pasado 8 de abril. (Reuters)
Metro de Tokio, Japón, el pasado 8 de abril. (Reuters)

Esto no quiere decir que no haya responsabilidades, pero ya llegará el momento y serán los ciudadanos los que, con su voto, se pronuncien. Además, el debate sobre fechas concretas es limitado y puede ser tramposo; debemos elevar la mirada y reconocer que esto ha ocurrido porque no estábamos preparados, sobre todo en occidente.

P. Pues vamos a eso. ¿Qué diferencia fundamental ha existido entre el tratamiento de la pandemia en esa zona de oriente, donde comenzó, y en occidente, fundamentalmente en Europa?

R. Se trata de dos sistemas de tratamiento y de gestión de la epidemia que difieren enormemente, aunque todas las comparaciones que se pueden hacer en este momento carecen de elementos fundamentales, como el análisis serológico. Fijémonos por el momento en la diferencia que existe entre países que, por ahora, han controlado mejor la pandemia, como Corea del Sur, Taiwán o Singapur, que han utilizado el control precoz de la epidemia con anticipación, para bloquear el ritmo exponencial de contagios, mientras que en los sistemas sanitarios occidentales de salud pública lo que se prima es la contención mediante la protección de las personas de riesgo o con una mayor exposición al posible contagio y evitar el colapso del sistema de asistencia médica. El problema de este modelo, como hemos visto, es que a pesar de todo se ha desbordado el sistema sanitario ante las características de contagio exponencial de este virus.

No es el momento de abrir debates políticos. Eso no quiere decir que no haya responsabilidades, ya llegará el momento

P. Ante el Covid-19, esa es la clave fundamental hasta que se encuentre la vacuna. Y había una sociedad preparada frente a otra en la que, sencillamente, no existen test para detectar de forma precoz la enfermedad y evitar que se propague.

R. En Corea del Sur, Taiwán o Singapur se ha controlado mejor la pandemia por tres cosas: capacidad técnica para producir los test de detección del virus, un sistema telemático avanzado para identificar y controlar los contagios y una sociedad concienciada que ya vivía con esa amenaza. Esto último también muy importante, la propia idiosincrasia de estos pueblos que no viven una situación así por primera vez.

Un tractor del Instituto de Desarrollo Rural durante las labores de desinfección del Hospital Universitario del Tajo en Aranjuez, Madrid. (EFE)
Un tractor del Instituto de Desarrollo Rural durante las labores de desinfección del Hospital Universitario del Tajo en Aranjuez, Madrid. (EFE)

Aquí se vive con esta amenaza en mente y, cuando surge una alarma, los ciudadanos cumplen con rigor las medidas que se imponen, y no solo porque lo ordene el Gobierno, sino porque están convencidos de que es lo que hay que hacer. En el caso del Covid-19, este modelo se ha demostrado más eficaz frente al occidental porque una de las características del virus es la capacidad que tiene este patógeno para propagarse a partir de personas que tienen pocos o ningún síntoma. Y esto, que ahora parece algo muy evidente, ha tardado tiempo en asimilarse, en aceptarse, es lo que ha hecho más frágiles los modelos occidentales.

P. Pero ¿las autoridades científicas dieron la señal de alarma de que este virus era distinto?

R. Bueno, a ver, con la información de la que se disponía, y a la luz de lo que ya se había visto en China, en Corea y de lo que se estaba ocurriendo en Italia, es evidente que a partir de finales de febrero se hicieron cosas en Europa, no solo en España, que no parecen muy razonables, por decirlo de una forma suave. En este mismo medio, a principios de marzo, tiene usted una entrevista con Adolfo García Sastre, que es uno de los mejores virólogos del mundo, en la que lo decía muy claramente: 'no vamos a poder parar este virus'.

Y Adolfo ya llevaba varias semanas trabajando en la vacuna en Nueva York. Se han cometido errores, en unos países más que en otros, pero, bueno, lo importante es reconocerlo y aprender de esos errores porque si no, vamos a ir muy mal. Tengámoslo claro: esto no se ha acabado. Ya veremos cómo evoluciona. Aprendamos de lo ocurrido, esto ha sido un fracaso global porque no se invierte ni se le presta atención debida a la anticipación científica a estas enfermedades. Más allá de los sistema de salud pública de las sociedades occidentales, es fundamental la investigación. Eso es de lo que tiene que enterarse la ciudadanía, porque puede volver a ocurrir.

Es fundamental reconocer que esto ha ocurrido porque no estábamos preparados, sobre todo en Occidente

P. ¿Por eso decía antes que, al final, serán los ciudadanos con su voto los que tendrán que ser conscientes de cuál ha sido el problema?

