Adictos al juego online en cuarentena: encerrados en la jaula con el monstruo
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el apogeo de las apuestas en internet

Adictos al juego online en cuarentena: encerrados en la jaula con el monstruo

Imagina a un chico enganchado al juego online que está, como todos, encerrado las 24 horas del día. La ansiedad que tú sientes, imagina que pudiera calmarse con un clic

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Adictos al juego online en cuarentena: encerrados en la jaula con el monstruo

Alejandro Torre lo dice sin tapujos: "Soy adicto al juego". Se ha estado sacando quince asignaturas por año en Periodismo. La carrera es fácil, pero la marca es una barbaridad. No ha cumplido los 23 años y habla como si tuvieran cuarenta. Quizás es porque celebra dos aniversarios cada vez que cumple años. Por la misma fecha fue su nacimiento y el inicio de su proceso de rehabilitación.

Su adicción ha destruido mucho y en su rehabilitación ha tratado de reconstruir todavía más. Desde la plataforma Málaga contra las casas de apuestas, de la que es miembro, lanza un mensaje de alarma: ¿qué va a ser de los adictos al juego durante la cuarentena?

Lector: piénsalo un instante y te darás cuenta. Imagina a un chico enganchado al juego online que está, como todos, encerrado las 24 horas del día, muchas veces solo, quizás con la familia rota por culpa de su adicción -es algo común-, y con el móvil o el ordenador como única ventana al mundo. La ansiedad que tú sientes, imagina que pudiera calmarse con un clic.

Con el auge del juego online, la cuarentena deja a los ludópatas encerrados en la jaula con la fiera

"Las posibilidades que hay a lo largo del día de pinchar en un enlace y recaer son grandes", dice Alejandro. ¿Qué hacen los jóvenes adictos cuando se quieren recuperar?, le pregunto, y responde sin dudar que "estar con gente. Como los que asisten a las reuniones de Alcohólicos Anónimos, necesitan las reuniones terapéuticas cuando les aprietan las ganas de vicio, para no ir con malas compañías. Y ¿qué pueden hacer hoy? ¿Qué podrán hacer mañana?".

Poca cosa. Con el apogeo del juego online, la cuarentena ha dejado a los ludópatas encerrados en la jaula con la fiera. Alejandro empezó a los 16: "Creía que era ocio. Jugaba un rato, pero cada vez pasábamos más tiempo rondando los salones. Empezaba a colarse el juego en mi cabeza. Pero todavía no sé cuándo dejé de hacerlo para divertirme y perdí el control. La línea no se ve".

 Foto: Cedida.
Foto: Cedida.

Primero ruleta, después tragaperras y con 18 casinos online y apuestas deportivas. "Pillé el principio de eso", dice. En ese tiempo empezó la carrera y la dejó. Todo se desmoronaba. Diecinueve, veinte años, se fue de casa, se peleó con su familia, se alejó de los amigos y cayó por la escalera de las deudas, veintiún años, cumpleaños feliz: "Los adictos al juego terminan solos", dice. "El juego te aísla, te dedicas a mentir, te molesta la gente, solo quieres que te dejen en paz y jugar".

Le llamaremos Jaime

Jaime (nombre inventado), está exactamente en esa situación. Tiene 34 años y es adicto al juego online. Vive en un pueblo del sur donde la única atracción son, según dice, los rodillos de la tragaperras, la ruleta y la farlopa. Mientras Alejandro lleva 2 años rehabilitándose y se siente fuerte, Jaime acababa de empezar cuando llegó el encierro del coronavirus.

"Obligar a alguien a estar así", me dice, "metido entre cuatro paredes, puede ser peor que un virus. Yo prefiero coger el coronavirus a estar así ahora mismo. La asociación me llama, tengo un padrino que es muy atento, pero le miento. Estoy jugando un poco y sé que voy a jugar mucho dentro de unos días. A mí me llama mi ex y le cuelgo. Pero necesito que me llame".

La voz de Jaime no suena tan desesperada como sus palabras. Es una voz apagada, deprimida y aparentemente desconfiada. No es la voz de alguien con quien querrías tener una conversación: "No pongas el nombre del pueblo, ahora solo me falta que sepan que digo que este sitio es una puta mierda". "No vayas a poner mi nombre". "Ese nombre no lo pongas tampoco, empieza igual que el mío".

Me pregunto si desconfía de mí o de sí mismo. Si proyecta en mí su desconfianza en todo. Se lo digo, y responde: "Ya no confío ni en mi suerte y por eso lo quiero dejar". En 2019 se gastó más de 30.000 euros en apuestas. Luego duda y dice "más o menos". Y ¿esta semana? "Poco". ¿Más o menos? "Nada. Como mucho sesenta eurillos. Esto es una mierda, a ver qué voy a hacer".

"En una reunión de terapia abierta escuché a mi madre decir que ya no sabía si me quería o no me quería"

Alejandro me cuenta que, durante su adicción, todos los días eran exactamente iguales. ¿Le suena esto de algo a mis lectores? Se levantaba a las tres de la tarde, desayunaba una cerveza, otra y otra, y a partir de aquí estaba perdido en los salones de juego hasta las tantas. "Así me tiré 4 o 5 años, engordé 20 kilos que bajé después. En una reunión de terapia abierta escuché a mi madre decir que ya no sabía si me quería o no me quería".

Casi devastado, fue a Amalajer, la asociación malagueña de adictos al juego, a los 21. Lo hizo por su propia voluntad, poniendo un pie detrás de otro, sin esperanza. Allí encontró la salvación, "pero nadie te la regala". Desde entonces su proceso de cura sigue por buen camino. Dice que "las asociaciones hacen ahora lo que pueden. Se está intentando montar algo de terapia online pero muchos adictos tienen prohibido acercarse al ordenador. Imagínate".

Alejandro ofrece consejos a alguien como Jaime. (Cedida)
Alejandro ofrece consejos a alguien como Jaime. (Cedida)

Le pregunto a Alejandro qué le recomendaría, digamos, a alguien como Jaime. Me da tres respuestas que solo son sencillas "para alguien que no sea un adicto. Si lo eres, no es tan fácil":

-Que llame por teléfono a la asociación de su provincia si tiene ganas de jugar.

-Que no se sienta solo, que hable por teléfono, que se deje importunar.

-Que hoy no juegue. Mañana, ya veremos, pero que hoy no lo haga.

Vuelvo a llamar a Jaime y se lo transmito. Esta es su respuesta:

-Sí, gracias, oye, te tengo que dejar. No pongas mi nombre ni el otro que has dicho.

Cuelga. Y sospecho que algo precisa de su atención en su ordenador.

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