Los camioneros queman el tacógrafo: "Llevo 10 horas conduciendo sin comer"
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Sin límites para asegurar la distribución

Los camioneros queman el tacógrafo: "Llevo 10 horas conduciendo sin comer"

No son ya las instalaciones dotadas con ducha. Tampoco encuentran un sencillo váter y un lavabo, justo cuando escuchan a todas horas la importancia de mantener la higiene

placeholder Foto: Camiones, este martes en un área de servicio.
Camiones, este martes en un área de servicio.

De Madrid a Rentería. De Rentería a Segovia. "Llevo 10 horas seguidas conduciendo y no he podido comer ni cenar". David vive la crisis del coronavirus desde los tres metros de altura de la cabina de su Scania. Al volante de un camión. Un trabajo ya de por sí duro —carretera, carretera y soledad— se ha convertido en los últimos días en un 'más difícil todavía'. Los horarios de conducción y descanso han saltado por los aires cuando prima garantizar la distribución.

Muchos miran ahora con ansiedad el odiado tacógrafo, ese aparato que sirve para marcar si el transportista ha circulado más horas de las obligatorias. Han quemado el instrumento que tantas multas les ha costado. Ya no hay límite. Y, quién iba a pensarlo, ahora lo echan de menos. "Me voy a volver loco, acabo de dejar una plataforma, y voy a enganchar una cisterna de leche, mañana cargo en la Pascual de Aranda y cuando descargue, cojo un contenedor en Coslada", explica Miguel.

Controles en todos los pasos fronterizos españoles

David reflexiona sobre el fenómeno. No solo es la situación de excepción. Es la filosofía con la que se aborda la situación de excepción. "Yo creo que existe cierto paralelismo entre la gente que quiere tener la despensa llena en todo momento 'por si acaso' y las fábricas que quieren tener los almacenes o los silos llenos por si llega el parón definitivo". Acumular. El síndrome de Diógenes de la pandemia.

Este martes, el BOE hacía oficial lo que ya era real en Madrid y otros puntos calientes desde el fin de semana. El ministro de Transportes, José Luis Ábalos, ordenaba en una instrucción el fin de las limitaciones y los descansos mínimos. Autoriza así a que el tiempo diario de conducción supere las 10 horas y elimina los descansos semanales de al menos 24 horas. Para las zonas de mayor riesgo, también se había puesto punto y final a parar 45 minutos cada cuatro horas. En este aspecto, se ha dado marcha atrás, al considerar que era peligroso no obligar a ese descanso.

Foto: Camiones en el puerto de Algeciras. (Efe)

Su trabajo, siempre fundamental, se ha convertido en uno de los vértices esenciales para sostener la cuarentena. A veces, más que esencial, es cuestión de vida o muerte. Anoche, Manuel tuvo que salir a llevar pellet a una residencia de ancianos. "Se quedaron sin él y se iban a morir de frío", dice.

Sin comida

David ha parado a primera hora. "He desayunado un batido que me han dado por compasión en una gasolinera", dice. No solo son las horas o aplazar las libranzas hasta no se sabe bien cuándo. Es que la infraestructura viaria que sostiene al camionero en su día a día también ha desaparecido. Muchas de las zonas de restauración de las áreas de servicio están cerradas y solo se les atiende a través de la mampara de seguridad. Tampoco pueden acceder al servicio en muchos sitios.

placeholder Una gasolinera con camiones durante la cuarentena.
Una gasolinera con camiones durante la cuarentena.

No son ya las instalaciones dotadas con ducha. Tampoco encuentran un sencillo váter y un lavabo, justo cuando escuchan a todas horas la importancia de mantener la higiene. Las gasolineras parecen ya, como las calles de ciudades y pueblos, estructuras fantasma. "Voy a tener que parar en el campo", explicaba uno de los transportistas con los que ha hablado este diario.

Cuando llegan a las plantas, la situación no mejora. "Por seguridad, no nos dejan bajar de los camiones", dice Ramón. En las áreas de carga y descarga, las empresas disponen habitualmente de una zona reservada para su descanso, con máquinas de 'vending', café, mesas y sillas. Pero ahora están precintadas y no se puede acceder. En cuanto a su seguridad personal, corre a cargo de cada profesional. "Yo llevo una mascarilla que está hecha polvo y gel desinfectante que se me está acabando". Mantener el debido alejamiento les obliga a un aislamiento que se suma al que ya arrastran kilómetro tras kilómetro.

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