R. De este problema planetario tiene que salir concienciada una ciudadanía, madura y responsable. Nos hemos dado cuenta en esta crisis de que el cataclismo del planeta puede empezar por nosotros, no por la desaparición del lince, por la reducción de la diversidad de especies y ni siquiera por el deshielo de los iceberg… Esta es una lección inmensa de la que tenemos que aprender, y tiene que ser la ciudadanía la que se entere, sobre todo en las sociedades más avanzadas y democráticas. Más allá de líderes mediáticos, la gente tiene que preocuparse, y mucho, cuando los presupuestos de investigación desaparezcan. Cuando se denuncia en un país que a los investigadores se les paga una miseria, el ciudadano no puede permanecer impasible. Está muy bien que la gente salga todas las noches en España a aplaudir a los sanitarios, pero que no la aplaudan solo como héroes, que les aplaudan también por buenos profesionales, porque realmente lo son. Y junto a eso, una cosa más: la solidaridad. En esta aldea global en la que vivimos, la solidaridad es un elemento fundamental y también nos hemos visto desnudos en eso.

Un trabajador sanitario toma la temperatura de ciudadanos europeos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, en La Guaira, Caracas (Venezuela). (EFE)
Un trabajador sanitario toma la temperatura de ciudadanos europeos en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía, en La Guaira, Caracas (Venezuela). (EFE)

P. Bueno, en el mismo eje internacional de la pandemia, está un organismo internacional, la Organización Mundial de la Salud (OMS). No sé si tiene el protagonismo y la credibilidad necesaria.

R. Si hablamos de fallos, evidentemente no podemos obviar a la OMS. Ahí están las hemerotecas, no hace falta echarle vinagre a las heridas, pero me parece evidente que la OMS tiene que hacer una autocrítica muy seria sobre lo ocurrido y su actuación en todo este tiempo. Estoy convencido de que la humanidad, que la ciencia, va a hacerse con el control de este coronavirus, pero espero que, cuando eso suceda, no se cometan los errores de otras ocasiones. Es decir, que cuando el contagio comience a bajar se abandonen la investigación, como pasó con el SARS de 2003. Hay quien repite mucho eso de que este es un virus muy inteligente… Yo conozco bien los patógenos, y le aseguro que la estupidez humana ha superado con mucho la supuesta inteligencia de este virus.

Esto ha sido un fracaso global porque no se invierte ni se le presta la atención debida a la anticipación científica a estas enfermedades

P. En España hay cierta polémica por las cifras de contagio que se ofrecen entre distintos países, por ejemplo entre China y España. Según los datos, en España, con 47 millones de habitantes, hay más muertos que en China, con mil cuatrocientos millones de ciudadanos…

R. Por favor, ese debate es tóxico y, sin embargo, unos con buena intención y otros con mala intención, lo llevan adelante y causan un daño tremendo. Las cifras reales de una epidemia como esta no se conocen hasta muy tardíamente. Lo que conocemos ahora son cifras que dan los gobiernos, no los científicos, y cada gobierno las ofrece siguiendo sus propios criterios de contaje. Mientras que no poseamos los datos obtenidos en la población general que nos informan de la respuesta inmunitaria especifica al virus, datos serológicos, seroprevalencia, no podremos conocer con precisión el número real de personas infectadas.

Así que, basta. Basta de esas comparaciones, de ese seguimiento morboso de las curvas con los muertos de cada país. Cuando las cosas se ignoran, es una cuestión de ética no establecer esas comparaciones y, además, sacar conclusiones. Basta, por favor.

P. Si miramos hacia adelante, por la experiencia que usted tiene, ¿qué pasos quedan por dar en España? La sociedad está cumpliendo masivamente con este confinamiento total, pero eso no se puede mantener. Supongo que lo siguiente será un confinamiento selectivo, pero para eso hacen falta medios de control, los famosos test, de los que no se disponen…

R. El comportamiento de la sociedad española está siendo ejemplar, efectivamente. Emocionante. Y no es fácil en sociedades como la española o la francesa… A ver, en China, al margen de la provincia en la que se originó el virus, en Hubei, el confinamiento ha sido más flexible porque se tenían las medidas de control previo de las que hablábamos antes para impedir la propagación del contagio. Evidentemente, esa tiene que ser la salida en España cuando se disponga de esos test, que seguro que sucederá. Lo que ha pasado en España, la falta de capacidad para producir test, es prácticamente lo mismo que ha ocurrido en otros países, quizá con la excepción de Alemania que tenía el equipamiento necesario y 250 laboratorios que podían producirlos.

Basta de comparaciones y seguimiento morboso de las curvas con los muertos de cada país. Las cifras reales no se conocen

Pero en sociedades industrializadas como la española, y gente tan capaz, se ganará terreno y pronto se dispondrá de los test y los equipos de protección que han faltado. Con 180 países contagiados, el mercado internacional es muy complicado y la salida es el autoabastecimiento. Cuando se disponga de los medios, y la producción propia alcance velocidad de crucero, en España se irá a un seguimiento del contagio con identificación rápida de los infectados, con test que se resuelven en 15 o 20 minutos, un aislamiento restringido con control de los contactos de esos contagiados, y el regreso a la actividad normal con medios de protección como las mascarillas, además de todas las medidas de higiene personal que se han puesto en práctica.

P. Ahora le pregunto por las mascarillas. Pero antes: ¿y si en occidente, como ya está ocurriendo, se cuestiona que el control de los contactos de un contagiado vulnera su derecho a la intimidad?

R. Pues no lo entiendo, yo creo que es un falso debate. Y, en todo caso, esa es la solución. En Singapur están saliendo métodos de seguimiento por Bluetooth que se comunican al propio interesado: el teléfono registra los movimientos de una persona y, en el caso de que resulte infectada, el teléfono advierte a las personas con las que ha estado en contacto en un radio concreto de un metro de distancia. Por favor, no hagamos especulaciones sobre supuestos y presunciones. Las nuevas tecnologías y la ciencia son las que nos ayudan a vencer a la pandemia sin que se vean afectadas las libertades individuales.

Se tendría que haber recomendado el uso masivo de mascarillas porque su uso generalizado reduce la masa viral circulante

P. Vamos a las mascarillas: ¿Por qué en España se ha pasado de decir que no son necesarias a empezar a recomendar el uso generalizado?

R. El debate de las mascarillas es viejo como el mundo. Aquí, en los países del Este, llevar la mascarilla obedece a un concepto de no contaminar, es un comportamiento cívico, el ciudadano se pone mascarilla para no contaminar a los otros. En tiempos en los que no hay epidemia es muy frecuente ver a la gente con mascarilla y ahora, en situaciones extremas, se traduce en que si salgo de casa y se me ha olvidado, me vuelvo a recogerla; o si voy al gimnasio y me la quito un momento, viene alguien y me pide que me la coloque de nuevo.

En los países del Este, el uso de la mascarilla es un elemento de protección de la sociedad en su conjunto. Es evidente que cuando se conoció este virus se tendría que haber recomendado el uso masivo de mascarillas por la sencilla razón de que reduce la masa viral circulante. Lo importante, fundamental, del uso de las mascarillas ante una pandemia así no es que proteja a quien la utiliza, sino que evita que la propague quien está contagiado y, en muchos casos, ni siquiera tiene síntomas. Si tú te proteges y yo me protejo con una mascarilla, incluso las quirúrgicas elementales o las caseras, estamos protegiendo a los demás. Si todos lo hacemos, reducimos la masa viral circulante; creo que es muy evidente. ¿Y por qué no se ha hecho en tantos países? Pues, quizá, no se ha recomendado el uso porque, simplemente, no había mascarillas.

Conozco bien los patógenos, y le aseguro que la estupidez humana ha superado con mucho la supuesta inteligencia de este virus

P. Entonces, a ver, por imaginarnos a nosotros mismos dentro de tres o cuatro semanas en España. Se acabará el confinamiento, estaremos controlados por test y por el móvil, y tendremos que salir a la calle con mascarilla y con guantes hasta que se encuentra la vacuna.

R. ¿Los guantes? No necesariamente, aquí en Shanghái, y en los demás países, no es obligatorio llevar guantes, como sí ocurre con la mascarilla. Ni se puede ir por la calle sin mascarilla, ni se puede mantener una reunión de trabajo sin mascarilla, por mucho que se guarden las distancias de seguridad, aunque se apliquen. Al igual que el resto de medidas de higiene, por supuesto que también son fundamentales. El uso de la mascarilla es importante por lo que le he dicho, pero en absoluto excluye a las demás. Yo llevo tres meses con mascarilla y lo único que puedo decir es que 'bienvenidos al club de la mascarilla'.

P. A ver, que eso supone un cambio social radical. Permítame la simpleza: ¿vamos a ir a los bares con mascarilla y sin acercarnos?

R. Ja, ja, ja… Mire, yo vivo en un barrio muy cosmopolita de Shanghái, de gente joven. Acabo de volver del trabajo, y las calles están atestadas, con un tiempo primaveral formidable. Beben cerveza en los bares y charlan y se divierten, aunque guarden alguna distancia entre ellos. Luego, se volverán a colocar la mascarilla. El 'riesgo cero' de contagio no existe, pero se disminuirá y poco a poco se irá ganando en seguridad, primero, y en confianza después. Eso es lo que va a pasar en España también; estoy convencido y no me preocupa. Tras esta pandemia, se va a desarrollar una nueva cultura de higiene que se impondrá sin que la gente tenga que cambiar su modo de vida. Lo he dicho antes, lo que sí me preocupa muchísimo, pero muchísimo, es que aprendamos de lo que ha sucedido, que no se nos olvide lo que ha pasado y por qué. Esa es nuestra responsabilidad como ciudadanos, de cada uno de nosotros. Voto a voto, para que aspectos de la gobernanza de los pueblos que ahora no se tienen en cuenta comiencen a ser fundamentales. Si no lo hacemos, volveremos a las mismas.

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